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29 de marzo de 2012

¡NO ENTIENDO A LAS MUJERES!

Sí, lo sé, el título suena rarísimo dado que YO soy una mujer. Sin embargo, es totalmente cierto. Verán, no sé si es porque además de mujer soy una cerebrito o porque mi mente está configurada de un modo más masculino (salvo, claro, por la cuestión del fútbol), pero las mujeres me parecen, a menudo, unos seres bastante incomprensibles. Queridos lectores hombres, sepan que entiendo su exasperación por culpa del sexo opuesto. Yo también me exasperaría. De hecho, ya me exaspero bastante.

Voy a pasarles la lista de cosas típicamente femeninas que escapan a mi comprensión.

LAS INDIRECTAS. Hete aquí la primera manía femenina que me deja confundida. En serio ¿de qué sirven las indirectas si la mayor parte de las veces los receptores son hombres, y ya se sabe que los hombres en general no las captan? Puestos en ello, YO TAMPOCO LAS CAPTO. Mi mente funciona de manera muy directa, y la verdad es que ni ganas tengo de ponerme a descifrar acertijos femeninos. ¡Que la vida ya tiene bastantes cosas ilógicas de las que debo preocuparme, demonios! Si quieres que haga algo, dímelo. Si no te gusta algo sobre mí, dímelo (no me ofenderé si es una crítica razonable y constructiva; de lo contrario, te pegaré con mi cachiporra). Prefiero reservar mis procesos mentales para tareas más importantes, gracias. Además, no tengo vocación de criptóloga.

NO MIRES [INSERTAR AQUELLO QUE NO SE DEBE MIRAR]. Esto es TOTALMENTE TÍPICO de las mujeres. Si un hombre no quiere llamar la atención sobre un defecto (sea del tipo que sea), ¿qué hace? Lo disimula. Mira para otro lado. Trata de distraerte con cualquier otra cosa. En cambio, una mujer va a decirte, por ejemplo, "no mires mis zapatos porque están sucios", "no mires ese mueble porque tiene un agujero", "no te fijes en mi pelo porque no fui a la peluquería". Ajá. Muy bien. La verdad, ni lo había notado hasta que lo mencionaste. Y aunque no lo hubieras mencionado, la verdad es que me daba igual, de veras. (Menos mal que las mamás aves no tienen esta costumbre. Serían capaces de decirle a una serpiente que no se fije en tal o cual rama del árbol porque su nido está algo desordenado... y la serpiente iría de inmediato a comerse los huevos.)

RENCORES RIDÍCULOS. Otra costumbre extraña a la que no le veo lógica de ninguna clase. Cuando estaba en la facultad y tenía un grupo de amigas, era común que se pusieran a hablar mal de alguna otra compañera "porque no me saludó esta mañana" o "porque me miró feo cuando le dije tal cosa a Fulana". Y así por el estilo. Al final, la mitad de las chicas que yo conocía estaban peleadas con la otra mitad por razones que no tenían sentido alguno se miraran por donde se mirasen, y yo suspiraba de resignación preguntándome cómo hacer para continuar viviendo con mi feliz filosofía a lo hakuna matata.

LAS TELENOVELAS. Entiendo por qué los hombres son fanáticos del fútbol, pero no entiendo por qué a las mujeres les gustan las telenovelas. Sobre todo las que son malas de verdad, o sea, aquellas en las que hace falta una semana entera para que un personaje diga o haga lo que venía planeando desde la semana anterior. Prefiero sentarme a ver cómo alguien decapita a alguien en Juego de tronos. Es más dinámico, menos dramático y definitivamente MUCHO menos aburrido. [Gissel agita una banderita de Team Daenerys en la mano izquierda y una banderita de Team Tyrion en la mano derecha.]

