INCOMPATIBLES - Ella quería conquistar al cerebrito de la clase. Él estaba determinado a ignorarla... hasta que descubrió su secreto. UNA RELACIÓN PERFECTA - Historias románticas contemporáneas con un poco de arte en cada una. BESO ROBADO - Lina conoce a dos bailarines de ballet: uno que le gusta... y otro que hará de todo para conquistarla. LOBO DE LUNA - La amistad inquebrantable entre una criatura del bosque y un lobo de otro mundo. EL REY Y EL PÁJARO BLANCO - Había una vez un joven rey y un ave blanca con un secreto extraordinario. RELATOS DE AMOR Y SANGRE - A menudo el amor sale terriblemente mal... AMOR SANGRIENTO - Él está muriendo de un cáncer terminal. Ella tiene un secreto escalofriante. OSCURA SALVACIÓN - Historias sobre amor y salvación... plagadas de horror y oscuridad. Haz clic en las portadas para leer las muestras gratuitas. Ve a la página SOBRE MIS LIBROS para ver todo mi catálogo. ¡Gracias por apoyarme!

28 de abril de 2011

ESTÚPIDA CONQUISTA DE MARTE

Me salen chispas por las orejas cada vez que los científicos de la NASA se ponen a discutir los posibles métodos para colonizar Marte. De acuerdo, es cierto que a los científicos de la NASA no les importa nada que esté por debajo de la estratósfera, pero en serio, ¿decir que tenemos que colonizar Marte porque el planeta Tierra está en las últimas?

Sí, tenemos contaminación. Tenemos cambio climático, extinción de especies y sobrepoblación. Sin embargo, la Tierra sigue siendo habitable, mientras que Marte ES UN CONDENADO PEDAZO DE ROCA HELADA SIN AGUA EN ESTADO LÍQUIDO NI ATMÓSFERA RESPIRABLE (sin ofender, planeta Marte; sólo estoy mencionando un hecho). De verdad, ¿no sería menos complicado tratar de que nuestro planeta siga siendo habitable en lugar de gastar millones de dólares en colonizar un planeta inhabitable para las especies terrestres? ¿¿¿DÓNDE CUERNOS ESTÁ LA LÓGICA DEL ASUNTO???

Colonizar Marte me parecería razonable si, para empezar, la especie humana mostrara que es capaz de administrar su ambiente con cierto respeto a la naturaleza. Pero no. Nuestra especie, a lo largo de los años, se ha especializado en convertir lugares como éste:


... en lugares como éste:


Puestos en ello, incluso la órbita de la Tierra está llena de chatarra espacial, y tengo entendido que las diferentes misiones a la Luna han dejado bastante basura por ahí también.

Pero supongamos por un segundo que realmente fuéramos capaces de colonizar un planeta sin hacerlo trizas como vamos en camino de hacerlo con la Tierra. ¿Realmente vale la pena el esfuerzo? ¿Qué tan difícil resultaría hacer crecer una sola plantita en Marte? Habría que modificar la atmósfera de todo el planeta, probablemente también la química del suelo, y aun así nuestras plantitas tal vez no se adaptarían a un ambiente extraño. Podría suceder esto:

¡Sí! ¡Después de veinte años y millones de dólares hemos
conseguido que crezca en Marte una triste y raquítica maleza!

Mientras tanto, en la Tierra, encontraríamos a algún jardinero ocupado de esta manera:

Estúpidos hierbajos que crecen por todas partes.

Encima, los científicos están desesperados por encontrar un microbio espacial. ¡¡Un microbio!! ¿¿Acaso no tenemos suficientes microbios en la Tierra para que se diviertan?? Y no sólo eso, sino que a cada rato nos bombardean en la TV con anuncios comerciales de productos destinados a aniquilar un 99,9% de los microbios caseros. ¿¿PARA QUÉ CUERNOS QUEREMOS MICROBIOS ALIENÍGENAS SI NOS PASAMOS LA VIDA LUCHANDO CONTRA LOS QUE YA TENEMOS?? Pero aunque hubiera microbios marcianos y no fueran dañinos para nuestra especie, todavía seguiríamos teniendo la siguiente contradicción:

¡Sí! ¡Después de veinte años y millones de
dólares hemos conseguido cultivar en el laboratorio
un microbio marciano! ¡Fascinante!

