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30 de diciembre de 2011

¡DETESTO EL CALOOOORRR!

Detesto el calor. Aborrezco el calor. Quizás sea porque mis antepasados vienen de Galicia, de modo que no estaban genéticamente adaptados a las temperaturas tropicales o subtropicales. Y en mi ciudad hemos tenido picos en verano de 35-40 grados Celsius. ¡Así no se puede vivir!

Encima, en mi ciudad la humedad suele trepar al 90% o más en esos días, lo cual convierte a la atmósfera en una especie de gelatina caliente y pegajosa. ¡Y yo odio sentirme pegajosa! Me meto a la ducha para refrescarme y sentirme limpia, pero una vez que salgo de la ducha, la sensación de frescura y limpieza me dura... menos de tres minutos. Sí, claro, podría instalar un equipo de aire acondicionado en mi casa, pero una igual tiene que salir a hacer sus cosas, y entonces el aire acondicionado resulta peor por el efecto de choque que produce el cambio de ambiente. Es la receta perfecta para desarrollar una laringitis en pleno verano.

¡¡Y ni hablemos de los mosquitos y las cucarachas que vienen por culpa del maldito calor!! Es como si hubiera una especie de invasión en progreso, como en las películas de terror. Bichos zumbando y arrastrándose por todas partes, incluso en plena noche. (Como si no fuera ya difícil conciliar el sueño por culpa de las altas temperaturas.) Y mi pobre gato tiene que pelearse con las pulgas, cuando no se les ocurre picarme a mí en los tobillos.

En días así, una llega a entender por qué los países tropicales suelen ser tan pobres. ¡No dan ganas de moverse, mucho menos de trabajar!

Y yo siento que me voy fundiendo bajo el calor abrasador. Como mantequilla. O como hielo. O como la Bruja Mala del Oeste en El Mago de Oz. Al final del verano, lo único que encontrarán de mí será un charco grasoso lleno de pelos. (Qué asco, ¿verdad?)

¡Me derriiito, me derriiito!
¡Qué mundo, qué mundo!

(Mmm... quizás deba comprar una casa en el hemisferio contrario, para saltarme todos los veranos. O unirme a alguna investigación sobre los pingüinos en la Antártida. Me lo pensaré seriamente.)

G. E.

25 de diciembre de 2011

¿MAMÁ NOEL? ¿GISSEL CLAUS?

* * * * * ¡Navidad, Navidad, blanca Navidad! * * * * * (Los asteriscos son copos de nieve.) En fin, no es que yo sea una fanática de la Navidad. A mi gato sigue sin gustarle, porque aquí en Uruguay persiste la costumbre de arrojar fuegos artificiales a medianoche en la víspera (una idiosincracia local que jamás lograré entender). Claro que si la gente es feliz por la dichosa Navidad, no voy a ponerme en onda Grinch y amargar a todo el mundo son sentimientos antinavideños.

En fin. ¿Recuerdan lo que me sucedió la Navidad del año pasado? ¿El encuentro cercano del tercer tipo con Papá Noel? Pues ¡este año volví a encontrármelo! Aunque... bueno, digamos que fue de manera un poco más indirecta. Es decir, esta vez no fui yo quien lo dejó knock out. Pero mejor empiezo por el principio, en la noche del 24 de diciembre.

Yo estaba en casa, viendo la tele mientras cenaba (este año el tiempo vino fresco, por suerte), y de pronto escuché el sonido de un choque tremendo en la calle. Pensé que se trataría de un accidente de tránsito común y corriente, ya que en Montevideo parece ser otra costumbre lo de manejar sin respetar las leyes (es todo un tema, miren aquí para saber más al respecto), pero cuando salí a mirar encontré un panorama muy distinto. Para empezar, un animal aturdido vino caminando hacia mí en zigzag. ¡Era un reno! ¡Un reno de Papá Noel, nada menos! Corrí hacia el sitio del accidente temiendo lo peor.


Como esto no es una peli de suspenso, los tranquilizaré de inmediato: Papá Noel sólo se había dado algunos golpes sin importancia. Pero estaba muy enfadado. Resulta que, debido a las cercas electrificadas que "adornan" muchas azoteas en Montevideo, Papá Noel se vio obligado a aterrizar en plena calle. Estaba correctamente estacionado, pero entonces unos conductores ebrios se estrellaron contra su trineo. Qué vergüenza, ¿verdad? Y no había un solo inspector a la vista. Tsk, tsk, tsk.

Bien, mientras llegaban las ambulancias, la policía y una grúa, aproveché para dar asistencia veterinaria a los traumatizados renos mientras Papá Noel despotricaba de lo lindo.

—¡No se puede creer! ¡La Navidad pasada me pegaron con una piedra —aquí me hice la distraída— y este año me chocan el trineo! ¿Qué elfos pasa con esta ciudad?

—Ay, lo siento mucho, Papá Noel —respondí yo—. Es que la sociedad ya no es lo que solía ser. Estas nuevas generaciones no tienen respeto por nada. —Luego fruncí el ceño. Ni que fuera yo tan vieja. Pero a veces me siento vieja. Y debo de estarlo, un poquito, al menos, porque ya puedo empezar sermones con la frase "en mi época no éramos así". ¿En qué estaba? Ah, sí, el accidente. Papá Noel le secó a uno de sus renos un hilillo de sangre del costado mientras yo suturaba un corte en el cuello de otro (eran muy dóciles, los renos, no trataron de patear ni nada; aunque también pudo ser un efecto de sus respectivos traumas craneales).

Papá Noel miró el desastre que era su trineo, con regalos desperdigados por todas partes, y se mesó sus gloriosos cabellos blancos.

—¿Y ahora qué voy a hacer m'hijita? ¡Todavía tengo que repartir regalos por el resto de los husos horarios de América! ¡Se me va a hacer tarde, y mira, hay un montón de regalos rotos!

Entonces apareció mi dragón Donald. Papá Noel se lo quedó mirando con los ojos como platos. Ya lo había conocido la Navidad anterior, pero claro, desde entonces mi Donaldito pegó el estirón.

—Válgame. Qué pedazo de bestia gigante —observó el querido viejete.

Papá Noel me miró. Yo lo miré. Nos miramos. Luego miramos a Donald. Llegamos al mismo tiempo a la conclusión más lógica: ¡Donald podría ayudar a salvar la Navidad! Sin embargo, había un problema: Papá Noel estaba DEMASIADO rollizo como para volar en mi dragón. Entre él y el peso de los regalos no iba a haber manera de que Donald despegara del suelo (mi dragón es mitológico, no mágico). Sin pasajeros de ninguna clase ya le cuesta un poco, debido a su gran volumen.

Papá Noel volvió a mirarme y supongo que no tardó en darse cuenta de que soy pequeñita y ligera.

—Oh, bueno, de acuerdo —dije yo—. Me haré cargo del asunto. Total, el programa en la tele era una repetición. ¿Qué tengo que hacer?

Pues lo primero que tenía que hacer era vestirme apropiadamente, porque si iba a meterme en casas ajenas, usar el traje me iba a servir como identificación (con esto de la inseguridad en Latinoamérica, sin el traje existía el riesgo de que me confundieran con un ladrón y me pegaran un tiro). El único traje a mano era el de Papá Noel, así que le di una bata y me puse los pantalones, las botas, la chaqueta y el gorro. Sin embargo... bueno, ya sabemos que Papá Noel está un poco gordito, y como su traje está hecho a la medida, yo quedé más o menos así al ponérmelo:


Uf. Más que Papá Noel, parecía un elfo del Polo Norte. Pero no había tiempo de ajustar el traje, de modo que Papá Noel y yo recogimos los regalos intactos, los metimos en la bolsa y luego me subí a Donald. Papá Noel me dio entonces una lista de tiendas de regalos, centros comerciales y jugueterías para reponer los regalos estropeados en el accidente. Y allá me fui volando, haciendo de Mamá Noel o como quieran llamarle.

Ahora que todo ha pasado debo admitir que hice un poco de trampa, porque no seguí al pie de la letra la lista de regalos de Papá Noel. En lugar de conseguir los juguetes y demás chucherías, lo que hice fue pasarme por las librerías. Es que la gente está leyendo cada vez menos, y ya se sabe que eso afecta el rendimiento escolar y la capacidad mental de la población. Y como soy una ciudadana responsable que se preocupa por el desarrollo intelectual de la humanidad...

Resumiendo: si esperaban un iPod, unos zapatos de moda, una PlayStation o así por el estilo y recibieron un libro en su lugar, ya saben quién fue. No hay de qué :-) Disfruten de la lectura.

¡Y feliz Navidad!


G. E.

PD: Ya que estaba en control de los regalos, yo también me regalé un libro. ¡Yipiii! Una vez más soy una cerebrito feliz con un libro nuevo.

PPD: Los renos de Papá Noel ya se recuperaron del accidente. Papá Noel va a demandar a los conductores ebrios por daños y perjuicios (aunque no gane la demanda, seguro que esos irresponsables tendrán que pagar una buena multa, como mínimo). La grúa se llevó el trineo, pero luego vinieron los elfos a recogerlo para hacer las reparaciones en el taller del Polo Norte, a fin de tenerlo listo para la próxima Navidad. Bien está lo que bien acaba o<]:-)

18 de diciembre de 2011

KILL BILL BULLIES

Esta entrada va tiernamente dedicada a todas las víctimas de bullying o acoso escolar. En cierta manera, también está dedicada a los bullies o acosadores... esperando que se hayan reformado y/o arrepentido o que lo hagan en los próximos cinco minutos, pues de lo contrario la dedicatoria más bien supone una amenaza sumada a un gesto muy poco elegante de mi dedo medio.

Durante los últimos años de la enseñanza primaria y los primeros de la secundaria, fui víctima de acoso escolar. Primero se burlaban de mí por mi estatura. Luego se burlaban de mí por tímida e inteligente, por no hablar de la ortodoncia. Y luego se burlaban de mí por antisocial (la verdad, a esas alturas ya tenía bastantes razones para que no me gustara la gente en general). Como ven, los acosadores siempre encuentran una razón para molestar. Menos mal que no usaba gafas.

¿Me afectó? Sí, por un tiempo. Si hubiera sido una persona más frágil, quizás hasta habría requerido atención psicológica, y es muy posible que me hubiera quedado un daño permanente. Peeeeero... yo soy de Aries. Y los nacidos bajo el signo de Aries más bien renacemos de las cenizas como el ave Fénix. O sea, aprendí a defenderme, recuperé mi autoestima, y pobre del que se burle de mí en la actualidad. (Si no lo dejo por el piso con mi afilada lengua, le echaré a mi dragón.)

Sin embargo, no todas las víctimas de acoso escolar salen fortalecidas por el mismo. Es por ello que, en plan Uma Thurman en Kill Bill, decidí vestirme de amarillo, pedirle una katana a Hattori Hanzo y salir a buscar a todos los acosadores escolares para darles una lección.

