INCOMPATIBLES - Ella quería conquistar al cerebrito de la clase. Él estaba determinado a ignorarla... hasta que descubrió su secreto. UNA RELACIÓN PERFECTA - Historias románticas contemporáneas con un poco de arte en cada una. BESO ROBADO - Lina conoce a dos bailarines de ballet: uno que le gusta... y otro que hará de todo para conquistarla. LOBO DE LUNA - La amistad inquebrantable entre una criatura del bosque y un lobo de otro mundo. EL REY Y EL PÁJARO BLANCO - Había una vez un joven rey y un ave blanca con un secreto extraordinario. RELATOS DE AMOR Y SANGRE - A menudo el amor sale terriblemente mal... AMOR SANGRIENTO - Él está muriendo de un cáncer terminal. Ella tiene un secreto escalofriante. OSCURA SALVACIÓN - Historias sobre amor y salvación... plagadas de horror y oscuridad. Haz clic en las portadas para leer las muestras gratuitas. Ve a la página SOBRE MIS LIBROS para ver todo mi catálogo. ¡Gracias por apoyarme!

26 de agosto de 2012

MIS HISTORIAS DEL DESIERTO (5)

Las aventuras en el desierto de mi novela aún no acaban, porque ¡hay mucho para hacer ahí! :-) (El episodio anterior está aquí. Para verlos todos, hagan clic en la etiqueta "historias del desierto".)

El guerrero Senti, Donald y yo continuábamos nuestro viaje hacia algún sitio, pateando doradas arenas y discutiendo sobre la mejor forma de combatir a las langostas carnívoras de Huru (sí, en Huru suele haber plagas de langostas que se comen a la gente, y encima son algo venenosas; emocionante, ¿eh?). De pronto encontramos unas huellas enormes en la arena y nos detuvimos para contemplarlas.

—Qué raro —dijo Senti—. Nunca había visto algo así.

—¡Pero yo sí sé a quién pertenecen estas huellas! —respondí—. Vamos a seguirlas. Podría ser divertido.

Fue un tremendo error, aunque en ese momento no lo sabía, claro. Como sea, seguimos las huellas, que en verdad eran colosales, hasta que al fin hallamos lo que yo esperaba ver. Pero describiré nuestro hallazgo con las palabras que usé en la novela, cuando el comerciante Frobio y su esposa Eldina se toparon con ello.

Era una criatura humanoide hecha de bloques de piedra gris. Caminaba ligeramente encorvada, con pasos lentos y dificultosos. Daba la impresión de que se desarmaría en cualquier momento, dado que los bloques no parecían estar unidos entre sí, pero la criatura continuaba su marcha sin soltar más que unas piedritas. Debía de ser una cuestión de magia, pensó el mercader, y se encogió de hombros. Era la primera vez que Frobio veía un hombre de roca, pero la magia abundaba en Huru.

—¿Qué... es... eso? —preguntó Senti.

—Es un castillo —respondí—. Bueno, no ahora mismo, pero alguien vive ahí, en todo caso. Vamos a saludar a su propietario.

Senti y yo subimos a lomos de mi dragón y volamos en torno a la cabeza del gigante rocoso, agitando las manos en actitud amistosa. El gigante titubeó al principio y finalmente se detuvo.

—¿Quiénes sois? —dijo una voz desde dentro.

—¡Turistas! —repliqué—. Y... eh... nos gustaría charlar con vos, noble hechicero, y quizás compraros alguna pócima mágica. —Pensé que esto último podría halagar al habitante de aquel castillo ambulante, de tal modo que calmara su desconfianza.

—Bien, podéis pasar. Pero dejad a esa enorme bestia azul afuera. Me pone nervioso.

Donald se posó en la nariz del gigante y Senti y yo entramos a su cabeza a través de la boca, llena de enredaderas colgantes. Donald parecía algo ofendido, por cierto. No le gusta que lo excluyan como si fuera un perro pulguiento.

