INCOMPATIBLES - Ella quería conquistar al cerebrito de la clase. Él estaba determinado a ignorarla... hasta que descubrió su secreto. UNA RELACIÓN PERFECTA - Historias románticas contemporáneas con un poco de arte en cada una. BESO ROBADO - Lina conoce a dos bailarines de ballet: uno que le gusta... y otro que hará de todo para conquistarla. LOBO DE LUNA - La amistad inquebrantable entre una criatura del bosque y un lobo de otro mundo. EL REY Y EL PÁJARO BLANCO - Había una vez un joven rey y un ave blanca con un secreto extraordinario. RELATOS DE AMOR Y SANGRE - A menudo el amor sale terriblemente mal... AMOR SANGRIENTO - Él está muriendo de un cáncer terminal. Ella tiene un secreto escalofriante. OSCURA SALVACIÓN - Historias sobre amor y salvación... plagadas de horror y oscuridad. Haz clic en las portadas para leer las muestras gratuitas. Ve a la página SOBRE MIS LIBROS para ver todo mi catálogo. ¡Gracias por apoyarme!

27 de junio de 2011

ARTE MODERNO HORRIBLE

Francamente, a veces dudo del significado de la palabra "arte". Es decir, refiriéndome a las artes plásticas (pintura y escultura), no a todas las definiciones del vocablo en cuestión.



Entiendo que el arte no tenga que ser necesariamente bello, por más que en el pasado fuera un requisito más o menos obligatorio (la gente rica les pagaba a los artistas para que decoraran sus casas, y seguro no querían obras feas). El Guernica de Picasso no es una obra que nos haga suspirar de tan hermosa que es, pero tiene un significado importante y hay un sentido de la composición y el drama. O sea, no creo que nadie cuestione la validez de El Guernica como obra de arte, le guste o no. (En lo personal, no colgaría ese cuadro en mi pared. Me entristece. Además, ¡es demasiado grande! Aunque sí me gustaría tener suficiente dinero para comprarlo. Pero me lo gastaría en otras cosas, claro, empezando por un camión lleno de chocolate de todas las clases. Y un poni. Y si fuera un poni-unicornio o un poni con alas, pues mejor. Eh... creo que ya me distraje.)

En fin, luego tenemos el arte abstracto. Como las pinturas de Jackson Pollock, que básicamente son manchas sobre un lienzo. Pero me gustan. Es decir, son manchas organizadas, por decirlo de alguna manera. Sigue habiendo un sentido de la composición y el color, y aunque las manchas no representen nada, digamos que todavía quedan bien.

Por si lo anterior no fuera suficiente, ahora existe el arte fractal, que es la representación visual de fórmulas matemáticas. Me encanta el arte fractal, y puede ser tanto abstracto como representativo. Les pongo dos imágenes creadas por mí:



¿Qué puede ser más moderno que el arte hecho a partir de las MATEMÁTICAS? Pero de ninguna manera es arte moderno horrible.

El "arte" moderno horrible al que me refiero es el que me resulta verdaderamente espantoso por el hecho de que A) me dan ganas de sacarme los ojos cuando lo veo y B) no me parece que se requiera ninguna habilidad especial para crearlo.

En serio, ¿un montón de basura pegada de cualquier manera y montada sobre un pedestal es arte? ¿O un cuadro que fue realizado arrojando la pintura al lienzo como si fueran bombas de agua o algo así?


A decir verdad, veo "obras de arte" en este estilo y empiezo a rechinar. Y rechino todavía más cuando veo que encima les ponen precios de miles de dólares. Y ni hablemos del rechinamiento que me produce saber que alguien paga esos miles de dólares por algo que yo tiraría a la basura sin pensarlo dos veces.

Ugh. Llámenme anticuada, pero hay cosas que simplemente están fuera de mi entendimiento. (Puestos en ello, tampoco le veo el encanto al reggaeton o la cumbia villera. No cuando crecí escuchando a Mozart y Beethoven, y más recientemente a Epica.)