Antes que nada, me puse a investigar y averigüé un par de cositas: 1) ¡los profesores todavía hacen la vista gorda en casos de abuso escolar!; y 2) ¡todavía existe esa práctica ridícula y antipedagógica de sentar al revoltoso con el inteligente para que el revoltoso se "reforme"! De verdad, esto último me parece absurdo. Parte de la premisa de que si un chico se porta mal y ni sus padres ni los profesores lo han podido corregir, entonces lo hará uno de sus compañeros. ¡Puaf! ¿En serio? Lo más probable (y aquí hablo por experiencia propia, además) es que el revoltoso le baje el desempeño al inteligente, y en algunos casos hasta podría poner en contacto a un abusador escolar con una víctima potencial. (Padres de hijos inteligentes: no dejen que les hagan esto a sus hijos. Ellos no tienen por qué cargar con la educación ni los problemas psicológicos de otros alumnos.)

En fin, una vez averiguado lo que necesitaba averiguar, tomé mi reluciente katana, llamé a mi dragón e hicimos una recorrida de colegio en colegio y de liceo (instituto) en liceo.

No me molesté en hablar primero con los profesores, pues por lo que mencioné arriba, ya daba por sentado que la mayoría ni siquiera iba a estar al tanto del asunto. No, me puse a vigilar los patios y pasillos, detectando todas las señales de un acoso en progreso, que eran las mismas de mi época (es triste ver que las cosas no han mejorado desde entonces). Entonces me puse en acción:

¡Vuelve aquí, patético abusador granujiento,
y enfrenta el poder de mi katana!

¡La que se armó! Los profesores me miraron escandalizados, los abusadores escolares corrieron en todas direcciones, y las víctimas de acoso vitorearon y aplaudieron, sintiendo que por fin alguien los comprendía. Mientras tanto, yo seguía gritando a los abusadores: "¡Arrepiéntanse ahora mismo o les cortaré un miembro o dos para dárselos de comer a mi dragón!"

No derramé sangre, sin embargo. La muerte puede acabar con algunos problemas pero no rehabilita a nadie, y mi objetivo era inculcar a los abusadores la siguiente lección: no importa qué tan poderosos se crean, más les vale dejar de acosar a sus compañeros de clase... o correrán el riesgo de que éstos enloquezcan algún día y vuelvan para descuartizarlos con una katana y un dragón.

Cuando Donald y yo acabamos nuestra noble labor pedagógica, consolé a las víctimas de acoso con divertidos paseos en mi dragón. Algunos me preguntaron dónde conseguí la katana, pero más bien los pasé con un terapeuta (es que no iba a poner armas mortales en manos de jóvenes potencialmente inestables debido al acoso escolar; una es un poquito más responsable que eso).

Por último, también eché una advertencia a los profesores y padres de los alumnos. Para que no se dejen estar. El acoso escolar es cosa seria.

Y me marché diciendo: "Los estaré vigilando. ¡Muajajajaja!" (Faltaba el toque melodramático.)

Uma Thurman estaría orgullosa de mí :-)

G. E.

12 de diciembre de 2011

¡MALDITAS CUCARACHAS!

Me da igual que cumplan una función ecológica. Me da igual que sean tan resistentes como para sobrevivir a un apocalipsis nuclear. ¡Odio las cucarachas! Para empezar, su aspecto general es asqueroso, con esas patas pinchudas y sus repelentes mandíbulas. Y ni hablemos de su olor o el ruido que hacen al arrastrarse por la casa. Puaj. Encima, ¡transportan microbios y causan alergias!

De verdad, ¿era necesario que fueran TAN horribles? Los escarabajos estercoleros transportan caca de un lado a otro, pero no me dan asco. En cambio, me basta mirar a una cucaracha para que se me revuelva el estómago. (Ya no pego un grito al ver una, por lo menos. Mi madre sí.)

Mi relación de antagonismo con las cucarachas ya lleva un buen tiempo. Más de una vez tuvieron la desagradable idea de refugiarse en mis zapatillas de deporte. (Es por eso que ahora siempre las reviso antes de ponérmelas.) En otra ocasión, ¡una cucaracha mordisqueó el paquete con mis galletas de chocolate! ¡Oh sacrilegio imperdonable! (No encontré a la cucaracha culpable. La habría sentenciado a muerte sin juicio previo.)

Cuando era más joven, mi gato solía traer cucarachas de afuera para destriparlas sobre mi alfombra. O sea, yo tenía que recoger los pedazos al final del día, lo cual me resultaba sumamente molesto. Nunca llegué a entender esa manía de mi gato. ¿No podía traer algo menos desagradable, como ratones, pájaros o serpientes de tierra? (Sí, hasta los cadáveres de ratones y serpientes me dan menos asco que las cucarachas.)

En la actualidad, cada verano me veo obligada a enfrentar una especie de invasión cucarachesca. Por alguna razón caen en el fondo de mi casa y se meten por debajo de la puerta de reja, obligándome a perseguirlas hasta acabar con ellas. No es mi idea de un deporte, desde luego. Conocí a una mujer que las atrapaba para devolverlas al exterior, pero yo no hago eso. Cucaracha que invade mi territorio es cucaracha que termina sus días en mi inodoro. ¡Lástima que las demás no se den por enteradas y dejen de venir! Les pondría un cartel que diga SE PROHÍBEN LAS CUCARACHAS, pero seguro que las muy malditas son analfabetas. Grrrr.

En fin. Cucarachas del mundo, les advierto: MÁS LES VALE NO CRUZARSE EN MI CAMINO, PORQUE AUNQUE SEAN CAPACES DE SOBREVIVIR A UN APOCALIPSIS NUCLEAR, ¡¡SIN DUDA QUE NO SOBREVIVIRÁN AL PODER DE MI ZAPATO!!

¡Muere, cucaracha, muereeeeeee!

G. E.

PD: Al que se ponga a cantar esa cancioncita de La cucaracha, le pegaré con mi matamoscas. No tiene gracia.

6 de diciembre de 2011

EL LAGO DE LOS CISNES GISSEL

Después de haber bailado exitosamente el ballet Giselle Gissel, decidí pasar al siguiente: El lago de los patos cisnes. Para quienes no conozcan la historia, aquí les va:

Había una vez un hechicero perverso llamado Von Rothbart, quien por alguna razón no especificada (tal vez se levantó una mañana con muy mala leche) secuestró a una doncella de nombre Odette y le lanzó una maldición. Odette se convirtió en un pato cisne, y sólo durante las noches recuperaría su forma humana. Odette permaneció, junto con otros cisnes, en un lago formado por las lágrimas de tristeza de su madre (era llorona, la mujer; espero que no se haya deshidratado mucho). Sólo el verdadero amor podría romper el hechizo.

Tiempo después, en alguna parte era el cumpleaños del príncipe Sigfrido. Alguien le regala una ballesta, de modo que, luego de la fiesta, Sigfrido se va a matar lo primero que encuentre (bue, se ve que no estaba muy a favor de la conservación de las especies salvajes). El príncipe ve un pato cisne y está a punto de dispararle, pero entonces cae la noche y el cisne se convierte en Odette. Sigfrido baja la ballesta. (Menos mal; de lo contrario, habría cometido un asesinato en primer grado.) El príncipe y Odette bailan juntos, lo cual, en el mundo del ballet, significa que están enamorados. Cuando aparece Rothbart (muy inoportunamente, por cierto), Sigfrido está a punto de dispararle pero Odette lo detiene, porque si Rothbart muere, nunca se romperá el hechizo. La mañana llega y Odette vuelve a convertirse en pato cisne. Sigfrido está determinado a liberar a Odette de la maldición.

En el siguiente acto, hay un baile en el palacio. Los padres de Sigfrido, como suelen hacer los reyes (o al menos eso se deduce por la mayoría de los cuentos de hadas), están determinados a que su hijo escoja una princesa y se case, pero él está enamorado de Odette y ninguna de las princesas le cae bien. (Ahora Sigfrido es un ferviente amante y protector de la avifauna, incluyendo cisnes, patos, gaviotas y garzas.) En ese momento aparece el malvado Von Rothbart con su hija Odile, quien es idéntica a Odette excepto que viste de negro. El propósito es engañar a Sigfrido para que le jure amor a la chica equivocada. Sigfrido cae en la trampa. Confundido por el parecido, le hace un voto de amor eterno a Odile; desde una ventana del palacio, Odette (en su forma de pato cisne) escucha el voto y regresa a su lago de lágrimas con el corazón roto. (Válgame, qué melodramática.) Sigfrido la sigue.

Ya en el lago, Odette está decidida a morir. Sigfrido llega al lago y se disculpa por la metedura de pata; ella lo perdona y ambos vuelven a jurarse amor. (Insertar imagen de cursis corazoncitos.) Aparece Von Rothbart y le demanda a Sigfrido que cumpla su promesa de casarse con Odile, pero el príncipe se niega y elige morir con Odette (otro melodramático). Sigfrido y Odette saltan al lago y mueren, y al romper el hechizo de Rothbart, éste también muere. (Espero que quede alguien para limpiar los cadáveres.) Fin del ballet.

Y ahora... ¿traducimos la historia al japonés y de vuelta al español? ¡Por supuesto, que es muy divertido! A ver qué sale.

Para [o mi mamá dispara] (me desperté en la mañana tienen un temperamento muy corto quizá) por qué Von Rothbart malvado brujo embargo [el embargo es lo que pasa cuando te metes en líos legales], no se ha especificado, la hija secuestrada llamada Odette que se llamaba allí, te lo juro [vale, te creo]. Odette es un cisne, me recobrar su forma humana solamente en la noche. Junto con el otro cisne [¿había otro?], Odette (ella estaba llorando, las mujeres no tienen mucho deshidratación, es de esperar [es que las mujeres tenemos la mala costumbre de retener líquidos]) que queda en el lago que se formó por las lágrimas de dolor de una madre. Usted puede romper el hechizo sólo el amor verdadero.

Después de un tiempo, fue el cumpleaños del príncipe Sigfrido en alguna parte. Después de la fiesta, (que es una buena cosa, que no estaba a favor de la conservación de las especies silvestres [japoneses antiecológicos]) Siegfried matará primero se encuentre, para que alguien le dé una ballesta [y si matas a más de uno, te dan un lanzacohetes de regalo]. Tengo que mirar el cisne, el príncipe y le disparó, pues, al caer la noche, Odette se convierte en un cisne [no quedó muy claro a quién le disparó, pero seguro que alguien fue a parar al hospital]. Siegfried bajo ballesta. (De lo contrario, que es bueno que habría cometido un asesinato en primer grado [vale, parece que no murió nadie, pero resulta que habría sido algo bueno].) así como, Odette y el príncipe en el mundo del ballet, quieren decir que usted está en el amor. (A ser muy incómodo, en cierto modo [amor, incómodo amor...]) que Rothbart aparece si el Rothbart está muerto, no es para romper el hechizo que ha sido, estoy tratando de dispararle Sigfrido [se lo merece, por homicida], Odette detenerlo usted. Mañana en llegar, convirtiéndose en el cisne Odette nuevo. Siegfried está decidido a liberar a la maldición de Odette [pobre maldición esclavizada].

En el acto siguiente, hay un baile en el palacio. (Ese es el significado del cuento de hadas por lo menos la mayoría) o el rey, su hijo ha decidido casarse elegir a la princesa, que son padres de Sigfrido, que es con cualquiera de los Odette [había más de una, obviamente] como lo harían normalmente Earl princesa en el amor es como él. (Siegfried. Swan es un protector, como garzas, patos y gaviotas, y un apasionado amante de las aves ahora [el tal Swan debía de ser miembro de Greenpeace]) es su hija Odile parecen idénticos, excepto por el vestido negro, junto con Odette y Von Rothbart mal. El propósito es engañar a amar a una chica juro Siegfried mal [ya, nos quedó claro que algo está MAL]. Siegfried caer en la trampa. Confundido por el parecido, desde la ventana del palacio, Odette votos de amor eterno a Odile a escuchar el retorno lago de votar por su corazón roto y lágrimas (en la forma de un cisne [¡lágrimas con forma de cisne!]). (Válgame, el melodrama. Sea cual sea [la historia de Odette o de la persona a la que le disparó Sigfrido, no está muy claro]) Siegfried es seguirla.