ESOS GUSTOS CATASTRÓFICOS PARA LOS NOVIOS. Aquí podría mencionarles tropecientos casos, y no hay un rango de edad específico. Desde la adolescencia hasta la madurez, hay mujeres que no dan pie con bola en cuestiones de relaciones románticas (sí, acabo de usar una analogía deportiva). He visto mujeres enamoradas/casadas con hombres que las menosprecian/desprecian en público o las tratan de esclavas, empleadas domésticas u objetos sexuales. Incluso tuve una amiga a la que no parecía importarle que su novio fuera un oso celoso y le diera bofetadas de vez en cuando (era más tonta que un pollo, la pobre; por suerte me hizo caso y dejó a ese novio... para buscarse otro que era apenas un poco mejor). ¿En serio, chicas? ¿Para eso hubo tantas generaciones detrás de nosotras peleando por los derechos femeninos? ¿Para que ustedes elijan pareja con los ovarios y no con el cerebro? Mí no comprender.

TORTURAS AUTOIMPUESTAS EN NOMBRE DE LA BELLEZA. Aquí va casi todo lo que yo me rehúso a hacer: horas de peluquería y maquillaje, uso de tacones, depilaciones en zonas que jamás deberían depilarse, implantes de tetas/labios/culo/etc. Cosas que, además de temporales, dolorosas y/o caras, a menudo son incluso peligrosas para la salud. ¿Qué es esto, algún atavismo tribal, como lo de las mujeres africanas que se ponen platos en los labios? ¿No deberíamos haber superado las flagelaciones sexistas? ¿Qué dije arriba sobre las generaciones de mujeres que pelearon por la igualdad de derechos y la posibilidad de usar cómodos pantalones en lugar de faldas con miriñaque? De acuerdo, hay que estar presentables, pero esto ya me parece una exageración.

SENTIMENTALISMOS, NEUROSIS Y DRAMAS. Sí, entiendo que al parecer las mujeres estamos más conectadas con nuestras emociones, pero hay algunas con tantos vaivenes emocionales que parecen una de esas montañas rusas con veinte vueltas de cabeza y caídas a velocidades extremas. Y luego está la cuestión de los músicos. Esto lo confirmé en un artículo escrito por un hombre, además: algunas mujeres no se limitan a tener preferencias musicales, sino que necesariamente tienen que desarrollar una especie de amor platónico por el artista en cuestión. Cuando en Argentina murió el cantante Rodrigo Bueno, hubo jovencitas que se suicidaron. Y esto no me lo estoy inventando (pobres chicas, pobres padres). Cada vez que me encuentro con mujeres así... juro que preferiría meterme en una reunión de hombres hablando de fútbol. Me aburriría, pero al menos no perdería mi paz mental. Ah, y también está eso de culparse por todo. ¿La dejó su novio? ¿Las amigas la tratan mal? ¿No se lleva bien con la suegra? ¿Enfermó de algo? Algunas mujeres analizarán la situación, pero muchas otras van a culparse automáticamente por lo que sea que anda mal en sus vidas, aunque no tengan la culpa. Se lo pasarán deprimidas, arrastrando los pies por la casa, llorando y comiendo cosas que engordan. A mí me dan ganas de sacudirlas para hacerlas entrar en razón. Cariño, quizás tu novio te dejó porque es un patán, y quizás tus amigas o tu suegra son en verdad unas brujas, y quizás te enfermaste por causas totalmente ajenas a ti, como un gen defectuoso o un microbio resistente. Aprovecha la ocasión y échales la culpa a los políticos, que para algo están :-) Y no comas comida chatarra, que eso sólo te va a engordar.