Si decidiera gastar mi dinero en arte contemporáneo en lugar de chocolate, me quedaría con algo mejor. Como esto (de Stephanie Pui-Mun Law):


Pero nunca llamaré "arte" a algo que parece sacado de un vertedero. Porque una tiene principios :-P

G. E.

21 de junio de 2011

DECIMOTERCERA SEMANA DEL GHM

¡El público ha votado y ya sabemos quiénes serán los finalistas del Gran Hermano con monstruos! Tras una competencia reñida, con diversos accidentes, trampas mortales, malentendidos varios y mucha, mucha monstruosidad, los participantes que quedan en pie son... ¡Drácula y el monstruo bajo la cama! ¡Un aplauso, por favor!

Esto nos deja con una participante más que se va: la marciana Atatrix. No se marchará del planeta Tierra, sin embargo, ya que aún está vigente su campaña para evitar la estúpida conquista de Marte.

Al igual que a Rodolfo, le hicimos una fiesta de despedida con música, comida (terrestre y marciana) y lucecitas de colores colgadas de las telarañas del castillo.

¡Pero esta vez las cosas no fueron tan alegres ni pacíficas! En medio de la fiesta aparecieron unos visitantes indeseados: ¡murciélagos vampiro mutantes! Irrumpieron a través de las ventanas y se abalanzaron sobre toda criatura con sangre (caliente o fría).


Las miradas apuntaron a Drácula, pero él se encogió de hombros y dijo que no tenía nada que ver con el asunto, ya que sus propios murciélagos son por completo normales. Entonces se escucharon golpes en la puerta y le abrimos al doctor Roderic Frankenheimer, quien entró corriendo en un estado de nerviosismo y desesperación. Al parecer los murciélagos eran un experimento fallido y de algún modo habían escapado de su laboratorio, el cual está cerca del castillo.

¡La que se armó! Los murciélagos vampiro mutantes, con más dientes que una piraña, mordieron a todo el mundo, y ni siquiera los cocodrilos se salvaron (pobrecitos, quedaron llenos de agujeros). El monstruo bajo la cama devoró algunos, pero quien acabó con la plaga fue Atatrix, furiosa a causa de la interrupción. Esto era de esperarse, claro, porque a nadie le gusta que interrumpan una fiesta en su honor. Atatrix sacó su pistola de rayos, la puso en modo de desintegración y empezó a dispararles a los murciélagos como una experta tiradora del Viejo Oeste (de Marte). La mitad de los murciélagos fueron reducidos a cenizas. En cuanto a la otra mitad, Atatrix los despachó a puntapiés (sus patadas de artes marciales marcianas son realmente devastadoras).


El dr. Frankenheimer se disculpó y le agradeció a Atatrix que no matara a todos los murciélagos, ya que todavía los necesitaba para terminar su experimento. No nos dijo cuál era ese experimento, sin embargo, lo cual levantó ciertas sospechas. Mmm, habrá que hacer una investigación para averiguarlo.

En fin, una vez acabada la plaga de murciélagos vampiro mutantes, la fiesta siguió su curso, y por último Atatrix empacó sus maletas y se retiró en su auto volador. Esperemos que tenga suerte en su campaña.

Si no han votado en la encuesta (está en la columna de la izquierda), recuerden que sólo quedan dos participantes. ¡Que gane el más monstruoso!

G. E.

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15 de junio de 2011

LOS PERROS CONTESTAN

Recibí toneladas de cartas de protesta por el artículo donde doy las razones por las que prefiero a los gatos. Muchas de ellas eran de propietarios de perros, pero otras fueron escritas directamente por los perros y firmadas con huellas de patas entintadas. Y como estoy dispuesta a dar derecho a réplica, aquí les va una de esas cartas (publicada con el permiso de su autor, claro).

Querida Gissel (¡guau guau!):

Quedé un poco ofendido por tu artículo sobre los gatos, ya que los perros también tenemos buenas cualidades.

Para empezar, la sensatez de los gatos está sobrevalorada. Los gatos quizás no se hagan los tontos ni coman cosas raras, pero ¡son unos aburridos! Los gatos duermen unas 23 horas al día y sólo se levantan para comer. Juegan con sus bolas de lana cuando son chiquitos, pero luego crecen y pierden toda la gracia. En cambio, los perros SIEMPRE somos divertidos y estamos dispuestos a correr aventuras. Además, con la epidemia de obesidad, ¡hasta proveemos un servicio a la humanidad, ya que sacamos a pasear a esos dueños que de otra forma pasarían el día entero sentados trabajando o viendo la tele!