Una vez en el lago, Odette está decidido a morir. Sigfrido llega al lago, se disculpó por la metedura de pata, ella lo perdona, y se comprometió a amar de nuevo. Siegfried von Rothbart y, pero requiere que cumpla su promesa de casarse con Odile (. Por favor, inserte la imagen del corazón trillado [debe de haber salpicado sangre para todos lados, al pasar por la trilladora]), rechazó el príncipe, por Odette (melodrama otro) aparece cuando elige morir. Para romper el hechizo y Rothbart, mueren al lago Odette y Sigfrido salto, morirá también. (I. ¿Crees que soy yo quién va a limpiar el cuerpo [cierto, yo no lo voy a hacer]) al final del ballet.

¡Listo! :-D

De todas maneras, MI versión del ballet difiere algo de las dos anteriores. Para empezar, puse a Natalie Portman en mi ballet. (A Mila Kunis no; es demasiado guapa y no quiero que nadie se me distraiga mirándola embobado.) Como en Cisne negro ella hace un papel de bailarina conflictuada, me pareció que sería una buena víctima (insertar risa malévola).

Los primeros dos actos quedaron igual, con Natalie Portman en el papel de Odette. En el acto del baile... entré yo y saqué a Natalie de la escena echándole encima a uno de mis cisnes negros carnívoros :-D ¡Hasta la vista, patito cisne conflictuado! Conquistar a Sigfrido me tomó cinco minutos, tal que quedó enamoradísimo de mí. Pero no se molestó en volver al lago. Dejamos que Natalie Portman se ahogara de tristeza ¡y el príncipe y yo nos aliamos a Rothbart para que convirtiera a los políticos tarúpidos en patos! (No era cuestión de desperdiciar esa magnífica ballesta.) Esa noche bailamos alrededor de un montón de patos asados :-) ¡Un final muy feliz! (Bueno, excepto quizás para los vegetarianos, aunque no sé si estarían en contra de comer políticos tarúpidos convertidos en patos. Quizás no.)


Adoro el ballet, ¿ustedes no? :-D

G. E.

30 de noviembre de 2011

LO QUE EL VENTARRÓN SE LLEVÓ (3)

En el episodio anterior dejamos a Rhett Bongo de pie frente a Scarlett O'Hada pidiéndole matrimonio (de rodillas no; Rhett Bongo era demasiado orgulloso como para eso). Espero que no se hayan muerto de ansiedad durante la espera por saber qué ocurriría a continuación :-) Pero no sufran más porque aquí está, por fin...

LO QUE EL VENTARRÓN SE LLEVÓ
(tercera parte)

—Cásate conmigo —le pidió Rhett a Scarlett—, y entre los dos restauraremos el esplendor de Taralandia.

—Pero Rhett, ¿que parte de "no me gustan los duendes babosos" no has entendido?

—¿Te he dicho ya que he recuperado mi fortuna y que ahora soy inmensamente rico?

—Oh. ¡Está bien, acepto! ¿Cuándo nos casamos?

Así fue como Rhett y Scarlett O'Hada contrajeron matrimonio, en una boda rebosante de lujos, y se fueron a vivir juntos a un palacio en Atlantolia. Eso sí: Scarlett mantuvo su apellido de soltera porque, según ella, "Scarlett Bongo" la hacía ver gorda.

Sin embargo, Scarlett seguía suspirando por Ashley Soso, quien durante la guerra había contraído una extraña afección y ahora necesitaba chupar sangre humana para vivir. A Scarlett esto no le importaba, pues ahora Ashley se veía todavía más guapo ante sus ojos, con su mortal palidez, sus cincelados pectorales de Adonis y sus ojos de color bronce. Además, Ashley ya no envejecía, de modo que siempre se mantendría joven y apuesto.

—Ashley, ¿por qué no escapamos juntos y me conviertes en chupasangre para que los dos podamos vivir felices por toda la eternidad? —le preguntaba Scarlett.

—Lo siento, Scarlett, pero aunque en el fondo siento algo por ti, mi amor eterno le pertenece a Bella Melanie. ¡Oh, Bella Melanie!, ¿dónde estás? Acabo de componer una canción de cuna para ti.

Rhett Bongo también había contraído una extraña afección durante la guerra: una noche al mes se convertía en un duende-lobo y salía a aullarle a la luna llena. Fue por eso que él y Scarlett tuvieron una hijita muy, muy peluda a la que le gustaba correr por el bosque en pos de las ardillas y morder los tobillos de los carteros.

Scarlett no quedó muy conforme con la pérdida de su figura durante el embarazo, ya que su cintura había aumentado 2 mm de circunferencia.

—¡No volveré a tener hijos! —se quejaba—. ¡He perdido mi belleza! ¡Ahora soy menos hermosa que Ashley Soso, y jamás podré conquistarlo! ¡Buaaaaaaa!

Por su lado, Melanie Flor también estaba experimentando cambios poco favorables: había empezado a marchitarse, como todas las criaturas de su especie. Por eso andaba a lo zombi, dejando pétalos aquí y allá. A pesar de eso, Ashley todavía la idolatraba.

Bella, Bella Melanie, Melanie, tú eres la única mujer de mi vida.

Scarlett, obviamente, no estaba nada feliz con la situación, pero dado que tenía un carácter demasiado fuerte como para tirarse por un risco en un arranque de desesperación depresiva, más bien estaba pensando en la mejor manera de deshacerse de Melanie Flor. Incluso había empezado a practicar rebanando remolachas con un cuchillo de carne.

Voy a acabar contigo, estúpida Bella Melanie Flor.

Rhett Bongo tampoco estaba feliz con este ¿cuadrado? amoroso, pero al menos tenía de consuelo a su peluda hijita. Por desgracia, la niñita fue corriendo detrás de un gato y terminó atropellada por una carroza :-( Pobrecilla.

Como si lo anterior no fuera tragedia suficiente, Melanie fue a consolar a Rhett y murió poco después dando a luz a su segundo pimpollito. Entonces fue Ashley Soso quien se puso a llorar por los rincones, y Scarlett, naturalmente, fue a consolarlo a él en lugar de a Rhett Bongo.

—¡He perdido a mi dulce Bella Melanie —se lamentaba Ashley.

—Vamos, ni que fuera tan terrible —le respondió Scarlett—. Al fin y al cabo, ella no era nada interesante, y se lo pasaba tropezando y chocando contra los muebles.

—¡Ya no tengo una razón para vivir!

—Pero sí, tontuelo, me tienes a mí, que soy guapa, hermosa y bella. ¿Qué más podría importarle a un chupasangre como tú?

—¡Me voy a exponer al sol en Italia para desintegrarme!

—Pero...

—¡Mi amor por Bella Melanie quedará inmortalizado en una tragedia literaria como Romeo y Julieta!

—Ashl...

—¡BUUUAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Scarlett parpadeó, súbitamente enmudecida. Luego dio un paso atrás y dijo:

—¿Cómo es que no me había dado cuenta antes de lo estúpido que eres?

Ashley continuó lloriqueando.

—De verdad, ahora entiendo que, si me casara contigo, no te aguantaría ni dos meses —continuó Scarlett—. ¿Rhett? ¿Rhett, dónde estás? ¡Rhett, amor mío!

Scarlett dejó a Ashley sonándose los mocos y empezó a buscar a su marido. Rhett, sin embargo, no aparecía por ningún lado. Scarlett buscó pistas de él: fibras de ropa, huellas digitales, pelos de duende-lobo, incluso alguna pulga extraviada. Analizando las fibras en un microscopio y el ADN de la sangre en la pulga, Scarlett consiguió determinar que Rhett estaba usando pantalones morados y que la pulga era del gato de la vecina. Los pelos le dijeron que Rhett estaba mudando el pelaje por el verano. Esto no la estaba llevando a ninguna conclusión útil, de modo que Scarlett usó técnicas de interrogación avanzada con los vecinos y así averiguó que Rhett había sido visto por última vez a las 17:00 en una esquina frente a la plaza, marcando territorio en una farola.


No obstante, ya en la farola, la temperatura de la orina de Rhett Bongo le indicó a Scarlett que él se había ido de ahí media hora antes. Ella regresó a su casa y ¡oh sorpresa!, descubrió que Rhett estaba ahí, empacando sus maletas.

—Rhett, ¿qué haces? —le preguntó.

—Me largo. Mi dignidad de duende-lobo sureño está harta de tantas cursilerías románticas.

—¡Pero Rhett, si yo te amo! ¡Te he amado siempre, y ahora veo que nunca amé de verdad a Ashley Soso!

—Nah, es demasiado tarde. Me voy. Tengo mejores cosas que hacer que ser parte de un culebrón paranormal.

—Pero Rhett, si tú te vas, ¿adónde voy a ir? ¿Qué voy a hacer?

—Francamente, querida, me importa un bledo. —[Esta frase la dejo igual que en la película porque es PERFECTA.]

Rhett cogió su maleta y se perdió en la niebla. Scarlett, devastada, se arrastró por el piso un buen rato, pero dado que nuestra heroína tenía demasiado carácter como para pasarse tres meses llorando con la mirada en blanco, de pronto recordó que su fuerza provenía de Taralandia.

El rostro de Scarlett se iluminó, y poniéndose de pie con los hombros hacia atrás y la cabeza en alto, ella dijo:

—¡Elemental, mi querido Watson! Volveré a Taralandia y encontraré la manera de recuperar a Rhett Bongo. Lo buscaré por todos los rincones del planeta utilizando una combinación de GPS y rastreo de tarjetas de crédito. Aunque... bueno, tal vez lo deje para mañana porque ¡mañana será otro día!

FIN

G. E.

24 de noviembre de 2011

LO QUE EL VENTARRÓN SE LLEVÓ (2)

En el episodio anterior dejamos a nuestra pobre Scarlett O'Hada a medio camino de Taralandia, llevando a Melanie Flor y su pimpollito recién nacido en la carreta mágica de Rhett Bongo. Pero la historia no acaba ahí, de modo que ya les pongo la continuación de...

LO QUE EL VENTARRÓN SE LLEVÓ
(segunda parte)

Scarlett O'Hada llegó por fin a Taralandia. El Círculo Místico de los Trece Robles había sido cruelmente arrasado por los extraterrestres y los dragones, pero Taralandia aún seguía en pie. Sin embargo, todo el mundo se había ido excepto la familia de Scarlett. Su madre había muerto recientemente de gripe marciana y su padre había sido hechizado por un mago, de tal manera que ahora sólo podía expresarse con palabras que únicamente contuvieran la vocal A. Por supuesto, no se le entendía ni la mitad de lo que decía, pobrecillo. Largaba frases tan pintorescas como: "La parra brava a la cavar mata frazada blanda."