Mientras tanto...

Eh... yo también soy fascinante, Y ME ESTOY EXTINGUIENDO
PORQUE NO HAY FONDOS PARA LA CONSERVACIÓN DE MI ESPECIE.

Al diablo con la conquista de Marte. Mejor concentrémonos en cuidar nuestro planeta, que bien bonito podría estar si no fuéramos tan idiotas.

G. E.

22 de abril de 2011

OCTAVA SEMANA DEL GHM

¿Qué hacen los monstruos cuando están aburridos, aparte de devorar gente, chupar sangre, destripar adolescentes o destruir Tokio? Como en el castillo del Gran Hermano con monstruos los asesinatos no están permitidos (excepto a los cobradores de impuestos), nuestros monstruos buscaron una manera más saludable de pasar el tiempo libre: ¡jugar al hockey usando los cráneos de las catacumbas del castillo!

Se armaron dos equipos con los participantes que restan en el concurso: Rodolfo, Drácula y Bernarda por un lado, y 0010110, el monstruo bajo la cama y Bublob por el otro. Atatrix tomó el papel de árbitro y Medusa se dedicó a hacer de animadora.

[Traducido del griego antiguo:] ¡Me encanta agitar pompones!

Antes de eso, sin embargo, los participantes del GHM pasaron buena parte de la semana aprendiendo a usar los patines. No les resultó sencillo; muchos de ellos tienen práctica en pisotear y destruir, pero patinar requiere un poquito más de coordinación corporal. Menos mal que los monstruos son resistentes y aguantan bien las caídas :-)

Dado que ni Bernarda ni Bublob pueden usar patines (una por falta de pies, el otro por pies muy blandos), los dos ocuparon las porterías de sus respectivos equipos. La falta de rapidez a la hora de atajar los cráneos la compensaron con barreras de baba y algas resbalosas :-D

Debo decir que todos los partidos fueron emocionantes. Si los jugadores de hockey ya son bastante bestias en la vida real, imagínense a un montón de monstruos competitivos.

¡GRRRRRRRRRR!

Menos mal que Drácula es inmortal, porque el monstruo bajo la cama sí que pega duro. Hizo trizas unos cuantos cráneos a lo largo de cada partido. Sin embargo, ni el conde ni Rodolfo se quedaron atrás, y respondieron cada maniobra con igual ferocidad.

Por desgracia... bueno, era de esperarse que tarde o temprano ocurriera un accidente. De pronto Rodolfo quiso pegarle a un cráneo con su palo, erró el golpe y...


Pobre 0010110. Su cabeza salió volando fuera del castillo y cayó en el foso. Tuvimos que mandar a Bublob a buscarla, lo cual no resultó fácil porque los cocodrilos se estaban peleando por ella. Y como el agua pantanosa no es buena para los circuitos... En fin, así fue su despedida del GHM. Decidimos conmutarle su sentencia debido a la buena conducta que demostró la mayor parte del tiempo en el castillo. Si acaso recupera sus funciones cibernéticas, en lugar de ser convertido en chatarra pasará el resto de sus días en servicios de atención al cliente de Facebook. (Pensándolo bien, como Facebook siempre es un lío, quizás 0010110 escoja voluntariamente ser convertido en chatarra.)

Ahora quedan sólo siete participantes del GHM: Atatrix, Bernarda, Bublob, Drácula, Medusa, el monstruo bajo la cama y Rodolfo. ¡No olviden votar por su favorito, si todavía no lo han hecho!

G. E.

Siguiente entrada: NOVENA SEMANA DEL GHM.

16 de abril de 2011

¡VOLANDO SOBRE MI DRAGÓN!

Ha pasado un largo trecho desde que mi dragón Donald era un bebé y dormía en mis brazos. Qué tiempos aquellos, ¿eh? :-) Pero todos los bebés tienen que crecer. Como escribí en entradas anteriores, mi dragón ya tiene un empleo y también ha aprendido a rugir. Está grandote y pesado, aunque no ha perdido su simpatía ni sus ganas de jugar.