Uh. Está pasando un automóvil. Voy a ladrarle, enseguida vuelvo.

¿En qué estaba? Ah, sí. Iba a hablar sobre la autoestima. Bueno, no es que los perros no tengamos autoestima. Lo que pasa es que somos HUMILDES, a diferencia de los gatos que se creen superiores por ver en la oscuridad y retraer las uñas. Puestos en ello, nosotros tenemos mejor olfato y no vamos presumiendo por ahí, ¿verdad?

Mi dueño acaba de llegar. Ya regreso, tengo que darle la bienvenida.

Como decía, los perros somos humildes Y AUN ASÍ LOS HUMANOS NOS HAN DEDICADO MONUMENTOS Y PELÍCULAS. Por algo será, ¿no? Los gatos habrán sido adorados en Egipto por cazar ratas y todo eso, pero nosotros tenemos una larga lista de hazañas propias que nos han ganado el respeto de la gente: guiar a los ciegos, ayudar a los sordos, rescatar personas en sitios de catástrofe, transportar a los esquimales en trineos, atrapar delincuentes, salvar a nuestros dueños en diversas situaciones peligrosas, demostrar una lealtad impecable y un largo etcétera. ¿Cuántas películas hay con gatos como héroes? Casi ninguna. ¿Y con perros? ¡¡MONTONES!! Y por algo hasta hay una que se titula Todos los perros van al cielo. ¿Dónde está la película Todos los gatos van al cielo? ¿Verdad que no existe? ¡Ja!

Los perros somos lo más cercano en el reino animal a los superhéroes.


Y no soportaremos que se nos critique por ser serviciales. ¿Desde cuándo llevarle las pantuflas o el periódico a quien te da de comer es mala cosa? ¡¡Eso se llama AGRADECIMIENTO!! Los gatos deberían aprender el significado de esa palabra. La mayor parte del tiempo, los gatos tratan a sus dueños como esclavos y muebles de sangre caliente. Qué vergüenza.

Tampoco aceptaremos que se nos critique por ladrar. Sí, bueno, a veces nos pasamos, ¡pero existe algo llamado "libertad de expresión"! Los perros tenemos derecho a ella igual que cualq...

¡Una ardilla! ¡La voy a atrapar!

Esto... Oh, ya, los perros tenemos el derecho de expresarnos como cualquier otra criatura. De hecho, los pájaros comienzan a expresarse apenas amanece y nadie los regaña por eso. En cambio, hasta les escriben poemas.

Y sí, los gatos serán más ágiles, ¡pero eso es para escapar del peligro aunque dejen al dueño atrás! Nosotros, por el contrario, corremos hacia el peligro y le mordemos el trasero, sobre todo si hay alguna amenaza para nuestros queridos dueños.

Con respecto a la higiene, lo que pasa es que los gatos son unos maniáticos de la limpieza. Nosotros vamos con nuestros dueños, sobre todo los niños, y nos ensuciamos con ellos porque ES LO MÁS NATURAL. Así nos inmunizamos contra todas las enfermedades y de paso nos divertimos. ¿Y qué más da si a veces olemos feo? Para algo los humanos inventaron el jabón y los desodorantes.

¡¡Mi dueño está comiendo salchichas!! ¡¡Me voy a pedirle una!!

Por último, la mayor razón para querer a los perros es que nosotros queremos a la gente. Los gatos son unos aprovechados. Los perros, por otro lado, damos amor y compañía sin pedir mucho a cambio.


Por eso hacen bien quienes prefieren a los perros.

Saludos.

FIDO

PD: Me encantó el artículo El perrito con dolor de dientes.

Saludos, Fido, y gracias por tu carta. No puedo discutir esos argumentos (aunque sigo prefiriendo a los gatos).