Nuestra heroína, sin embargo, era demasiado práctica como para dejarse desalentar, de modo que, emulando a la famosa Martha Stewart y los consejos del programa Utilísima, pronto tomó las riendas de Taralandia para sacarla adelante. Scarlett incluso escribió varios libros al respecto, entre ellos:

CÓMO COCINAR HIERBAS DE HUERTOS SAQUEADOS

ASESINANDO INVASORES DE REINOS ENEMIGOS

ADMINISTRACIÓN DEL DINERO ROBADO A LOS INVASORES

CONFECCIÓN DE ROPA CON CORTINAS Y ALFOMBRAS

LIMPIEZA DE ROPA INFESTADA POR PIOJOS ALIENÍGENAS

El vestido me quedó pasable, pero dudo de que este nabo
baste para una sopa decente. ¿Qué haría Martha Stewart?

Básicamente, Scarlett aprendió a administrar su propiedad, defendiéndola de los codiciosos (y lujuriosos) soldados de los castillos del aire que aún rondaban por ahí. También recibió en su casa a los soldados de su propio bando que volvían derrotados (matar a los alienígenas con microbios no había sido suficiente para asegurar la victoria). Entre ellos se encontraba Ashley Soso. Scarlett trató de conquistarlo una vez más, pero Ashley todavía estaba enamorado de Melanie Flor.

Hacía falta más dinero para administrar Taralandia, y como el precio de los polvos mágicos había caído hasta el suelo (ya nadie necesitaba polvos mágicos; los extraterrestres habían muerto pero su tecnología aún funcionaba de maravilla), Scarlett fue a reunirse con Rhett Bongo para pedirle su oro de duende. Por desgracia, los enemigos le habían confiscado el pote de oro y Rhett estaba preso, de modo que Scarlett engañó al novio de su hermana y se casó con él. Su hermana se enfadó tanto que explotó en una lluvia de chispas mágicas. Scarlett, siempre práctica, las usó para decorar el árbol de Navidad (luego escribió un libro sobre el tema).

Por un tiempo, Scarlett continuó defendiendo Taralandia de los invasores y los cobradores de impuestos de los castillos del aire. Leyó tantas novelas de caballería que estuvo a punto de secársele el cerebro, pero una vez equipada con su armadura y un unicornio de guerra, se transformó en una campeona admirable a quien todos los enemigos de Taralandia llegaron a temer.

¡Marchaos de mis tierras, malvado gigante,
u os haré trizas con mi lanza!

Los enemigos, no obstante, no se rindieron, y tras una batalla fenomenal (en la que también cayeron algunos molinos de viento inocentes), el nuevo esposo de Scarlett pasó a mejor vida.

Entonces Rhett Bongo fue liberado de las mazmorras y, tras una apasionada declaración de amor, le pidió a Scarlett O'Hada que se casara con él, prometiéndole que la ayudaría a restaurar el esplendor de Taralandia. Scarlett le respondió... bueno, eso lo sabrán en el último episodio, porque esto ¡continuará!

G. E.

Artículo relacionado: LO QUE EL VENTARRÓN SE LLEVÓ (3).

18 de noviembre de 2011

LO QUE EL VENTARRÓN SE LLEVÓ (1)

Me encanta la película Lo que el viento se llevó. La veo cada vez que tengo la suerte de pescarla en la TV, y aún no me aburro con las aventuras y desventuras de Scarlett O'Hara, uno de los personajes más extraordinarios en la historia de la literatura y el cine. De acuerdo, no es una chica agradable sino más bien lo contrario, pero eso es justamente lo que la hace interesante. Como al doctor House :-P

Una vez tuve un debate sobre lo que constituye el tema central de una historia. En ese momento dije algo así como que la trama de La guerra de las galaxias podría trasladarse a un mundo mágico con dragones y espadas de metal sin mayores cambios, y un tiempo después se me ocurrió que quizás podría hacer algo parecido con las tramas de otras historias. No para llevarlas a un mundo fantástico necesariamente, sino para contarlas de una manera distinta pero manteniendo los elementos principales de los personajes y la acción.

Y así fue como se me ocurrió la idea para la historia que voy a contar a continuación, en tres partes (será en tres partes por la cuestión de los dibujitos, que me toman su tiempo). Iré cambiando de género literario según convenga a la historia.

De este modo empieza...

LO QUE EL VENTARRÓN SE LLEVÓ
(primera parte)

Había una vez, en el reino mágico de Georgialandia, una hermosa criatura llamada Scarlett O'Hada que era envidiada por todas sus amigas y codiciada por todos los seres masculinos, desde los magos hasta los gigantes verrugosos. Sin embargo, ella sólo tenía ojos para un apuesto elfo llamado Ashley Soso, quien a su vez le daba de calabazas porque, aunque también se sentía atraído por Scarlett O'Hada, estaba a punto de casarse con una dulce y frágil criatura del bosque llamada Melanie Flor. Scarlett O'Hada se prometió a sí misma que haría todo lo posible para conquistar a Ashley Soso, a pesar de que en general su lema era dejar las cosas para mañana "porque mañana será otro día".

Durante una fiesta en el Círculo Místico de los Trece Robles, Scarlett notó que alguien la contemplaba con admiración: era el apuesto Rhett Bongo, un duende con mala fama en todo el reino debido a su costumbre de apostar en carreras de unicornios, coquetear con las ninfas de agua y quebrantar toda posible ley dictada por los espíritus de la magia.

Scarlett O'Hada ignoró las miradas seductoras de Rhett Bongo y buscó a Ashley Soso a la sombra del milenario Sauce Violeta. Ahí nuestra bella heroína le propuso a su amado que rompiera su compromiso con Melanie Flor, pero él se mantuvo firme y Scarlett le tiró un pequeño gnomo por la cabeza. Ashley se marchó, y entonces Rhett, que estaba escondido detrás del Sauce Violeta, salió de su refugio para coquetearle una vez más.

¡No estoy interesada en duendes babosos, Rhett Bongo!

Scarlett estuvo a punto de lanzarle a Rhett otro pequeño gnomo (nuestra heroína tenía muy buena puntería), pero Rhett prometió guardar el secreto de su amor por Ashley y de esta manera hicieron las paces (más o menos).

Horas después, todos los invitados a la fiesta se enteraron de una terrible noticia: ¡el reino de Georgialandia estaba en guerra! Los reyes de los castillos del aire estaban enfrentados con los reyes de los bosques terrestres por el comercio de polvos mágicos y la explotación de los trolls, que eran utilizados como esclavos.

Rhett intervino para decir que sin duda ganarían los reyes de los castillos del aire, porque ellos tenían dragones y caballos alados. Su opinión no gustó mucho y enseguida le arrojaron salamandras de fuego para que se callara.

Poco antes de que comenzara la guerra, Ashley Soso se casó con Melanie Flor. Scarlett O'Hada, por despecho, se casó con el hermano de Melanie, a quien en realidad no amaba ni un poquito.

Entonces empezó la guerra en Georgialandia. Sin embargo, los reyes del aire no atacaron con dragones ni caballos alados, sino ¡con mercenarios del espacio exterior, que aterrizaron en sus naves espaciales y comenzaron a desintegrar a las criaturas mágicas con sus rayos de la muerte! Los extraterrestres no mostraron compasión alguna por las criaturas de los bosques, aniquilando a hadas, ninfas, gnomos y duendes por igual. Al parecer tenían un plan de dominación terrestre, para el cual habían desarrollado tecnología avanzada y técnicas de experimentación biológica.

Scarlett se enteró de que su flamante marido había sido convertido en cenizas durante una batalla. Esto le dio a Rhett Bongo la oportunidad de seguir coqueteando con ella, pero aunque compartieron un baile o dos en las Cavernas de Cristal de Atlantolia donde se refugiaban, Scarlett aún seguía enamorada de Ashley Soso.

La invasión extraterrestre llegó poco a poco hasta las Cavernas de Cristal. Scarlett ayudó a Melanie Flor a parir a su pimpollito, y como necesitaban ayuda para escapar, huyeron en la carreta mágica de Rhett Bongo, atravesando las pintorescas ciudades de Atlantolia que ya estaban siendo arrasadas por los malvados seres espaciales.

¡Venimos en paz! ¡Ack, ack, ack!

A medio camino del hogar de Scarlett, Taralandia, Rhett se despidió para unirse a la guerra. Al parecer tenía un plan secreto para destruir a los invasores (algo relacionado a los microbios). Scarlett le pidió que se quedara, pero Rhett le dijo que parara de quejarse pues ella podía arreglárselas sola. Se despidieron con un beso apasionado y Rhett desapareció volando en el horizonte, estornudándole en la cara a cualquier extraterrestre que se cruzara en su camino.

Continuará...

G. E.

Artículos relacionados: LO QUE EL VENTARRÓN SE LLEVÓ (2) y LO QUE EL VENTARRÓN SE LLEVÓ (3).

11 de noviembre de 2011

EL CUMPLEAÑOS DE MI DRAGÓN

¡Mi dragón Donald ya tiene un año! Mucho ha sucedido desde que nació, y la verdad es que no podría estar más orgullosa de mi "hijito" :-) Lo mínimo que podía hacer era organizar una gran fiesta para celebrar su cumpleaños, y eso fue exactamente lo que él tuvo.

Tuvimos que realizar la fiesta a la intemperie, eso sí, porque mi muchacho ha seguido creciendo desde la Noche de Brujas. Ya debe de estar pesando como media tonelada y mide más de tres metros, por lo que simplemente no cabe en mi casa. A decir verdad, es sorprendente que todavía pueda volar, pero al parecer las bestias mitológicas no tienen problema alguno en desafiar las leyes de la física.

En fin, la fiesta fue grandiosa, todo un éxito. Invité a algunos vecinos del barrio, horneé un pastel de chocolate, bollitos de limón y otras cuantas delicias, serví limonada y limoncello (dependiendo de la edad del invitado en cuestión), y puse música para todos los gustos.

Mi dragón quedó muy conmovido por el gesto, y hasta se puso a llorar cuando le entregué el pastel con su única vela.


¿Verdad que es tierno para ser una bestia enorme que arroja fuego? Que luego no se diga que los dragones son perversos ni nada por el estilo. Mi Donaldito es un bombón.

Le regalé unas gafas de aviador para sus vuelos, así no se le meterán insectos en los ojos (es algo que le ocurre sorprendentemente a menudo).

El único que no lo pasó tan bien fue mi gato. Pensé que se escondería bajo una cama hasta que pasara la fiesta (no le gustan los extraños), pero al terminar la celebración no lo encontraba por ningún lado. Le pedí a Donald que me ayudara a buscarlo, y finalmente lo hallamos flotando por el barrio. Creo que mis vecinitos (niño y niña) pensaron que sería divertido atarle unos globos...


Desatamos al minino, le dimos algo de jamón para consolarlo y terminamos de limpiar el desorden.

¡Feliz cumpleaños, Donald!

G. E.

6 de noviembre de 2011

YO, NA'VI

Más allá de que la película Avatar de James Cameron sea más predecible que un reloj, los culebrones o los discursos de los políticos en campaña electoral, hubo algunos conceptos que me gustaron mucho, sobre todo por mi molesta conciencia ecológica. Ya quisiera que nuestro planeta pudiera defenderse solo de las agresiones de la humanidad como en la película, o que pudiéramos conectarnos físicamente a seres vivos de otras especies, incluyendo los árboles.