LO DE IR AL BAÑO JUNTAS. ¿Ustedes no lo entienden, señores? ¿Se preguntan por qué carajo las mujeres van al baño juntas casi en cualquier entorno y circunstancia? Pues no me pregunten por qué lo hacen, porque he estado en el baño de mujeres con ellas y no he llegado a descifrar la cuestión. No es apoyo moral en caso de estreñimiento. No es la necesidad de chismorrear, porque las mujeres chismorrean en cualquier lado y, puestos en ello, los hombres también chismorrean. Tal vez sea (y aquí estoy especulando) que van al baño juntas por si acaso alguna se olvidó del papel higiénico, las compresas sanitarias o algún producto de belleza para retocarse el maquillaje, y necesita pedírselo a la otra. No sé. Yo soy tan práctica que las emergencias digestivas/femeninas no me pillan desprevenida, y como no uso maquillaje, me limito a refrescarme la cara en el lavabo. Y voy al baño solita, no en manada. O parvada. O como sea que se denomine un grupo de mujeres que van al baño juntas.

ENVIDIA, ENVIDIA, ENVIDIA. Las mujeres no tenemos envidia de pene. Los hombres tienen envidia de pene. Las mujeres tienen... envidia por otro montón de cosas, por lo que he notado. Que si Fulana es más delgada, o más rubia, o tiene un mejor novio/auto/sueldo, que si Mengana se compró un bolso, o unas botas, o un collar, que si Zutana va a pasar el fin de semana en un spa. Blablablá. ¿Que el machismo es un asco? Sí, señores, es un asco, no lo olviden. Pero también me da asco que algunas mujeres sean tan arpías con sus semejantes. A ver, volvamos a la cuestión de las generaciones pasadas que lucharon por la igualdad de derechos. ¡Tenemos que querernos tal como somos, y no estar pendientes todo el tiempo de cómo son o qué tienen las demás!

CRÍTICAS, CRÍTICAS, CRÍTICAS. Esto está relacionado al punto anterior. Como máximo, un hombre encuentra a otro hombre y lo saluda, y si encuentra a una mujer, le mira la cara y el busto y asunto acabado. Pero si un hombre o una mujer se encuentran con otra mujer... más vale que se preparen para ser inspeccionados hasta el último detalle, con la mirada de un águila y el juicio reprobatorio de un sacerdote de la Santa Inquisición. Hay mujeres que miran y critican CUALQUIER COSA mentalmente. Y almacenan esa información para compartirla con otras mujeres en un momento de chismorreo malicioso (quizás en el baño, aunque ya dije que puede ser en cualquier nicho ecológico humano).

PASAR HORAS Y HORAS DE COMPRAS. Uf, vaya que entiendo a los hombres que detestan ir de compras con las mujeres. ¡Yo también lo detesto! Mi sistema de compras es muy simple: voy pensando qué es lo que quiero, busco lo que más se aproxima a lo que quiero, lo pago y salgo de la tienda. Y si no encuentro lo que busco, vuelvo en otra ocasión. ¡Listo! Pero ciertas mujeres deben probarse cincuenta cosas además de lo que quieren comprar, y comparar precios en todas las tiendas de la ciudad, e investigar a fondo la gama de colores para asegurarse de que cada cosa combine con las demás. Y después de todo eso... ¡igualmente son capaces de quejarse porque "no tienen nada que ponerse", a pesar de que el armario está lleno! Por compasión, a veces quisiera invitar a un helado a esos pacientes y sufridos hombres que acompañan a sus chicas y permiten que ellas los utilicen como perchas mientras ellas se cambian en el probador. Ni siquiera yo tengo tanta paciencia. Como alguna otra amiga/pariente intente arrastrarme en una expedición compradora... saldré corriendo en otra dirección. Y si puedo escapar hacia una carrera de monster trucks, mejor.

Bien, hasta aquí llega mi lista. Aquellos hombres que hayan asentido durante la lectura, pensando "¡sí, esto es tal cual!", siéntanse libres de dejar un comentario. Espero que ninguna mujer se ofenda, sin embargo :-P Y antes de que alguna me diga que los hombres también tienen manías incomprensibles, les diré que a los hombres los entiendo bastante mejor. Se complican menos. Y sí, algunos son algo primitivos, pero sigo comprendiendo más a un hombre que deja un par de calcetines sucios en el suelo que a una mujer capaz de aguantarse dos horas en una peluquería.