El otro día estábamos los dos muy aburridos, y de pronto Donald se levantó y me puso esa cara que ponen los perros cuando de repente se les ocurre que quieren jugar a la pelota. Claro que jugar a la pelota es un pasatiempo vulgar perruno que no resulta adecuado para mi tremenda bestia mitológica, de modo que las intenciones de Donald eran bastante diferentes.

Una vez fuera de la casa, Donald me hizo unos gestos. ¡Quería que me subiera a él como si fuera un caballo! Pensé que tal vez quisiera dar un paseo tranquilo por ahí (y quizás rugirle a algún transeúnte estúpido de los que tiran basura a la calle). Pues bien, me subí. Entonces Donald tomó carrera ¡y levantó vuelo conmigo encima! ¡Uuuuuaaaaa! De pronto estábamos a cinco mil metros de altura por encima de las nubes, y yo...


No. No les temo a las alturas. Ni le temo a volar. ¡Es que una de las espinas del lomo de Donald se me estaba clavando en el trasero! (De verdad, juro que no estaba gritando por el hecho de que bajábamos en picado a 180 km/h, de camino a un duro suelo de cemento que nos rompería todos los huesos si Donald no apuntaba de nuevo hacia arriba en los próximos cinco segundos.)

Aterrizamos, le corté dicha espina con un serrucho (no le dolió, fue como cortarle las garras) y volvimos al aire.


¡Hacía tiempo que no me divertía tanto! Aunque para la próxima vez que volemos juntos debo recordar algunos detalles:

1. Atarme el pelo en una trenza. Tardé una hora en desenredarlo, y encima saqué de entre los nudos unas cuantas plumas de gaviota (no pregunten).

2. No abrir la boca en pleno vuelo. Hay bichos.

3. Por más que las nubes se vean esponjosas, NO se puede saltar sobre ellas como si fueran de algodón.

4. Los aviones comerciales no se apartan del camino de un dragón con tanta rapidez como una desearía.

5. Tal vez no sea mala idea conseguir un paracaídas. O como mínimo un cinturón de seguridad y un casco.

Aparte de lo anterior, estoy feliz. De hoy en adelante voy a ahorrar un montón de dinero en transporte :-)

G. E.

10 de abril de 2011

SÉPTIMA SEMANA DEL GHM

Esta vez no ocurrió nada extraño en el castillo del Gran Hermano con monstruos. En lugar de eso, ¡tuvimos una boda! ¡Sí! ¡Bernarda la científica mutante y Bublob el monstruo del pantano decidieron dar el gran paso justo en medio del concurso! ¿No es enternecedor? Debido a ello, pasamos los seis días anteriores decorando el castillo. Vestimos a los murciélagos con tules, pegamos luciérnagas a las telarañas de los rincones, contratamos una banda de música gótica, e incluso sir Gandolfo colaboró un poquito, una vez que prometió no hacer barbaridades (las cabezas cortadas no quedan bien en las bodas, ni siquiera en bodas de monstruos).

Aracne tejió el vestido de la novia con seda natural. Rodolfo se encargó de cazar la carne para la cena, el monstruo bajo la cama se limitó a gruñir de felicidad, Medusa nos prestó a Pegaso para tirar de la carroza nupcial, y dejamos a los fantasmas japoneses a cargo de las fotografías y filmaciones. Mientras tanto, Atatrix y 0010110 (ambos muy organizados y metódicos), se pusieron de acuerdo para enviar las invitaciones, ordenar los espacios de estacionamiento y acomodar a los invitados en sus respectivas mesas. Esto último no fue tarea fácil, por cierto: como todos los invitados eran monstruos venidos de otras partes del mundo, había que sentarlos de tal manera que no causaran problemas, ya fuera que se devoraran/mutilaran unos a otros o se pusieran de acuerdo para llevar a cabo algún plan de dominación mundial.

Los cocodrilos del foso, vestidos de traje y corbata, fueron los mozos a la hora de la cena. Se portaron bastante bien, aunque mordieron a algunos monstruos en los tobillos al pasar por debajo de las mesas (es difícil abandonar ciertas costumbres).

Debido a sus largos años de vida, el conde Drácula tuvo tiempo en algún momento de volverse juez de paz, de modo que no necesitamos traer a nadie de afuera para llevar a cabo la ceremonia. Menos mal. Probablemente algún monstruo invitado se habría comido a cualquier juez o cura humano que apareciera en el castillo.