El propietario del castillo ambulante nos esperaba con cara de suspicacia y los brazos cruzados. Su nombre (cosa que yo ya sabía porque soy la autora de la novela) era Bardún, y en mi libro lo describo así:

El mercader hizo una reverencia puesto que su anfitrión imponía respeto. Era alto y muy viejo, con una larga barba blanca que le llegaba a la cintura y ropajes algo desgastados pero de excelente calidad.

Pues sí, el hechicero Bardún imponía mucho respeto (como el mago Saruman pero con una expresión un poquito más enloquecida), de modo que hice una reverencia y le di un codazo a Senti para que me imitara.

—¿Y qué clase de pócima estáis buscando? —dijo el hechicero.

—Bueno, quizás algo para evitar las quemaduras solares —respondí—. Ya me estoy quedando sin bloqueador.

El hechicero me miró con cara rara, pero luego se encogió de hombros y empezó a rebuscar entre sus cosas mágicas. El interior de la cabeza del castillo estaba bastante desordenado, y Senti me dirigió una mirada como diciendo "esto no pinta del todo bien". Le hice un gesto para que se tranquilizara.

—¿Y cómo van las cosas por el desierto? —le pregunté a Bardún—. ¿Hay novedades? ¿Alguna visión nueva sobre el futuro que presagie aventuras, catástrofes y/o guerras? —Es que estoy planeando la continuación de la novela, y pensé que no me vendría mal la información de primera mano :-D

—Novedades, novedades... —farfulló el hechicero—. Mmmm, hay rumores. Rumores de que algo maligno se esconde en las profundidades del desierto. ¡Una criatura que tiene planes de conquista y destrucción!

La barba del hechicero pareció erizarse mientras hablaba, y fuera del recinto sonaron unos truenos a pesar de que el cielo estaba despejado.

—Pero claro, nunca se sabe —continuó Bardún, y todo volvió a la normalidad—. Al igual que las tormentas de arena, el futuro siempre es incierto.

(Tomé notas sobre la criatura maligna con planes de conquista, para añadirlas al plan de mi novela. Así no tendré que esperar a que me llegue la inspiración, que también suele ser poco fiable.)

Mientras tanto, Donald había asomado la cabeza por una ventana. Se le notaban unas ganas tremendas de participar en la conversación, y a pesar de que le hice señas para que no entrara, se coló al castillo andante y empezó a olfatear los objetos extraños y cubiertos de polvo que había por todas partes. De pronto, mi dragón y Bardún se encontraron cara a cara y el hechicero pegó un grito.

—¡Aaaaaahhhh, ya dije que no quería esa cosa dentro de mi casaaaaaa! ¡Largo, largo, largo! ¡Vete, monstruo enorme y azul y cornudo!

Increíblemente, Bardún empujó a Donald hasta que consiguió expulsarlo del castillo, y Donald, enfadado por la descortesía, le sacó la lengua. Entonces el hechicero tomó aire, agitó sus brazos majestuosamente, proyectó unos rayos mágicos hacia mi dragón y... Donald se precipitó al suelo envuelto en una nube de chispas.

—¡Eh, no hacía falta recurrir a esos extremos, señor hechicero! —protesté, sacando medio cuerpo por la ventana para ver qué le había hecho bardún a mi pobre dragón. Veía una forma azul en la arena, pero bastante más pequeña de lo esperado. Iba a encarar de nuevo al hechicero para exigirle una explicación, pero algo me golpeó por detrás, como un choque de energía eléctrica, y yo también caí del castillo envuelta en chispas. Aterricé en la arena patas arriba.

Un momento. ¿Dije patas arriba?

Me puse de pie... y tras un momento de observación, descubrí que yo ya no era yo.


¡Cuicuí! ¡Cuicuí! —exclamé. Oh, demonios. ¡El hechicero loco me había convertido en una especie de bírbix!