Y sobre todo, ¡me chiflan los na'vi! ¿Tres metros de estatura y huesos súper fuertes? ¡Eh, suena estupendo! Sobre todo considerando que mi estatura real apenas llega al metro y medio y tengo que estirarme para alcanzar los estantes más altos en el supermercado.

En fin, tal como en el artículo donde me puse una cabellera tan larga como la de Rapunzel, por la magia de este blog decidí ser una na'vi por un rato. Para eso sólo tuve que concentrarme mucho, exprimiendo mis sacrificadas neuronas creativas; luego puse la banda sonora de la película (que tengo en un CD) y ¡ta-daaaaa!, ya era una na'vi de tres metros con larga trenza y taparrabos :-D Un poco más de trabajo mental y estaba en Pandora. Menos mal que mi mente es rápida, porque mi nuevo cuerpo imaginario estaba empezando a asfixiarse en la atmósfera de la Tierra.

Feliz y contenta con mi nueva estatura, me puse a saltar por todo el planeta, comiendo frutas raras y dejándome caer desde árboles altísimos. De acuerdo, las primeras veces me di de cara contra el suelo; ¿qué le iba a hacer, si los días torpes también se cuelan en mi imaginación como parientes no deseados que vienen de visita sin avisar? Sin embargo, al cabo de un rato ya dominaba la cosa y era capaz de colgarme de hojas y ramas como una versión gigantesca y azul de Tarzán. O tal vez una cruza entre Tarzán, una jirafa, un pitufo y un puerto USB.

¡Ah, casi había olvidado lo de conectarme a otros seres vivos! Utilizando mis apéndices nerviosos, me enchufé a algunos árboles para saber qué se decían entre ellos. Era como estar en medio de una multitud pero con temas exclusivamente vegetales: que cuál es la mejor hora para hacer fotosíntesis, que si aquel árbol de allá se cree muy importante porque brilla en la oscuridad, que menuda plaga son las termitas, bla, bla bla. Se me ocurrió que podría escribir un libro al respecto y todos los árboles se asustaron de inmediato (a algunos hasta se les cayeron las hojas). No porque yo pensara escribir sobre ellos, sino por la idea de acabar como pasta de celulosa. Traté de pensar en activistas de Greenpeace para tranquilizarlos.

Luego busqué animales para conectarme con ellos. La cosa marchó bien al principio: yo pensaba en rascarles la panza como a mi gato y ellos hacían ruiditos de contento. Pero algo comenzó a salir mal. Algún pensamiento mío les estaba produciendo rechazo, porque al cabo de un rato se pusieron de acuerdo para escapar de mí como si yo fuera la peste.

¡Eh, no te vayas, sólo quiero conectarme
a tu sistema nervioso y chatear un rato!

Finalmente comprendí qué estaba pasando: debieron de captar algunas imágenes sobre mi trabajo en la clínica veterinaria; concretamente, las que muestran que parte de mi labor con los animales consiste en pincharlos con agujas o meterles un termómetro (un termómetro frío) por el trasero...

Uf. Me costó un poco aclarar el malentendido (o sea, que todas esas cosas las hago por el bien de las mascotas), pero al final llegamos a un entendimiento y charlamos un rato a través de nuestras conexiones nerviosas.

Ahora que he vuelto a la realidad, lo tengo decidido: quiero ser na'vi en mi próxima vida. ¿¿¿Dónde lleno el formulario para eso???

G. E.

31 de octubre de 2011

¡NOCHE DE BRUJAS CON MI DRAGÓN!

El año pasado me costó bastante decidir mi disfraz para la fiesta de Noche de Brujas. Este año... me costó bastante más. Es decir, NOS costó bastante más, porque mi dragón Donald decidió venir conmigo a la fiesta. Y encima quería que usáramos disfraces relacionados (no, no me lo DIJO, ya que no habla español, sino que me lo indicó por señas).

La opción más obvia era disfrazarme de caballero medieval y que él fuera el dragón. Pero había dos inconvenientes: 1) no tenía ninguna armadura a mano (salvo la de sir Gandolfo, del Gran Hermano con monstruos, pero ésa tiene vida propia y no se puede usar) y 2) jamás he tomado clases de equitación (lo del caballo no era problema, los hay a montones en mi ciudad). La siguiente opción que saltaba a la vista era que yo me vistiera de princesa, pero de nuevo había dos inconvenientes: 1) de princesa no tengo un pelo y 2) a mi dragón no le gustó la nueva idea. Tardé un rato en comprender por qué, y finalmente caí en cuenta de que ¡Donald no quería ir a la fiesta como un dragón, sino disfrazado de otra cosa!

Ahí se complicó el asunto, porque ¿de qué cuernos se puede disfrazar a un dragón? ¿De pájaro? ¿De fantasma? ¿De gorila? ¿De bombero? (eh... no, no creo que tenga sentido disfrazar de bombero a un animal que lanza fuego por la boca). ¡Menudo lío! Y encima tenía que buscar un disfraz para él que combinara de alguna manera con el mío. O sea, una doble complicación.

Sin embargo, al fin nos vino un chispazo de inspiración: ¡inversión de roles! Yo iría vestida de dragón y él iría vestido de princesa :-D


Tuvimos que visitar una fábrica de muñecas Barbie para conseguir todos esos metros de tela rosa :-P Pero el vestido quedó muy chulo, ¿verdad? ¿Y qué tal me veo yo vestida de dragón?

¡Ya podemos irnos a la fiesta! ¡Feliz Noche de Brujas!

G. E.

PD: Notarán que mi dragón está más grande que en el artículo sobre la Oktoberfest. Sí, pegó un tremendo estirón. Deben de haber sido las salchichas alemanas. O quizás la cerveza.

PPD: Ahora tengo una duda con respecto al disfraz de princesa. ¿Será que Donald es gay o simplemente está muy seguro de su sexualidad? Mmm, espero que no sea gay. No porque me importara, sino porque pretendo conseguirle una novia ¡para que tenga lindos dragoncitos! (le prometí a una amiga que la dejaría cuidar de uno). Claro que... podría adoptar bebés dragón dentro de una pareja homosexual. Hoy en día eso también se vale, al menos en los países civilizados. Puestos en ello, me da la impresión de que los dragones son bastante menos prejuiciosos que los humanos :-D

25 de octubre de 2011

LENGUAJE POLÍTICAMENTE CORRECTO MOLESTO

No es que me guste ir por la vida ofendiendo a la gente con mis palabras, ¡pero ya empiezo a cansarme de tanta corrección política en el lenguaje! La lista de expresiones que no se pueden usar es cada día más larga, y dentro de muy poco el idioma español parecerá un campo minado que no podremos pisar sin el riesgo de que algún grupo étnico, género, grupo de determinada orientación sexual o con características físicas singulares ponga el grito en el cielo.

Para empezar, ya no se puede describir a nadie por el color de la piel, ni siquiera cuando no hay racismo de por medio. Una persona ya no es blanca, negra, amarilla ni cobriza, sino que ahora hay que referirse al origen geográfico aunque los antepasados de dicha persona hayan salido del continente de origen doscientos años atrás. Las personas de piel clara nos vamos salvando de convertirnos en una suerte de mapamundi, pero en lugar de ser blancas, ahora han de referirse a nosotras como caucásicas, para no pisotear sensibilidades ajenas. Encima, hasta se han de borrar los términos peyorativos de la literatura antigua, como si por sacar la palabra "nigger" ("negro") de los libros de Mark Twain se borraran de un plumazo el racismo y la esclavitud de la época. Tampoco se puede decir que alguien trabaja como negro o que existen trabajos chinos. (Menos mal que los burros no opinan, o nadie podría tampoco trabajar como un burro.)

Las personas con enanismo tampoco pueden ser llamadas enanas. Son personas pequeñas, lo cual más bien me hace pensar en hobbits o liliputienses. (Por cierto: aclaro que yo mido 1,50 m y que no me voy a ofender porque me digan petisa, siempre y cuando no sea con tono ofensivo.)

Y ya ni hablemos de la supuesta discriminación a la mujer que hace el lenguaje. Ahora hay que reconvertir todas las profesiones, incluyendo las que por su naturaleza lingüística eran neutras, para acomodar a las mujeres, no sea que alguna se sienta ninguneada u ofendida. Las presidentes, intendentes y asistentes deberán ser presidentas, intendentas y asistentas. En el caso contrario, los modistas hace rato que son modistos, y la verdad es que me extraña que no haya taxistos también. Como sea, en muy poco tiempo habrá estudiantos y estudiantas en las universidades y pacientos y pacientas en los hospitales, a fin de que nadie se sienta discriminado. Y ya no habrá votantes sino votantas y votantos, y cuando los integrantes de una pareja se miren entre sí, no será uno al otro sino una al otro y uno a la otra, o una a la otra y uno al otro en el caso de que sean parejas homosexuales de mujeres u hombres respectivamente. (Aclaro de nuevo: a mí no me molesta ser una votante ni una cliente, o que por convención me incluyan entre "los escritores" y no entre "los escritores y las escritoras"; más bien me molestan las propagandas machistas.)

El día que la corrección política en el lenguaje arregle las desigualdades reales, la adoptaré con gusto. Por ahora, mientras tanto, sólo ha conseguido marearme.


G. E.

19 de octubre de 2011

PERSONAS DE GATOS O DE PERROS

Hace un tiempo escribí las razones por las que prefiero a los gatos como mascotas. Sin embargo, como también me gustan los perros, luego le permití a uno de ellos escribir una réplica.

Pero la entrada de hoy no va precisamente sobre las mascotas, sino sobre sus dueños.

Más de uno habrá escuchado hablar sobre las diferencias entre los amantes de los gatos y los amantes de los perros. Básicamente, los dueños de gatos apreciamos su independencia y sus aires de misterio, mientras que los dueños de perros admiran su fidelidad y obediencia. O sea: los dueños de gatos somos personas tolerantes y amantes de lo refinado, mientras que los dueños de perros prefieren mascotas simplonas que se sometan a su voluntad :-D

¿Creen que estoy exagerando? Pues miren esta lista de personas famosas que amaban u odiaban a los gatos:

PERSONAS FAMOSAS QUE AMABAN A LOS GATOS

Abraham Lincoln
Albert Schweitzer
Ana Frank
Confucio
Edgar Allan Poe
Ernest Hemingway
Franklin D. Roosevelt
Jorge Luis Borges
Luis Pasteur
Mark Twain

PERSONAS FAMOSAS QUE ODIABAN A LOS GATOS

Adolfo Hitler
Alejandro Magno
Benito Mussolini
Genghis Kahn
Isabel I
Julio César
Napoleón Bonaparte
Walt Disney

¿Se nota el patrón? :-D Curiosamente, parece que la mayoría de los escritores sabemos apreciar a los gatos, salvo notables excepciones como J. R. R. Tolkien y William Shakespeare. O sea, diría que, en general, cualquier escritor que se precie debería tener un gato, como mínimo.

Otras cualidades que distinguen a los amantes de los gatos: respetamos a nuestros mininos (por ejemplo: no les ponemos broches ni vestiditos ridículos como hacen algunas propietarias de perros), apreciamos el silencio, y también valoramos la ausencia de olor a perro y de huellas de patas en las alfombras.