Mientras tanto, yo seguiré analizando el comportamiento femenino para ver si algún día encuentro una explicación a sus extrañas costumbres.


G. E.

23 de marzo de 2012

EL MONSTRUO DE LA ORTOGRAFÍA

Ya he dicho varias veces en este blog que soy algo bastante obsesivo-compulsiva. Y como mi segundo trabajo es escribir, es natural que parte de mi neurosis pase por ahí.

Se comprenderá, por lo tanto, ¡¡QUE DETESTE LA MALA ORTOGRAFÍA HASTA EL PUNTO DE QUE SI VEO DEMASIADAS FALTAS SEGUIDAS ME EMPIEZA A SALIR HUMO DE LAS OREJAAAASSSSSS!! ¡¡UUUUUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!

[Gissel se pone como loca y rompe algunas cosas antes de calmarse lo suficiente como para volver a la computadora y seguir escribiendo.]

De verdad, ¿tan jodidamente espantosamente mal van los sistemas educativos que no podemos tener ciudadanos con una ortografía más o menos pasable? ¿Cómo es posible que existan personas capaces de confundir "a ver" con "haber", "hacia" con "Asia" y "ahí" con "ay"? ¿EN SERIO? ¿¿ACASO VIVO EN UN MUNDO LLENO DE GENTE ASÍ DE DESPISTADA?? Me asusta pensar que algún día tengan que hacerme una cirugía y los cirujanos/anestesistas responsables tengan una ortografía catastrófica. ¡Podrían llegar a confundir los órganos a operar o las dosis de anestésicos!

Bueno, quizás la cosa nunca llegue a tales extremos, pero aun así me causa un gran sufrimiento andar por la red y ver semejantes atropellos al idioma español, con la pobre excusa de que "igual se entiende". El problema es que... ¡¡al final acaba por no entenderse!! La ortografía de algunos es tan desastrosa que el mensaje resulta incomprensible, y haría falta un criptólogo para entender qué carajo quiso decir la persona en cuestión.

De verdad, gente, entérense: LA MALA ORTOGRAFÍA LES DA UNA PÉSIMA IMAGEN. En serio. Lo dicen los estudios científicos. De hecho, hasta es una razón por la que unos dejan de seguir a otros en Twitter (no es broma, lo descubrí una vez que le di un clic al hashtag #IUnfollowedYou). Casi nadie toma en serio a laz personas k eskriven komo si no uvieran aprovado la educasion primaria.

Además... recuerden siempre que esa ortografía aberrante me hace ENFADAR. ¡Y mucho! ¿Recuerdan cuando fui un monstruo en sueños? Imaginen algo parecido. Imaginen una cruza entre ese monstruo y la niñita amargada con los pelos por delante de la película La llamada. Algún día encontraré la forma de castigar a quienes destrozan el idioma español, ¡como una especie de maldición con mala leche que saldrá de las pantallas para dar cachiporrazos a diestra y siniestra!


Ya están advertidos.

¡MUAJAJAJAJAJAJAJA!

G. E.

17 de marzo de 2012

¡SOY VESPERTINA, DEMONIOS!

Me he pasado media vida como una triste incomprendida en cuanto a este asunto. Y no lo digo en tono de queja, ¿eh? Más bien pretendo exponer una inconveniente realidad :-P

La cuestión es que soy vespertina. Hay personas que se levantan por sí solas muy temprano, que se sienten llenas de energía durante las primeras horas del día y que a la noche como que se "apagan" hasta que al fin les da sueño. La verdad, nunca me ha pasado.