La ceremonia fue muy bonita, y pronto Bernarda y Bublob quedaron felizmente casados, en la riqueza y la pobreza, en la enfermedad y la salud, con lluvia o sequía en el pantano, monstruos y babosos hasta el día que la muerte los separe.


¡Que vivan los novios!

La luna de miel será dentro del castillo, aunque después los dos recibirán pasajes gratis a Transilvania (cortesía de Drácula), y si ninguno de ellos gana el concurso (cuyo premio era el castillo), se mudarán a los Everglades de donde viene Bublob (cada monstruo con su pantano, como supongo diría Shrek).

Al final de la ceremonia pasó algo gracioso: Bernarda arrojó el ramo y quien lo atrapó al vuelo fue... 0010110. Pobrecito. Quedó algo desconcertado. Es que los robots con cerebro de computadora no tienen aspiraciones románticas, de modo que atrapar ese ramo fue para él como si le hubieran dado una aspiradora a un estegosaurio.


Al final de la semana, Aracne se despidió de los recién casados y el resto de los monstruos, dado que fue seleccionada para retirarse del concurso. ¡Adiós, Aracne! Espero que no volvamos a tener plagas ahora que te has ido.

Si aún no han votado en la encuesta (columna de la izquierda), les recuerdo que también se han ido Frankie, Martín el gólem y Matilda la zombi.

¡Hasta la próxima entrega del GHM!

G. E.

Siguiente entrada: OCTAVA SEMANA DEL GHM.

4 de abril de 2011

CICLO DE LA MONARCA

Hay una observación (o queja) que suelo escuchar a menudo: "Ya no se ven tantas mariposas como antes."

Sí, es cierto. En el campo hay menos mariposas por el uso indiscriminado de pesticidas (que parece que matan cualquier cosa menos a las plagas), y en la ciudad hay menos mariposas porque... ¡las personas no tienen la más pálida idea de lo que debería ser un jardín!

No, en serio, ¿qué es lo que veo cuando salgo a pasear por mi barrio? Pasto, pasto, pasto y más pasto (verde y prolijo como si fuera un campo de golf), y quizás esas típicas flores cultivadas como los pensamientos o los narcisos. ¿Y saben qué? ¡A las mariposas no les gusta nada de eso!

Para empezar, las pobres no tienen ni dónde poner sus huevitos. ¿Acaso creen que las mariposas surgen por generación espontánea? Pues no. Las mariposas salen de orugas, y las orugas tienen que comer. Las plantas que comen las orugas suelen ser malezas poco vistosas, y no se usan como plantas ornamentales. Y al que no le gusten las orugas, mala suerte, porque son el paso previo a las mariposas y hay que aguantarlas, no aplastarlas con el zapato.

Yo vivo en un barrio lleno de casas y edificios, y casi no hay mariposas en los jardines salvo en el mío. Mi jardín siempre tiene mariposas rondando en los días cálidos, porque hay varias especies de plantas que proveen néctar para los adultos y comida para las orugas. Suelo criar mariposas todos los veranos, excepto cuando hay sequía (las orugas y la falta de agua no se llevan demasiado bien).

Una de las mariposas que me gusta criar es la Monarca sudamericana, Danaus erippus (la Monarca norteamericana es Danaus plexippus).

Las Monarcas se alimentan de plantas de la familia Asclepiadaceae (los reto a que digan esa palabra rápido cuatro veces sin que se les haga un nudo en la lengua). Tengo tres especies de asclepiadáceas en mi jardín:

Asclepias curassavica

Asclepias fruticosa

Asclepias physocarpa

¿Verdad que la tercera está genial? A todo el mundo en mi barrio le llaman la atención esas enormes pelotas con pinchos :-D Las pelotas son las vainas que contienen las semillas. Al principio están huecas; luego se abren y dejan salir las semillas, que se van flotando en una nube de pelusilla (o sea, suelen aparecer plantas en cualquier grieta o jardín en un radio de 100 metros alrededor de mi casa).

Estas tres especies requieren sol y agua. Nada más. No son muy exigentes con respecto al suelo. Eso sí: son tóxicas para los animales, así que no hay que dejar que las mascotas se las coman (vaya que no es fácil limpiar el vómito de perro/gato en las alfombras).