Los dueños de perros, por otra parte, saben valorar la lealtad y la amistad, aprecian la rutina, y tienen la paciencia de lidiar con unos animales que no tienen escrúpulos a la hora de revolcarse sobre pescado muerto.

Puestos en ello, los amantes de gatos y de perros pueden llegar a ser bastante compatibles entre sí... siempre y cuando consigan que sus mascotas no se hagan trizas.


En cuanto a los propietarios de dragones... ¿qué puedo decir? Somos lo máximo (y mi Donald concuerda) :-D

G. E.

13 de octubre de 2011

EL BALLET GISELLE GISSEL

Le debo mi nombre a mi madre, a quien le gusta el ballet. No me parece mal que se haya inspirado en uno para nombrarme, aunque agradezco que haya tomado el nombre del ballet Giselle y no de El lago de los cisnes o Coppelia (habría sido jodido, eso de ir por la vida con el nombre de Coppelia; ya era bastante malo que en el colegio me hicieran burlas por mi baja estatura). Al menos el nombre Gissel es bastante corriente, y se escribe de tropecientas formas... tantas, de hecho, que rara vez consigo que la gente escriba bien el mío, incluso aunque lo deletree. Pero bueno, este artículo no va de eso precisamente.

Como dije, a mi madre le gusta el ballet, y a mí también. ¿Y de qué va el ballet Giselle?, se preguntarán. Responderé como si contara un cuento de hadas.

Había una vez una campesina llamada Giselle. Tenía un pretendiente llamado Hilarion, pero ella estaba enamorada de Loys, quien aparentemente era también un campesino. Cuando Giselle rechaza a Hilarion, el muy rencoroso jura vengarse (¡hombres!). Entonces comienza la fiesta de la vendimia, y la madre de Giselle se preocupa por la frágil salud de su hija, ya que las jóvenes muertas antes de casarse terminan convertidas en wilis, una especie de fantasmas. (Puf. Como siempre, la sociedad quiere imponer la idea de que si no te casas, estás jodida. Estúpidos cuentos clásicos.) Justo en medio de la celebración, Hilarion revela la verdadera identidad de Loys al encontrar su espada en el bosque. ¡Era el duque Albrecht! ¡El muy sinvergüenza era un mariposón! Albrecht se marcha con la princesa Bathilde e ignora a la pobre Giselle. Devastada, la muchacha toma la espada y se muere por un caso severo de corazón roto. (Habría sido más impactante que se clavara la espada como un guerrero japonés.)

En el segundo acto, Hilarion va a sufrir sobre la tumba de Giselle. (Demasiado tarde, cabrón, que se ha muerto por tu culpa.) Entonces aparecen las wilis, y como son espíritus vengativos, obligan a Hilarion a bailar hasta la muerte. (¡Ja! Ésa no te la esperabas, ¿eh?, pedazo de machista celoso.) Luego aparece Albrecht y está en peligro de sufrir el mismo destino, pero Giselle, quien ahora también es un fantasma, hace todo lo posible por salvarlo, tratando con su amor de que él aguante hasta el amanecer. (Bue. Estas chicas que siguen enamoradas del tipo que las plantó... qué poca autoestima.) Giselle consigue sostener a su amado, y cuando llega el amanecer, las wilis desaparecen. Por mostrar generosidad en lugar de actuar en forma vengativa, Giselle deja de ser un fantasma y descansa en paz. Fin del ballet.

Bueno... como que no es muy prometedor ponerle el nombre de la protagonista de este ballet a una chica, ¿no les parece? Claro que más me vale no ponerme a discutir con mi madre acerca de estas cosas... En fin, ya que estoy con una historia parecida a los cuentos de hadas, voy a traducirla al japonés y de nuevo al español, a ver cómo queda :-D (Recuerden mi experimento anterior con las traducciones.)

Había un granjero llamado Giselle. Había sido llamado cortejo Hirarion, ella estaba enamorada de Loys agricultor fue también evidente. Si se niega a Hirarion, Gisele es una repugnante jurar venganza (men!) muy. A continuación, iniciar la fiesta de la cosecha, madre de Giselle se considera estar preocupado por la frágil salud de su hija, la niña va a morir antes de casarse y wilis en algo parecido a un fantasma. (Puf. está como siempre,. Empresa quiere imponer la idea de si te quieres casar, usted que se han jodido. Historia clásica estúpido) en el centro de la derecha festival, es Hirarion revela la identidad de Loys encontrar su espada en el bosque. Albrecht fue el Duque! Fue el villano de jugar con fuego! Albrecht ignora a los pobres y deja a la princesa Giselle Bathilde. Devastación, la niña toma la espada, morirá por la grave caso de angustia. (Puede ser clavado la espada japonesa como un guerrero habría sido más impactante.)

En el segundo acto, Hirarion sufrirá tumba de Giselle. (Demasiado tarde, imbécil. Los que murió por usted) se mostrará, ya que es un espíritu vengativo, que bailó Hirarion Wilis fuerza después de la muerte. Usted corre el riesgo de sufrir la misma suerte (que no se puede esperar Ja!, Eh de los celos. Funciona sexista) después de Albrecht, y aparece, Giselle es un fantasma, incluso ahora, Él hará todo lo posible para salvar lo que llevó a cabo hasta el amanecer, que trata de su amor. Al llegar a mantener a su amada amanecer, vendrá, (estas chicas son Bue .. No se ama lo poco amor propio ... el hombre que plantó aún) Gisele es Wilis desaparece. En lugar de la generosidad de la serie, que la paz vengativa, Gisele sigue actuando el resto del fantasma. El final del ballet.

(Gissel interrumpe la escritura de este artículo para partirse de risa en su cómodo sillón de escritorio. Algo así como "¡¡JUAJUAJUAJUAJUAJUAJUAJUA!!" mientras hace girar el sillón y agita los brazos.)

Esta versión del ballet me gusta mucho más :-D

De todas maneras, y ya que en este blog puedo hacer lo que me dé la soberana gana, se me ocurrió que podría bailar el ballet yo mismita, usando un poco de imaginación (total, ya fui una na'vi).

Primera observación: usar zapatillas de ballet es menos complicado que usar tacones, pero más complicado que usar patines de hielo. Lo sé, es una observación irrelevante, pero como acabo de decir, éste es mi blog y yo hago lo que me da la gana. ¡ÑAÑAÑAÑAÑAÑAÑA! :-PPPPP

Segunda observación: uh, estos bailarines de ballet masculinos tienen unos traseros duros como piedra. (No pregunten. Quiero pellizcar y babear en paz.)

Como es MI ballet, haré algunos cambios a la historia. En primer lugar, mandaré a Hilarion a la porra, por machista y celoso. En segundo lugar, ni piensen que voy a sufrir por Albrecht. De hecho, aprovecharé en una pirueta para darle una elegante patada... al estilo Chuck Norris.

Tú no vas a dejarme, YO te dejaré. ¡Que te den!

Pero como lo de la muerte con posterior conversión a fantasma vengativo suena genial, me suicidaré con la espada. Usaré sangre artificial para que salpique a los espectadores como en la película La familia Addams :-D

Dado que mi vena vengativa es más duradera con los políticos, salvaré a esos dos hombres tontos que trataron de hacerme miserable (sin conseguirlo, ¡porque yo soy de Aries y tengo mucho fuego interior!). Pero antes los asustaré un buen rato, sólo por fastidiar. Es que soy así de borde.

¿Les gustó? Pues para mi próximo ballet... ¡bailaré El lago de los cisnes! ¡Tiembla, Natalie Portman, tiemblaaaaaa!

G. E.

Artículo relacionado: EL LAGO DE LOS CISNES GISSEL.

7 de octubre de 2011

¡SOBRE DRAGONES Y CERVEZA!

Aparte de escribir, otro de mis pasatiempos es dibujar. Inspirada por mi querido dragón Donald, hace un tiempo terminé este dibujo:


Donald me ha dado a entender que quiere ser así cuando sea más grande :-) (Aunque no sé cuánto más piensa crecer. Ya está ENORME. Y que yo sepa es un dragón, no Godzilla.)

Pero el artículo de hoy no va de dibujos ni de las típicas aspiraciones para el futuro de los dragones domésticos. El artículo de hoy va sobre... ¡la Oktoberfest! Volando por aquí y allá en busca de quién sabe cuáles quimeras maravillosas, Donald y yo caímos aterrizamos en Alemania justo a tiempo para el fiestón cervecero. Qué oportunos fuimos, ¿verdad? :-D (vamos, como que no tendría gracia bajar en medio de un terremoto o un funeral).

La verdad es que nos divertimos muchísimo. Aparte de la cerveza, que parecía correr por las calles, también probamos un montón de comidas nuevas de nombres impronunciables y bailamos con los ciudadanos locales. Debo admitir que no entendía ni la mitad de lo que me decían mis compañeros de baile, pero bueno, asentir en los momentos adecuados resultó ser una buena estrategia, ya que varios jóvenes alemanes muy guapos terminaron por darme sus números de teléfono (mmm, tal vez deba aprender algo más que "ja" y "danke" para cuando llame, a menos que use una webcam para darme a entender por medio de signos y dibujitos).

Donald bailó con unas cuantas alemanas, a las que entretuvo haciendo bolas de fuego con olor a cerveza. La verdad es que se me puso bastante achispado, y cuando un dragón de 160 kilos anda achispado, la verdad es que no resulta muy recomendable dejarlo suelto por las calles. Menos mal que yo llevaba dinero para pagar todas las jarras de cerveza que rompió por accidente con su larga cola (se lo cobraré del sueldo que gana por su trabajo en el aeropuerto).

Supongo que se preguntarán si los alemanes no se sorprendieron de ver un dragón en la fiesta. Pues no. Estaban demasiado borrachos, y me imagino que al día siguiente simplemente pensaron que habían alucinado todo el asunto.

En fin, yo llevaba mi cámara, así que sacamos unas cuantas fotos; nada tan espectacular ni extraño como en la peli Resacón en Las Vegas, pero sí algunas tomas de la ciudad y sus amigables habitantes. Espero que podamos regresar el próximo año :-)

¡Salud!

G. E.

1 de octubre de 2011

MI DÍA DE LA MARMOTA

Como ya he dicho en alguna otra ocasión, mi jardín tiene bichos de todas clases, algunos residentes, otros que vienen de paso. Dejando de lado los más usuales (hormigas, escarabajos, mariposas, lombrices, gorriones, arañas, caracoles y etcétera), mencionaré los inusuales: sapos, serpientes de tierra, ratas y ratones... y la marmota.

Encontré a la marmota cuando, después de levantarme y desayunar, salí a buscar un limón para hornear una torta de limón con pasas de uva. (Sigan el vínculo para obtener la receta, que queda deliciosa. Va genial con el té a la hora de la merienda. Lo sé, es comida chatarra, pero qué diablos, la vida es corta.) Me estaba estirando para arrancar el limón y de pronto escuché unos ronquidos...


Ahí estaba el animalejo, durmiendo tranquilamente sobre el mullido pasto de mi jardín. Me llamó la atención, ya que nunca antes había visto una marmota en Montevideo, pero decidí dejarla dormir. En general no perturbo a los bichos en mi jardín, a menos que 1) sean hormigas y corten las hojas de mis rosales, 2) sean orugas que yo decida criar dentro de mi casa, o 3) sean caracoles llenando todo de asquerosa baba (detesto la baba).