(Aquí toca otra pausa para dar explicaciones. A ver, básicamente un bírbix es un ave que vive en el desierto de mi novela y corre muy rápido, algo así como el Correcaminos de las caricaturas. Es del color de la arena, con un copete y una cola de color blanco iridiscente. En mi novela hay toda una historia donde aparece el bírbix: es una apuesta donde un rey trata de conquistar a una bella reina, de tal modo que quien atrape al ave ganará dicha apuesta.)

Buscando a mi alrededor, averigüé también qué había pasado con mi dragón: Bardún lo había transformado en ¡un caballo! Bueno, o algo así...


Donald me miró y soltó algo que parecía una mezcla entre relincho y graznido (recuerden que mi dragón suele graznar como los patos). Obviamente estaba tan desconcertado como yo. Habría querido consolarlo de alguna manera, pero lo único que salía de mi garganta era un montón de cuicuís.

El castillo humanoide se inclinó y Senti saltó a la arena. Luego el gigante de roca se alejó caminando con su típico paso cuidadoso.

¡Cuicuicuí! —le dije yo a mi acompañante, quien trató de mantenerse serio. No le salió muy bien.

—Lo siento, pequeña viajera —me respondió—. Ese Bardún ciertamente tiene unos nervios delicados. Pero sí me vendió la pócima contra las quemaduras solares. Toma.

Puse los brazos en jarras, digo, las alas. ¿Para qué iba yo a querer ahora la pócima, teniendo plumas por todo el cuerpo? ¿Y cómo iba a sujetar el frasco si ya no tenía manos?

—Bueno... —continuó Senti, guardando la pócima en su bolsillo—. Eh... supongo que será mejor que sigamos adelante, ¿no? Debe de haber algún otro hechicero que consiga devolveros a ti y a tu dragón a vuestra forma original.

Solté un suspiro. Sí, era la mejor alternativa. Mientras tanto, Donald trató de volar, pero sus alas atrofiadas ya no podían levantarlo del suelo. Se dio por vencido tras un par de coscorrones contra la arena. Menos mal, porque yo no estaba en condiciones de decirle que su forma ya no era apropiada para actividad aérea alguna.

Senti montó su caballo, continuamos marchando y... bien, es todo por esta vez. Pronto podrán enterarse de lo que pasó en los días siguientes de mi desértica aventura :-D (Sí, voy a dejar la historia colgada por aquí. Es que soy muy mala, ñajajajaja.)

G. E.

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20 de agosto de 2012

SOBRE MITOS LINDOS, FEOS O LOCOS

Hay gente que llega a creer cualquier chorrada, incluso aunque le pongan enfrente todas las pruebas de que no es cierta. Después están las cosas que nos gustaría creer, por convenientes, y cosas en las que es divertido creer porque hacen la existencia menos tediosa. En cualquier caso, les recomiendo hacer una búsqueda en Google para saber si tal o cual creencia es cierta o falsa, usando las palabras clave "hoax" (en inglés) o "mito". Digo, para evitar quedar como ignorantes ante los cerebritos :-P

Aquí va una lista de mis mitos favoritos, ya sea por lindos, feos o locos.

LAS CALORÍAS NEGATIVAS — Ay, sería estupendo que existiera algo así. ¿Alimentos que te hacen perder más calorías de las que ingieres, de modo que te ayudan a adelgazar? Me puse a investigar al respecto y lo siento, pero no existe tal cosa. Como máximo, hay algunos alimentos cuyo aporte calórico es muy, muy bajo, como los fideos shirataki (que son pura fibra), las fresas (¡sin crema doble!), los pepinos y la lechuga. Pero no tienen un aporte NEGATIVO de calorías. Sorry. (Masticar chicle sin azúcar no cuenta. Los movimientos mandibulares no queman suficientes calorías como para ayudarlo a uno a adelgazar.)

EL AGUA FRÍA OBLIGA AL CUERPO A QUEMAR CALORÍAS — Este mito se parece un poco al anterior, y tampoco es cierto. Bueno, en teoría es cierto, pero en la práctica uno tendría que ingerir tantos litros de agua fría que, en lugar de adelgazar, se moriría antes de hiperhidratación.