G. E.

9 de junio de 2011

DECIMOSEGUNDA SEMANA DEL GHM

¡Falta un episodio menos para la gran final del Gran Hermano con monstruos! Considerando el número de votos, esta semana le tocó marcharse a Rodolfo, el hombre-lobo. Pese a que no fue tan votado como sus competidores, decidimos hacerle una fiesta especial debido a los numerosos servicios prestados, entre ellos: cocinar para los demás participantes a lo largo de todo el GHM, comerse algunas de las ranas mutantes que atacaron el castillo, y asustar a Freddy y a una niña de ultratumba japonesa que también se metieron sin permiso. Claro que también se comió a una de las vacas y decapitó al robot 0010110, pero bueno, no fue con mala intención.

En fin, como Rodolfo es mexicano, la fiesta también fue al estilo de ese país, con mariachis, tequila y mucha comida picante. Los monstruos rompieron una piñata al final de la celebración, y luego Rodolfo, su loro Paquito y algunos cocodrilos divirtieron a todos con unas cuantas acrobacias.


(Me da la impresión de que en realidad Paquito no estaba en condiciones de levantar tanto peso. Espero que no haya quedado dolorido, el pobre.)

Los tres competidores restantes despidieron a Rodolfo con sendos regalos: Drácula le dio una casa en Transilvania con ciudadanía incluida, para que así ya no tenga que vivir ilegalmente como cuando estaba en Alaska; el monstruo bajo la cama le regaló una hermosa cama de baldaquín (podrá dormir encima o debajo de ella, según sus preferencias); y, por último, Atatrix lo invitó a pasar unas vacaciones en Marte con todos los gastos pagados (aunque no sabemos si lo hizo por generosidad o para que Rodolfo liquide la plaga de monstruos con tentáculos que tienen por ahí).

Quedan, entonces, tres participantes en el castillo: Drácula, Atatrix y el monstruo bajo la cama. Pueden votar por ellos en la nueva encuesta que acabo de poner en la columna de la izquierda (donde ya figura la diferencia de votos que tenían al momento del cambio).

¡Sigan pendientes de la competencia, que esto aún no acaba!

G. E.

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3 de junio de 2011

PREFIERO A LOS GATOS

Antes que nada, debo aclarar algo: me gustan los perros. Nunca he tenido uno pero sí he hecho amistad con unos cuantos, y en la clínica veterinaria donde trabajo los trato estupendamente para que el trauma de la visita les resulte lo más llevadero posible.

Listo. Ahora sí puedo comenzar con el tema de hoy: las razones por las que, a pesar de que me gustan los perros, prefiero a los gatos.

RAZÓN 1: SENSATEZ

A mí que no me digan lo contrario; los gatos son bastante más avispados y sensatos que los perros. Hay comportamientos perrunos que un gato JAMÁS imitaría, por ridículos, nocivos o simplemente agotadores. Un gato no persigue su propia cola, no ingiere cualquier porquería, no va corriendo detrás de los automóviles ni se hace el tonto a propósito. Vamos, hay documentales sobre perros que han comido cosas tan disparatadas como lencería, cajas de cartón, dinero y anzuelos. ¿Qué gato sería tan cabeza hueca como para poner su salud en peligro de esa manera? Encima, una vez vi a un dálmata salir corriendo para ladrarle a un autobús. No terminó muy bien que digamos. No debe de haber un solo caso en todo el mundo de un gato que se haya metido debajo de un autobús a propósito.

Perro: ¡¡Colacolacolacolacolacola!!

RAZÓN 2: AUTOESTIMA

Después de mucho observar a los perros y los gatos, he concluido que en realidad la mayoría de los perros no tienen autoestima. Debido a la mentalidad de jauría, un perro subordinado siempre va a ser lamentablemente servil, mientras que el gato, por más que uno lo mime y trate de darle órdenes, actuará según su propia conveniencia.

¡¡Te quiero, te quiero, te quiero!!
¿¿Quieres ser mi amigo?? ¡Porfis, porfis, porfis!

No me molestes, estoy descansando.
Iré contigo cuando acabe mi siesta.

(Nota: esa adorable perrita era de un vecino; el gato es el mío en su actitud más habitual.)

La falta de autoestima de los perros nos viene bien a los humanos, ya que harán casi cualquier cosa que les pidamos (desde capturar criminales hasta olfatear drogas). Pero vamos, el gato hace bien en no obedecernos. Se ahorra un montón de inconvenientes y gana en dignidad.