Para empezar, nací a las 3 de la tarde. Se nota que no vi ninguna necesidad de llegar al mundo a una hora más temprana (lo cual resultó muy sensato, porque de todas formas los bebés no tienen nada interesante que hacer hasta que empiezan a caminar). Durante mi niñez fui al colegio de mañana, pero había que sacarme a tirones de entre las sábanas porque me costaba mucho despertar. Sin embargo, a la noche era bastante difícil llevarme a la cama, y no tenía ningún problema en quedarme despierta hasta tarde viendo la tele.

La cosa siguió así durante mi adolescencia. Por suerte, los últimos años elegí horarios intermedios o vespertinos en la enseñanza secundaria, de modo que ya no me costaba tanto sobrellevar mi desfasado ciclo circadiano. El único problema era que las clases de gimnasia sí eran de mañana... lo cual que resolví faltando lo más posible a ellas :-P (Todas las faltas que tenía eran en gimnasia. Total, para lo que hacíamos ahí...)

Durante mis años en la facultad, un par de veces estuve a punto de dormirme en clase, cuando teníamos alguna asignatura en un horario muy temprano. Claro que el ataque de sueño me venía después, así que eran otros profesores los que me veían cabecear, no los que me habían obligado a despertarme a un ridículo horario más apto para los gorriones :-P

Sigo siendo una persona vespertina. Si tengo que levantarme temprano, de acuerdo, me levanto temprano, pero en esos casos me veré más o menos así:

Brrrbñjbleh. Ugh. Luz de día. Uf.
¿De verdad tengo que levantarme?
Ni que tuviera vacas esperando el ordeñe...

Luego la gente dice que soy perezosa, pero lo que no ven (porque se van a dormir temprano), es que a partir de las 5 de la tarde mis niveles de energía están en su punto más alto, tal que puedo hacer un montón de cosas cuando ellos ya tienen ganas de tirarse frente a la tele y desconectar el cerebro hasta la hora de irse a la cama. Yo sigo de largo, y si no tengo que levantarme temprano al día siguiente, puedo trabajar en lo que sea, feliz y contenta, hasta las 2-3 de la madrugada.

¡Yipiiii! ¡Me siento llena de energía creativaaaa!
¡Quiero hacer cosas hasta tardeeee!
Gotta sing! Gotta dance!

De verdad, ¿no hay un mundo donde los vespertinos tengamos la preferencia? ¡Me mudaría ahí de inmediato! ¡A convivir con las lechuzas y los murciélagos! ¡En un sitio donde las alarmas de los relojes no puedan programarse antes del mediodía!

Eso de que "al que madruga Dios lo ayuda"... no es para mí. Sorry. (Eh... ¿algún experto en teología que pueda asesorarme en este asunto? ¿Existen dioses nocturnos que ayuden a los vespertinos? Gracias por adelantado.)

Me voy a dormir una siestita hasta que sea una hora decente para ponerme a trabajar.

G. E.

11 de marzo de 2012

LA CIUDAD DE LOS GIGANTES

Este sueño ya lo había puesto en otros lugares, pero me pareció que valía la pena repetirlo aquí porque es el sueño más extraño, épico y emocionante que he tenido en los últimos años. Y de paso, también puedo añadirle el dibujito correspondiente :-D

Al principio estaba de vuelta en secundaria, y en una clase de matemáticas, nada menos. ¡AAAAAAAAAAAAAARRRRGGGGHHHH! Odio soñar eso, pero por desgracia es uno de mis molestos sueños recurrentes, junto con lo de esperar un autobús que nunca llega o lo de matar con mis manos a algún animal que de pronto se ha vuelto un engendro del demonio (no me pregunten qué significa esto último; es probable que refleje alguna faceta macabra y retorcida de mí misma, y por lo tanto prefiero permanecer en una feliz ignorancia). Por suerte, esa parte acabó enseguida. Menos mal.