EL SEXO QUEMA MUCHAS CALORÍAS — Sí, quema calorías. Pero no tantas como la gente cree. Si quieren adelgazar, hagan dieta y no cancelen la membresía del gimnasio :-)

SUDAR ELIMINA TOXINAS — Pues no, lo siento :-( Sólo elimina agua y sales minerales. O sea, sudar sólo nos dejará deshidratados, pegajosos e hiponatrémicos. La buena noticia es que el hígado y los riñones, trabajando en equipo, cumplen muy bien la tarea de depurar nuestro organismo.

A LOS PERROS BUSCADORES DE DROGA LOS VUELVEN ADICTOS A ELLAS — ¡De ninguna manera! Éste es un mito espantoso que anda circulando por ahí, y yo trato de desmentirlo siempre que se da la ocasión. En serio, gente, NO HACE FALTA volver drogadicto a un perro para que busque drogas. Los perros son seres inteligentes y colaboradores con la capacidad de olfatear casi cualquier cosa que uno les enseñe, ya sean drogas, cadáveres, explosivos, criminales fugitivos, personas perdidas, otros animales e incluso trufas (aunque tengo entendido que, en materia de búsqueda de trufas, los campeones son los cerdos).

LOS CHINOS HACEN GATITOS BONSÁI METIÉNDOLOS EN FRASCOS — Me sorprende que alguien haya creído esto, porque es un disparate tan grande como la muralla china. A ver, gente, un poco de sentido común: ¿realmente creen que un gato podría sobrevivir más de unos pocos días metido en un frasco apretado? ¿Verdad que no? Los chinos hacen otras barbaridades con los animales, pero no ésta.

CARNE DE COSA Y POLLOS COSA — Sí, es malo comer comida hiperprocesada en los restaurantes McDonald's, pero la carne sigue saliendo de bovinos normales, no de lombrices ni de ningún otro bicho raro (comer lombrices no sería nada malo para la salud, por cierto; más bien lo contrario). Este bulo en particular lo escuché hace unos cuantos años; supuestamente la carne de las hamburguesas provenía de unas criaturas genéticamente modificadas y criadas en laboratorios, unas masas de carne sin cuernos ni pelaje, con las bocas conectadas a tubos de alimentación. El bulo de los pollos era para Kentucky Fried Chicken. Los "pollos cosa" eran similares a las vacas monstruosas, seres sin plumas y conectados a un tubo. Es una buena imagen para una película macabra de ciencia ficción, pero tampoco es cierta. Los criaderos intensivos de pollos son bastante horribles, sin embargo.

WALT DISNEY SE HIZO CONGELAR HASTA QUE ENCONTRARAN UNA CURA PARA SU ENFERMEDAD — Esto me lo hicieron creer a mí de chica, pero tengo entendido que sigue siendo una leyenda urbana popular. En fin, no es cierto. La criogenia está en pañales incluso en esta época, aunque hay una especie de sapo que es capaz de sobrevivir al invierno congelándose por completo. Si alguna vez encuentro uno, lo llamaré Walt :-)

HAY COCODRILOS EN LAS ALCANTARILLAS DE LOS EUA — Esto es una divertida leyenda urbana de los gringos. El cuento es que las personas adoptaban cocodrilos bebé para tenerlos de mascotas, pero se deshacían de ellos apenas se volvían demasiado grandes. En busca de agua, los bichos iban a parar a las alcantarillas. En fin, no hay cocodrilos en las alcantarillas de los EUA, pero en algunos Estados pueden llegar a meterse en las piscinas de la gente :-D La verdad, me gustaría tener una piscina con cocodrilo justo frente a mi casa. Podría espantar a los vendedores ambulantes, así como los fosos de los castillos medievales mantenían a raya a los invasores.