Otra planta que pueden comer las orugas de la Monarca sudamericana es Morrenia odorata, una enredadera que también pertenece a la familia Asclepiadaceae. Es bastante invasiva: la tengo en mi jardín, y aunque raras veces llega a dar semillas (porque la corto), igualmente aparece por todos lados.

Una vez que están las plantas, es casi seguro que si existen Monarcas en la región donde uno vive, ellas las encontrarán y pondrán ahí sus huevitos.


Es fácil encontrar los huevitos (si uno presta atención y no le falla la vista de cerca). Aparecen en la mitad de la primavera y son del tamaño de una cabeza grande de alfiler. De ahí salen unas oruguitas blancas con cabeza negra, de medio centímetro de largo. Básicamente una oruga es un enorme tubo digestivo con patas, y su única misión en la vida es comer y engordar lo más posible (¡¡qué envidia, no tienen que preocuparse por la obesidad!!). Son mascotas bastante interesantes, si uno no tiene repulsión por cualquier cosa que parezca un gusano. Suelo criarlas en cajitas de plástico, que lavo todos los días para evitar enfermedades infecciosas (las orugas tampoco se salvan de los podridos microbios).


Aquí hay una foto de mis chicas, comiendo muy contentas. Es importante lavar y secar las hojas con una toalla, porque además de microbios, las orugas tienen parásitos: moscas. Las podridas moscas ponen sus huevos en las hojas que comen las orugas, y si una oruga come uno de esos huevos y luego se convierte en crisálida, la larva de la mosca se comerá a la crisálida por dentro, hará un agujero y saldrá a hacer su pupa. O sea, en lugar de una bella mariposa obtendremos una mosca repugnante. Puaj.

Cuando la oruga está lo bastante gorda (unas 5 mudas de piel más tarde), deja de comer y busca un sitio donde colgarse boca abajo. Para ello hace un montoncito de seda, pega ahí el trasero y se quita la piel desde la cabeza hacia la cola (todo el proceso tarda unos 2 días). La crisálida se endurece y termina viéndose así:


Advertencia: ¡¡¡no hay que dejar que las orugas estén en contacto con las crisálidas antes de que se endurezcan!!! Al parecer las orugas tienen algo así como una faceta vampírica/caníbal: si encuentran una crisálida todavía blanda, ¡le chupan todo el líquido!

Ñam, ñam, ñam...

Ugh. Qué falta de solidaridad con la propia especie. Puestos en ello, también conviene separar a las orugas por tamaño, porque a veces se picotean entre sí.

A los 15-30 días, la crisálida cambia de color y muestra el diseño de la mariposa por debajo de la cáscara. Eso significa que saldrá en las próximas horas.

¿Ya puedo salir? ¿Ya puedo salir? ¿Ya puedo salir?

Y entonces, ¡tadáááááá!, se produce el milagro: del bicho que era un tubo digestivo con patas obtenemos una mariposa.


Eh... bueno, primero tiene que estirar las alas, bombeando el líquido del abdomen hacia ellas. Ni modo que pudiera volar con esas alitas pequeñas y arrugadas (hay ciertas leyes inevitables de aerodinámica).

Poco a poco las alas se estiran y aplanan. Luego se endurecen (esto tarda unas horas).


Y después de eso, voilà!, ya tenemos una mariposa lista para volar. Hay que ponerla al sol un rato para que se caliente (las mariposas son ecológicas: funcionan con combustibles naturales y energía solar), y luego se irá volando hacia donde le dé la gana.

¿Verdad que estoy chula?

La mariposa en mi mano es una hembra. El macho tiene venas más finas en las alas y dos bolitas en las alas posteriores. NO, NO SON TESTÍCULOS. Son unos órganos de olor (pfff, siempre la misma suposición).

¿Verdad que estoy chulo?

A diferencia de las Monarcas norteamericanas, que tienen rutas definidas de migración, las Monarcas sudamericanas no se organizan para soportar el invierno. Al parecer van solas y a su aire (o sea, no las podemos explotar como atractivo turístico).

Lo importante es que siempre vuelven a mi jardín :-)

G. E.


Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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