RAZÓN 3: ASTUCIA

Nadie discute que los perros sean inteligentes (bueno, salvo el dálmata que acabó bajo el autobús; ése debía de ser rematadamente estúpido). Los gatos, sin embargo, son inteligentes y ASTUTOS. Los perros fueron listos al pegarse a los seres humanos por comida y cariño, ¡pero los gatos fueron considerados DEIDADES en el antiguo Egipto! ¿Qué chucho ha llegado tan alto?

Incluso hoy en día, los gatos se las arreglan para persuadir a los propietarios de que los traten como reyes sin dar a cambio mucho más que su elegante presencia (y seguramente hasta consideran que somos unos privilegiados por complacerlos).

¡Te quiero! ¿Qué deseas que haga por ti?
¿Te traigo el periódico? ¿Las pantuflas? ¿Una cerveza?

Mírame fijamente, humano. Estás en mi poderrrr.
Ahora tráeme un plato de leche y algo de jamón serrano.

RAZÓN 4: SILENCIO

Una ventaja ENORME de los gatos es que sólo hacen ruido cuando es necesario, mientras que hay una enorme cantidad de perros que se ponen a ladrar sin motivo aparente, molestando a todo el vecindario. Los perros, por ejemplo, le ladran a cualquiera que pase junto a la reja de su casa. ¿Y cuál es el punto de eso? La reja ya protege la propiedad y encima les impide espantar a los transeúntes de su supuesto territorio (lo cual tampoco tendría sentido porque la calle es un lugar público). El gato, en cambio, se desparrama tranquilamente y contempla el mundo sin hacer un solo ruido, sabiendo que él está de su lado de la reja, los transeúntes del suyo, y todos contentos. Es cierto que los perros más inteligentes hacen ruido cuando un ladrón está invadiendo la casa, pero de igual manera pueden ladrarle a una polilla gigante y entonces es difícil para el dueño captar la verdadera amenaza. El gato, en cambio, es mucho más sensible: si algo va mal, se le erizarán los pelos del lomo y saldrá corriendo, señal inequívoca de que uno debe imitarlo o llamar a la policía. Es un mecanismo de alarma muy, muy exacto. Y sin producir un escándalo.

RAZÓN 5: AGILIDAD

Aquí los gatos ganan de lejos. El perro es capaz de saltar vallas en las competencias caninas, pero el gato es mucho más preciso en sus movimientos. Si uno mete a un perro grande en la casa, cualquier objeto que esté al alcance de su rabo terminará en el suelo. El gato, en cambio, puede atravesar una mesa llena de estatuillas de porcelana sin derribar ninguna de ellas (a menos que decidiera hacerlo a propósito). Algunos perros son tan torpes y brutos que acaban lastimándose; he atendido casos de perros que se rompieron algún diente, e incluso vi a uno que se hizo una herida de treinta centímetros con la punta afilada de un parachoques, por levantarse demasiado rápido de su siesta. Los gatos son MUCHO menos propensos a los días torpes.

RAZÓN 6: HIGIENE

De nuevo, los gatos ganan de lejos. El gato no huele feo en días húmedos, se lava concienzudamente con su lengua rasposa, es capaz de quitarse sus pulgas y garrapatas, y administra él solito sus horarios para hacer popó en la caja sanitaria. Desde luego, es mucho más conveniente que bañarlo y sacarlo a pasear para que orine, como hay que hacer con los perros. El gato se mantiene limpio y suavecito, y por lo tanto no hay problema en dejar que se siente sobre los pies de uno en invierno como una bolsa de agua caliente.

Encima, los perros tienen algunas manías asquerosas, como comer estiércol de caballo, nadar en agua sucia y revolcarse sobre sustancias apestosas.

Perro: ¡Pescado muerto! ¡Adoro oler a pescado muerto!
Gato: Qué asco. Aléjate de mí, bicho mugriento.

Por todo lo anterior, y porque un escritor que se respete debe tener un gato, me quedo con mi adorado felino :-)

G. E.

Artículo relacionado: LOS PERROS CONTESTAN.


Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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