MEAR EN LA DUCHA ES ANTIHIGIÉNICO — No sé de dónde salió esta estupidez, la verdad. En todo caso, refleja una tremenda ignorancia en cuanto a la composición de la orina. ¿Saben qué es la orina? Agua + urea (un metabolito de la degradación de las proteínas) + otros metabolitos generalmente inocuos + electrolitos (por ejemplo, sodio y potasio). Nada de eso contamina el piso de la ducha ni daña la piel humana con un tiempo de exposición tan corto. De hecho, nuestra piel tiene bacterias de todo tipo, incluso algunas patógenas (no se preocupen, no atraviesan la piel sana), mientras que la orina de una persona sana NO contiene microorganismos. O sea, no es mala cosa orinar en la ducha, y de paso ahorramos un trozo de papel higiénico y una descarga de la cisterna del inodoro.

EL CHOCOLATE ENGORDA Y CAUSA ACNÉ — ¡Esto también es un mito! ¡ALELUYA! El chocolate NO causa problemas (bueno, salvo a los alérgicos, pobrecitos); más bien tiene antioxidantes y un montón de sustancias que lo hacen feliz a uno. ¡La culpa de este mito la tiene el azúcar! Coman chocolate amargo, gente; es satisfactorio, saludable y, en cantidades apropiadas, hasta puede ayudar a adelgazar. ¡Bendito sea el chocolate!

¿Algún mito que les haya llamado a ustedes la atención? Siéntanse libres de mencionarlo en un comentario. Mientras tanto, yo me iré a dar unas palmaditas en el lomo a todos esos cocodrilos de alcantarilla imaginarios.

Resulta que no existo. Snif, snif.

Ya, ya, pobrecito. Toma un pañuelo para tus lágrimas de cocodrilo.

G. E.

14 de agosto de 2012

MIS HISTORIAS DEL DESIERTO (4)

En el episodio anterior de mis aventuras por el desierto de mi propia novela, mi dragón y yo nos encontramos con Senti, un guerrero en busca de aventuras. O más bien él tuvo un encontronazo con mi dragón, pero eso fue un simple malentendido (a cualquiera le pasa).

Como sea, Senti se sumó a nuestro recorrido turístico por Huru... y no tardamos en toparnos con los primeros inconvenientes potencialmente letales.

Todo empezó mientras caminábamos por las cálidas arenas del desierto de camino al oasis más próximo. Yo le estaba contando a Senti la historia completa de cómo adopté a mi dragón Donald, y él, a su vez, me estaba contando una leyenda de Huru sobre la primera y única rebelión de los genios de agua (tomé notas para añadirla al segundo volumen de Historias del desierto). Como siempre, era un día despejado y bastante caluroso. Decidimos tomar un descanso. Mi dragón hizo un agujero en la arena con la intención de dormir una siesta, y Senti comenzó a armar una tienda para cobijarnos del sol... cuando de repente vi a Donald parar las orejas. Supe así que algo se avecinaba, a pesar de que no se veía nada por ninguna parte. Entonces descubrí a la figura que se aproximaba corriendo hacia nosotros, apenas distinguible en el entorno. Era... ¡un cazador de cabezas! De inmediato eché mano de mi cimitarra y...

Antes de seguir, debo explicar algo. Hay varias razones por las que mi novela no es apta para menores de 15 años, y los cazadores de cabezas son una de ellas. Quisiera dar una explicación más amplia aquí mismo, pero como éste es un blog más o menos apto para todo público, bueno, tendrán que leer la novela para saberlo.

En fin, siguiendo con la narración, saqué mi cimitarra, que lanzó un brillo deslumbrante bajo el sol. Senti también se puso en guardia y mi dragón levantó la cabeza, pero les hice un gesto a ambos para que no se molestaran.

—No se preocupen, chicos. De este engendro me encargo yo.

El cazador de cabezas estaba más cerca de nosotros. Ahora rugía como un león, al tiempo que enseñaba sus temibles dientes.