En la segunda parte de mi sueño estaba viajando con mi gato. Al principio íbamos en un avión, pero luego éste se convirtió en un autobús (es muy común en mis sueños que las cosas cambien de forma). Mi gato estaba asustado y yo no tenía ningún tranquilizante para darle, así que saltó de mi regazo y escapó del autobús. Tuve que bajar y perseguirlo por toda la ciudad. No sé por qué, pero en mis sueños nunca se me ocurre meter al bicho en una jaula. Quizás deba dejarme una nota bajo la almohada para recordarlo.

En fin, en algún momento me olvidé de mi gato (en el sueño, claro, pues no lo olvidaría en la vida real), y caminando llegué a un espacio abierto donde había unas construcciones bastante grandes. Hacia mi derecha, aislado de todo lo demás, había un árbol muy grande y hermoso. Me gustó que no hubiera nada a su alrededor, porque así podía apreciarse en todo su esplendor (tengo una especie de fetichismo artístico por los árboles).

Me dirigí a una de las construcciones, que era de color naranja cremoso. No tenía muchos detalles en su arquitectura, pero a pesar de que las paredes eran lisas, el diseño incluía líneas curvas y diagonales, así que resultaba muy agradable a la vista.

El edificio era un museo. Las habitaciones eran pequeñas y algo oscuras, y estaban llenas de objetos como si una o varias familias hubieran vivido ahí. Pero no me enteré de nada, porque no había ningún guía cerca para responder estas interrogantes. (A menudo visito casas antiguas en sueños, y la mitad de las veces están ocupadas por los fantasmas de sus dueños. Esto puede resultarme escalofriante o entretenido, dependiendo de la situación.)

Seguí a varios turistas, primero por un pasillo con balcones y luego por un puente hecho de troncos. A mi derecha había tres torres de troncos y piedras. Eran enormes y causaban impresión (no recuerdo si lo he mencionado antes, pero soy una arquitecta onírica espectacular; lástima que no pueda trasladar eso a la vida real). Una de ellas era negra, las otras dos eran grises.

Llegamos a una ciudad con edificios de estilo griego (ya saben, puro mármol y columnas). Pero los edificios también eran enormes, y los escalones no estaban hechos para pies humanos pues medían más de un metro de alto, y más que subirlos había que escalarlos. Supe entonces que en esa ciudad habían vivido gigantes o titanes, y de algún modo también supe que era una ciudad prohibida y que nos iban a castigar por haberla invadido.

Oh, oh.

No recuerdo cómo empezó el ataque. En algún momento apareció una manada de tiranosaurios, todos ellos de diferentes colores oscuros (rojo, azul, amarillo... eran bonitos, aunque aterradores). También nos atacaron unas sanguijuelas gigantes (¡qué asco!) y unos guardias con arcos y flechas. De repente yo también tenía un arco y flechas, pero ninguna de mis flechas dio en el blanco, y luego mi arco se rompió. (Cuando tuve este sueño estaba muy enganchada a una serie británica sobre Robin Hood, de ahí el arco y las flechas. Por cierto, mi puntería onírica ha mejorado mucho desde entonces por todas las veces que he practicado en sueños; si alguna vez se me apareciera Freddy Krueger, ya podría darle entre los ojos como si fuera Katniss. ¡Yay!) Usé algunas flechas rotas para pinchar a una sanguijuela, como si fueran palillos de dientes clavados en un gusano (de nuevo, ¡qué asco!).


Decidí esconderme en el único edificio que tenía las puertas abiertas. Por desgracia, el edificio tenía las puertas abiertas porque era una especie de trampa: en su interior había un pozo que daba al mismísimo infierno, y unos demonios con tétricos maquillajes de payaso estaban empujando a la gente al interior de dicho pozo. Escapé de ahí lo más rápido que pude. Unos portones de metal se cerraron frente a mí pero logré escurrirme entre los barrotes, agradeciendo no estar gorda :-)

En algún momento la batalla terminó. Una luna falsa se movió en el cielo y luego la ciudad giró sobre sí misma y pudimos seguir adelante. Los edificios seguían siendo griegos, pero ahora tenían anuncios y luces de neón, y había tiendas donde uno podía comprar recuerdos. Eso sí: todos los objetos a la venta eran carísimos, así que no compré nada. (Estúpido consumismo actual, que se cuela hasta en mis sueños.)