Hasta aquí, todo bien. Simplemente tenía una marmota durmiendo en mi jardín. Llevé a cabo sin complicaciones todas mis tareas del día, y por la noche me fui a dormir.

A la mañana siguiente... me despertó la misma música en la radio. El limón que había recolectado estaba de nuevo en el árbol, y todos los periódicos mostraban la fecha del día anterior.

Bueno, no se necesitaba ser un genio para entender lo que estaba pasando. ¡Estaba teniendo un Día de la Marmota, igual que Bill Murray en la película El Día de la Marmota! (¿Cómo? ¿No han visto esa película? ¿Y por qué carajo no han visto esa película? ¡Vayan a verla inmediatamente, que está estupenda!) Me pareció fantástico. Soy admiradora de Bill Murray desde que lo vi en Los cazafantasmas. ¡Y por fin tenía algo en común con él!

Claro que... Bill Murray tuvo que soportar interminables repeticiones del mismo día, y yo me pregunté cuánto duraría el mío. Entonces llegué a la siguiente conclusión lógica: para acabar con mi Día de la Marmota, bastaría con deshacerme de la marmota, ya que era la única variable en mi rutina. (Nada como un enfoque científico para resolver estas cuestiones, ¿verdad?)

De repente se abrió ante mí un abanico de posibilidades. ¿Qué podría hacer YO con un Día de la Marmota? Tomando a Bill Murray como ejemplo, acepté y descarté algunas alternativas. Por ejemplo, no me interesaba aprender a tocar el piano, ya que lo intenté una vez y, aunque se me daba bien, nunca terminó de fascinarme; tampoco me interesaba conocer más a mis vecinos, y después de ver los noticieros al final del primer día, decidí posponer lo de salvar vidas para el último momento (es que resultaría poco práctico salvar las mismas vidas una y otra vez; con hacerlo al final sería más que suficiente). Cosas que sí podría hacer: leer muchos libros, dormir hasta tarde, ¡aprender a tocar la gaita! (como buena descendiente de gallegos que soy), comer comida chatarra sin preocuparme por la salud, hacer travesuras sin temor a las consecuencias, no limpiar absolutamente nada en mi casa, y disfrutar del día en general (menos mal que justo me tocó uno soleado). También podría aprovechar para planear mis futuras novelas, aunque tendría que ser solamente en mi cabeza, puesto que nada escrito permanecería durante las repeticiones del día.

Bien, ya estaba lista para comenzar. Les haré un resumen de lo que fue mi Día de la Marmota :-D

Repetición #2: Dormí hasta muy tarde, ya que justo era sábado. Hice la torta de limón con el limón de la vez anterior ¡y me la comí toda en el mismo día! Luego me vino una indigestión. Menos mal que se me curaría con la siguiente repetición del día.

Repeticiones #3-20: Algunos días dormí hasta tarde, otros me levanté temprano para ir a comprar libros (¡ediciones de lujo, encima, que por principios no suelo adquirir!). Ni me preocupé por hacer ejercicio, dado que los efectos no iban a durar.

Repeticiones #21-42: Empecé las lecciones de gaita. Mi dragón se tapaba los oídos durante las primeras prácticas, pero luego mejoré y entonces a él acabó por gustarle la música. Quizás tenga un toque de sangre celta, igual que yo :-P

Repeticiones #22-¿68?: Seguí leyendo libros y tocando la gaita. Me aprendí todas las canciones de mis CDs. Donald y yo salimos a cazar políticos idiotas :-D Nos divertimos mucho viéndoles las caras de pánico antes de ser chamuscados. ¡Y encima podíamos repetir el juego cuantas veces quisiéramos! (Observación: con respecto a los políticos idiotas, la veta sádica tarda en agotarse. Hasta me atrevería a decir que no tiene límites, pues siempre se disfruta.)

Repeticiones #¿69?-aquí ya perdí la cuenta: Me dediqué a decir a todo el mundo exactamente lo que pienso acerca de todo y todos. En cinco ocasiones eso me causó una muerte rápida y violenta. Menos mal que continuaba en mi Día de la Marmota. (Observación: no vi el cielo ni el infierno en ningún momento, aunque algunos tienen la teoría de que los Días de la Marmota son una especie de purgatorio. Otra observación: duele bastante que a uno le claven un palo de golf en el ojo, y encima uno tarda mucho en morir desangrado por causa de una herida semejante. No pregunten.)

Repeticiones #unas cuantas más, tal vez 30: Volé con mi dragón a diversas partes del mundo. En todas ellas fuimos la sensación del momento. Chamuscamos políticos idiotas en unos cuantos países extranjeros. Me arrestaron varias veces y me condenaron a muerte en Corea del Norte, pero, naturalmente, no tuvo importancia. En China me salvé de la muerte cuando les mostré a mi dragón. ¡Me nombraron emperatriz! (Bue. Lástima que no duró. Es lo malo del Día de la Marmota: esas cosas no permanecen.)

Repeticiones #más o menos 50 más: Debo de haber probado todos los tipos de comida chatarra en el mundo. Listo. Ya nunca más sentiré la tentación de comer comida poco saludable... excepto, quizás, por las patatas fritas y el helado de chocolate. Ah, y mi torta de limón con pasas de uva.

Repeticiones #dejé de llevar la cuenta por completo: Me colé a varios conciertos y deslumbré a todos con mi habilidad en el manejo de la gaita. Entonces me cansé de tocar la gaita y decidí aprender a tocar el saxofón, como Lisa Simpson. Comencé a tomar clases en Internet de varios idiomas.

Repeticiones #no sé por qué sigo con esto, cuando es obvio que sigo sin retomar la cuenta: Aprendí a tocar el saxofón, después el violín y por último el erhu (que es la versión china del violín). También aprendí a disparar con pistola, rifle de asalto, lanzacohetes y arco. Y ya que estaba, aprendí a manejar un tanque de guerra y sostuve una espectacular pelea ficticia con mi dragón (es que los soldados se veían aburridos, y hasta el coronel tenía ganas de ver un poco de acción).

Repeticiones #voy llegando al fin de la historia: Terminé de leer todos los libros que quería leer, aprendí todos los idiomas que quería aprender, y me di el gusto de fastidiar a toda la gente que quería fastidiar (y varias veces, además). En la última repetición, Donald y yo salvamos todas las vidas que pudimos (en accidentes de tráfico, por ejemplo), y una vez que volví a casa, decidí que ya era tiempo de despedirme de la marmota, quien seguía durmiendo a pata suelta.

(Uf. Ya quisiera yo dormir así de bien.)

Moví la marmota al jardín de mi vecina (esa vieja insoportable de al lado), para que ELLA quede atascada en un día interminable. ¡Buajajajaja! Espero que se vuelva loca. Se lo tiene bien merecido. (La marmota no despertó en ningún momento.)

Y si se preguntan por qué interrumpí mi Día de la Marmota... bueno, es que algún día tenía que continuar escribiendo mis historias, ¿no? Además, extrañaba la lluvia y quería seguir actualizando este blog :-)

G. E.

PD: Si alguna vez se les antoja tener un Día de la Marmota... avísenme. Buscaré a la marmota y se las enviaré con mi dragón :-D

25 de septiembre de 2011

LAS ARAÑAS Y YO

Como mujer rara que soy, tengo una relación bastante amistosa con las arañas, ya sea fuera o dentro de mi casa. Nunca las mato. Como máximo, las atrapo con un vaso y las saco afuera cuidadosamente, despidiéndolas con un "¡adiós, arañita!" :-P

O "¡adiós, arañota!", en este caso. Es una araña Polybetes, impresionante pero no peligrosa.

Mi relación amistosa con las arañas empezó desde que yo era una niña y miraba los documentales de la TV. Muy pronto aprendí que las arañas, a pesar de su aspecto grotesco, son buenas aliadas del ser humano en la lucha contra las plagas. Una vez me senté durante horas a ver a una araña tejer su red, y una vez que la red estuvo terminada, me senté más horas a depositar en ella, con una pinza, algunos insectos para que comiera su ocupante. (No me miren con esas caras. A algunos niños les gusta dar de comer a sus perros por debajo de la mesa, a mí me gustaba alimentar a las arañas en mi jardín. También rompía mejillones en la playa para alimentar a esos adorables cangrejos.)

Los documentales también me enseñaron que la mayoría de las arañas NO son peligrosas para el ser humano. En mi país sólo hay unas pocas especies que pueden causar lesiones más o menos molestas, raramente graves. (Las arañas australianas, en cambio, sí son de cuidado: hay algunas tan venenosas que si te pican puedes despedirte del dedo... o del pie... o de la pierna entera. Un buen incentivo para revisar esos zapatos antes de ponérselos, ¿eh? Menos mal que no vivo en Australia, por mucho que me gusten los canguros y los ornitorrincos.)

Hace algunos años salí afuera... y descubrí que una araña había estado muy ocupada durante la noche, ¡tejiendo una telaraña de SESENTA CENTÍMETROS de diámetro entre la pared de mi casa y el jardín! Parecía sacada de la película Aracnofobia. (Si no han visto esa película, ¿qué están esperando? Está genial. Horror del bueno en la categoría de plagas animales. Todo un clásico.) Me dio pena romper semejante maravilla arquitectónica arácnida, pero bueno, tampoco iba a dejar que una araña despistada me cortara el paso con su red. Hasta el día de hoy, sin embargo, me pregunto qué pensaba atrapar con una red tan grande. ¿Polillas gigantes? ¿Murciélagos? ¿Al Duende Verde?

Encima, las arañas tienen unas cuantas particularidades biológicas estupendas. ¡Quelíceros con una variedad de venenos potencialmente mortales! ¡Ocho patas! ¡Pelos urticantes! ¡Suficientes ojos para conseguir una visión de 360º! ¡Telarañas más resistentes, en comparación, que el acero! ¡Y ALGUNAS HEMBRAS SE COMEN A LOS MACHOS SI NO ESTÁN CON GANAS DE APAREARSE! (Definitivamente eso le gana al "hoy no, querido, me duele la cabeza".) ¡También hay arañas que saltan sobre otras arañas y se las comen! ¡GUERRA DE ARAÑAS! (Insertar música de la peli Rocky.)

Y si después de todo esto aún hay alguien a quien no le gusten las arañas, les daré una razón adicional para quererlas: ¡¡SON LA RAZÓN DE SER DE SPIDER-MAN, UNO DE LOS MEJORES SUPERHÉROES DESPUÉS DE BATMAN!!

¡Que vivan las arañas!

¡Hola, arañita!

(Bueno... ejem... esa araña está un poco grande. Mejor llamo al exterminador, no sea que se coma a mi gato. Tampoco hay que exagerar con las aficiones inusuales...)

G. E.

19 de septiembre de 2011

CÓMO ALEGRAR AL VETERINARIO

Hace un tiempo escribí un artículo enumerando las maneras más efectivas de enojar al veterinario. Pero como no me gusta ser negativa, hoy voy a hacer lo contrario: mencionaré las cosas que los clientes pueden hacer para mantener contento al veterinario de sus respectivas mascotas. Y créanme, no es por egoísmo; un veterinario feliz... casi siempre es el reflejo de unos animalitos-pacientes bien cuidados.

PIDA ASESORAMIENTO ANTES
DE ADOPTAR UNA MASCOTA

Como en todo, hay que empezar por el principio. ¿Quiere tener un perro/gato/pájaro/reptil? No problem! Pero antes deberá responder algunas preguntas, como cuál es el tamaño de su casa/apartamento, de cuánto tiempo dispone para dedicarle a la mascota, y, aunque parezca indiscreto, tampoco sería mala idea que dijera qué presupuesto planea dedicar al animal elegido.

¿Le gustan los perros grandes? ¿Ha pensado que necesitan espacio y comida de buena calidad? ¿HA PENSADO EN SI USTED ESTÁ REALMENTE CAPACITADO PARA DOMINAR A UN PERRO MÁS GRANDE Y FUERTE QUE USTED? Por ejemplo, los rottweilers son unos perros estupendos... cuando están bien entrenados por un dueño con carácter de macho/hembra alfa. Si usted suele acobardarse fácilmente cuando un bicho le muestra los dientes... mejor no se consiga nada más grande que un gato o más agresivo que un conejo :-)

SIGA TODAS LAS RECOMENDACIONES

Una vez que tenga a la mascota más apropiada para su personalidad/fuerza física/vivienda/presupuesto, sería estupendo que siguiera prestando atención a lo que le diga el veterinario. No le insistirá sobre las vacunas y las desparasitaciones con el fin de cobrarle más; le insistirá sobre esas cosas porque los microbios y los parásitos tienen la mala costumbre de residir en los pobres animales. Y créame: le saldrá más barata una vacuna contra el parvovirus que curar al perro cuando empiece con una espantosa diarrea sanguinolenta (ni hablemos del costo en la desinfección de los pisos y alfombras). También le saldrá más barato desparasitar a dicho perro que lidiar con las infecciones en sus hijos. Ah, ¿no lo sabía? ¡Algunos de esos parásitos se contagian a las personas! (Lo sé, es asqueroso. Odio a los parásitos.)

ESTÉ PENDIENTE DE SU MASCOTA

Bueno, no se trata de que llame a urgencias cada vez que su adorado animalito estornude, pero es importante que lo observe bien. Hay buenas razones para ello: los tumores del tamaño de un garbanzo son más fáciles de extraer que los del tamaño de una pelota de tenis; la supervivencia a las enfermedades infecciosas aumenta cuanto más temprano se las atienda; y las fracturas se arreglan mejor si se colocan los huesos en su sitio lo antes posible. Por mencionar algunos ejemplos. No sea que su mascota termine tan mal como este pobre perrito con dolor de dientes porque nadie le prestó atención durante quién sabe cuánto tiempo.

¡QUIERA MUCHO A SU MASCOTA!

Pues eso. Cuide a su mascota y quiérala como si fuera un hijo. Y no es que una mascota sea un hijo (no le pedirá que le compre un auto, desde luego), pero sí es un miembro de la familia y merece atención. Eso implica hacerle mimos, ejercitarla para que se mantenga en forma, cepillarle el pelo con la frecuencia necesaria y darle un baño según haga falta.

Y... EJEM... PAGUE LAS CUENTAS

Lo sé, ésta es la parte desagradable, pero vivimos en un sistema capitalista. Un consultorio veterinario no se mantiene a fuerza de buena voluntad, y el veterinario de su mascota también tiene que comer y pagar sus cuentas :-) (Nota: la comida para mascotas que se vende en los consultorios NO es una opción alimenticia para los veterinarios. No me pregunten cómo lo sé.)

Si usted sigue estas simples indicaciones, y de paso evita enojar al veterinario, seguramente se establecerá una relación cliente-mascota-veterinario sana y feliz :-)

¡Todos contentos! ¡Yay!

G. E.

13 de septiembre de 2011

LO QUE ME DIJERON LAS CARTAS

Una amiga de Facebook, Virginia, tiene una revista en Internet sobre temas variados (incluyendo cuestiones esotéricas, salud, literatura, sociedad y cosas así de interesantes).

Como soy una persona tan rara (he soñado que soy zombi, por ejemplo), Virginia me escribió para decirme: "Oye, vente para aquí en tu dragón que quiero hacerte una lectura del Tarot, a ver qué te dicen las cartas."

¿Que qué me dicen las cartas? Bueno... mi vena mística no suele pasar de hacer danzas de la lluvia o creer firmemente que los tréboles de cuatro hojas dan suerte, y la verdad es que ya me estaba imaginando a un naipe gigante hablándome con tono ominoso:

Conocerááás a un extraaaño aaalto y moreeeno.

Pero bueno, por probar no iba a perder nada, así que me fui volando en mi dragón hasta la casa de Virginia para la lectura del Tarot. Cuando llegué, esperaba ver a Virginia con el sombrero de bruja que suele usar en Facebook, pero en lugar de eso tenía un pañuelo en la cabeza y un plumero en la mano.

—Oh. Llegaste temprano —me dijo—. Aún no termino de limpiar.

—En realidad Donald no vuela tan rápido, pero se agarró a un avión de Iberia. Los pilotos se llevaron un susto...

—Bueno, pues tú siéntate por ahí que ya traigo las cartas...

Me senté. Aproveché para darle a Donald unos bocadillos de paloma asada con verduras, para que recuperara fuerzas (atravesar el Atlántico da hambre). Entonces regresó mi amiga Virginia, ya sin el pañuelo ni el plumero y con las cartas en la mano. Encendió unas velas. Le pregunté si eran para atraer buenos espíritus, y ella me respondió, riéndose:

—No, qué va. Es que no veo nada: se me acaba de fundir una lamparita. —Estúpidas lamparitas de mala calidad hechas en China.

Una vez dispuestas las cartas... me preocupó ver a Virginia fruncir el ceño.

—No me digas —exclamé a fin de aligerar la tensión—: ¡conoceré a un extraño alto y moreno! ¿Se parecerá a Henry Cavill? ¿Le gustarán las mujeres intelectuales como yo? ¡Cuenta, cuenta!

Virginia me tiró la caja de las cartas por la cabeza para callarme y luego dijo:

—Bueno... a ver, por aquí tienes la carta del Enamorado, pero más que conocer a alguien nuevo, creo que vas a reencontrarte con un viejo amor.

—Uf, pues espero que no sea mi ex novio, porque no sólo ya no lo quiero, sino que todavía le debo un muy merecido puñetazo en la nariz. ¿O tal vez debería decirle a Donald que le eche fuego? Aún no lo decido. Mmmm, ¡sería divertido verlo escapar de mi dragón con el trasero en llamas!

Virginia me arrojó unas flores a la cara.

—No me distraigas —dijo—. Antes del viejo amor, sin embargo, van a pasar más cosas. ¿Ves estas cartas? —Me señaló tres naipes, uno con una estrella, otro con una torre y otro con un carro—. Te esperan problemas. Bastantes problemas, ¡y hasta es posible que veas sangre en algún momento!

Virginia sacudió las manos en un gesto intimidatorio y yo me encogí en la silla. Después me di cuenta de que sólo estaba espantando una mosca. Ella continuó:

—Encima, veo que alguien te está echando malas vibraciones. Probablemente sea una persona que te envidia mucho.

—Bue, hay tantas personas que me envidian por tener un dragón... Pero ¿estás segura de que no conoceré a un extraño alto y moreno parecido a Henry Cavill?

Mi amiga se levantó del asiento, agarró el almohadón de su silla y me pegó con él. Salieron volando algunas plumitas blancas.

—De acuerdo, buscaré yo misma al extraño alto y moreno —resoplé—. ¿Algo más?

—Son cincuenta euros por la lectura. —Mi dragón gruñó desde la ventana, echando humo por la nariz—. ¡Ja ja ja! No, era broma. Aunque... podrías prestarme a ese dinosaurio tuyo para arreglar cierto asuntillo que no viene a cuento.

—Bueno, se vale. Mi dinosaurio es muy cooperador. Y te puedo cocinar unos bollitos de limón también. Me quedan de rechupete. —No es broma. De verdad me quedan deliciosos. Pondré la receta por aquí en algún momento.

—Eh... tengo que terminar de quitar el polvo de los muebles. Hasta la próxima —dijo Virginia desde debajo de la mesa, mirando a Donald con cara de pánico (mi dragón intimida bastante cuando se pone en plan mafioso; tal vez debería usarlo para cobrar antiguas deudas).

—Gracias por la lectura. Nos vemos —respondí, y Donald y yo regresamos volando a casa.

Claro que... bien, digamos que el viaje de regreso fue un poquitín accidentado. Chocamos contra varias bandadas de aves migratorias, un Boeing 747 que venía en la dirección contraria, y un OVNI (parecía un platillo volador, pero no lo vi bien porque mis gafas de aviador todavía tenían plumas de gaviota pegadas). Encima, el aterrizaje fue un desastre porque justo había tormenta, y Donald resbaló en las calles mojadas. Un día torpe para él, sin duda. Sin embargo, los accidentes no terminaron ahí: mi almuerzo se quemó porque me distraje cinco veinte minutos jugando a Angry Birds, luego se me enredó un peine en mi frondosa cabellera, y por último me golpeé la cabeza contra la parte inferior de una mesa tras recoger un lápiz que se me había caído (justamente cuando estaba haciendo el dibujito para este blog). Al parecer, yo también tenía un día torpe, a menos... ¡a menos que las cartas tuvieran la razón!

Ahí empecé a preocuparme en serio. ¡Virginia había dicho que quizás vería sangre! ¿Qué cosa horriblemente espantosa y cruenta tendría que suceder para que se cumpliera esa predicción? ¿Acaso me serrucharía algunos dedos por accidente? ¿Sufriría una decapitación por parte de un samurái enfurecido? Decidí alejarme de todos los objetos afilados en lo que restara de la semana, por las dudas, y salí al jardín a recolectar algunos limones para hacer limoncello.

Entonces vi a la vieja miserable de al lado, poniendo su típica cara agria. ¡Con lo que le molesta a ella que mi jardín esté tan salvaje y frondoso! Mmmm... ¡me di cuenta entonces de que ELLA era quien me estaba mandando malas vibraciones! Claro que no necesitaba que las cartas me dijeran tal cosa. Esa vieja idiota ha estado en mi contra desde que le grité, hace muchos años, que dejara de pedirle favores gratis a mi padre (en serio, que es una egoísta y aprovechada; nadie en el barrio la quiere ya).

Le arrojé un limón por la cabeza. Menos mal que rebotó de vuelta hacia mí, porque esa tacaña ni siquiera se merece un limón de mi parte :-P La vieja desapareció como un oso (muy feo y antipático) que se mete en su cueva.

Al entrar a mi casa... pisé a mi gato, que como de costumbre estaba en medio del pasillo. El muy sinvergüenza me pegó un arañazo en el tobillo, ¡haciéndome sangrar! Uh, oh, ¡ahí estaba la siguiente predicción! Bue, al menos no fue una decapitación producida por una katana. Con lo difícil que es limpiar la sangre de las paredes. (No pregunten.)

Algo desanimada, abrí un armario buscando algo que comer... ¡y encontré una tableta de chocolate que había olvidado detrás del paquete de lentejas! Al diablo con mi ex novio, ¡ése era mi viejo amor! ¡Bendito chocolate! Me senté a comerme la tableta con una expresión de boba felicidad en el rostro :-)

De cualquier manera, la próxima vez no dejaré que nadie me lea las cartas... a menos que me asegure, desde el principio, que conoceré al extraño alto y moreno parecido a Henry Cavill.

G. E.


Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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