De pronto una de las calles empedradas se cubrió de hielo y yo tenía patines, así que aproveché para patinar (otro sueño recurrente, lo de patinar sobre hielo o con ruedas). Había una muchacha junto a mí que supuestamente era mi amiga, pero ella no sabía frenar con los patines y chocó varias veces contra una pared al final de la calle. Menos mal que tenía la cabeza dura :-D

Luego el hielo desapareció y ya no pude seguir patinando. Para ese entonces el sueño ya estaba terminando, y de repente todo era una historia que alguien me estaba contando. Mi interlocutor y yo éramos dos duendes dentro de una farola (¿?) y la historia tenía una moraleja, pero nunca supe cuál era. Entonces desperté.

No sé si este sueño significará algo... ¡pero les juro que me dejó agotada!

G. E.

5 de marzo de 2012

SOY DEMASIADO NERD

Supongo que a estas alturas ya es bastante obvio, la verdad. Sí, soy una nerd. Siempre he sido una nerd. De pequeña ya hacía cosas bastante raras para una niña, como observar durante semanas la descomposición de un perro muerto en un terreno baldío, ver películas de horror como La mosca, alimentar a las arañas en mi jardín o leer libros ¡sin ilustraciones!

A medida que crecía, la cosa siguió... ¿empeorando? Me aficioné a la lectura de artículos científicos, dejando de lado las preocupaciones simples de las adolescentes (= ropa, novios, bailes y maquillaje). Por supuesto, esto no me volvió muy popular entre mis compañeros de clase. Como todos sabemos desde la peli La venganza de los nerds, la gente en general no siente una apreciación muy grande por las minorías estudiosas y de aspecto raro. Claro que el sentimiento era algo así como recíproco, ya que, por mi parte, yo tampoco sentía una apreciación muy grande por esa pandilla de memos intolerantes :-D No llegué a conocer a otros nerds durante los seis años de enseñanza secundaria, de modo que pasé la mayor parte de ese tiempo sola.

Tampoco conocí más nerds en la universidad, pero por una cuestión de supervivencia, al menos desarrollé las habilidades necesarias para convertirme en una nerd de incógnito. O sea, seguía siendo una nerd, pero la gente no se daba cuenta de buenas a primeras. (Tardaron un rato en notar mi tendencia a figurar arriba del todo en las listas de calificaciones de los exámenes.)

En la actualidad, por suerte, existen las redes sociales, lo cual me puso ¡al fin! en contacto con otros nerds. ¡Yipiiii! Ahora soy una nerd bastante más feliz. Sigo sin tener mucha vida social cara a cara, pero al menos puedo conversar con otros nerds en Facebook y Twitter.

A pesar de los inconvenientes, me gusta ser una nerd. Puedo ver La teoría del Big Bang y entender casi todo lo que dice Sheldon; me entretengo viendo documentales sobre cosas raras, y cada vez encuentro más fascinantes a los bichos (p. ej. arañas, serpientes, hormigas asesinas y ratas-topo); me entusiasma comprar diccionarios o aprender sobre las nuevas tecnologías; y por último, me parece divertido ir a ver películas basadas en historietas y usar camisetas con dragones o una cabeza de Terminator en llamas.

Ah, y también tengo a mi dragón, por supuesto. Donald es la mejor parte de ser una nerd :-) También aprecio al dinosaurio, por supuesto; es un bicho con muy buena onda.


Nerds del mundo, ¡no se sientan tristes! ¡Tenemos que estar orgullosos de lo que somos, con todas nuestras rarezas y excentricidades! Y a quien no le guste... ¡le pegaremos con nuestros libros o una buena dosis de ironía!

G. E.


Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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