Mientras tanto, yo esgrimí mi bien afilada cimitarra...


La verdad, había querido hacer algo así desde que inventé a los cazadores de cabezas para mi novela. Lo divertido de crear villanos perversos es que también puedes darte el lujo de ajusticiarlos, de modo que le permití acercarse más al cazador de cabezas, di un salto, hice silbar el aire con mi cimitarra y...


¡Ja! Creo que ésa no se la esperaba. La cabeza voló por encima de Senti y de Donald, salpicando bastante sangre, y aterrizó en la arena. En ningún momento se le borró la expresión de "¿qué demonios acaba de pasar?", la cual, curiosamente, se parecía mucho a la de mi guerrero acompañante.

—Uh, eso no estuvo nada mal —dijo Senti, todavía con los ojos como platos. Limpié la cimitarra antes de envainarla.

—Gracias. Como dije antes, me preparé bien antes de venir. —Lo cual, en términos literarios, significa inventarse que una no sólo va por ahí cargando una cimitarra, sino que además es capaz de utilizarla como una experta. Y no me miren con esa cara. Este blog es de ficción.

En fin, Senti quedó bastante impresionado, pero como no es mi intención avergonzarlo, para mi próxima aventura lo dejaré enfrentarse a lo que sea que decida que nos haya de caer encima :-D

Estas aventuras continuarán.

G. E.

Artículo relacionado: MIS HISTORIAS DEL DESIERTO (5).

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8 de agosto de 2012

LADY GAGA GISSEL

Voy a ser sincera: paso de la música de Lady Gaga. De hecho, paso de casi toda la música pop que se puede escuchar en estos momentos. SIN EMBARGO... ¡no se puede negar que Lady Gaga tiene estilo! Es por eso que, para esta entrada, decidí imitarla un poquitín y vestirme de formas raras, por más que en mi artículo anterior haya dejado bien clara mi posición con respecto a las apariencias.

Para empezar, y dado que me encantan el estilo gótico y los disfraces de Halloween, me inventé un look onda "novia de Frankenstein".

(Insertar música de Nox Arcana para darle
ambiente a mi nueva y fabulosa imagen.)

Decidí salir a la calle así vestida, y confirmé dos cosas: 1) en mi ciudad, el estilo gótico se mira con más recelo que una enfermedad desfigurante, como la lepra o la viruela; y 2) ¡qué difícil es caminar con plataformas! Después de unas cuantas torceduras de tobillo y algunas propuestas de matrimonio de tipos con actitud sospechosa, volví a casa y me puse hielo para bajar la hinchazón. (Guardé el vestido, sin embargo, para el próximo Halloween, aunque tal vez cambie las plataformas por mis típicas zapatillas Reebok de deporte... pintadas de violeta, para que hagan juego.)

A continuación, decidí crear un vestuario colorido y festivo, por si llego a viajar a Rio de Janeiro durante el carnaval :-D Y me puse esto:

Ventajas de este atuendo: era suavecito.
Desventajas: las plumas no paraban de hacerme cosquillas.

Lo sé, otra vez me puse zapatos inadecuados para caminar o bailar, pero bueno, recuerden que estaba imitando a Lady Gaga. (Uf. Es más fácil moverse con patines, se los aseguro. Incluso los de hielo.) Como sea, tuve que desplumar unos cuantos ñandúes para hacerme semejante atuendo. No quedaron muy felices, sin embargo, pero bueno, quizás dejen de guardarme rencor cuando haga más calor.

De nuevo, salí a la calle con este atuendo... y varias amas de casa me pidieron que las ayudara a quitar el polvo de los muebles. Creo que me confundieron con un plumero gigante :-P

Bue. Hasta ahora venía medio raro el experimento. Como último intento, recordé el vestido de carne que se hizo Lady Gaga para no recuerdo qué cosa. Como aquí el precio de la carne roja está por las nubes, me fui a la playa con una caña de pescar y conseguí algunos peces. O sea, me hice un vestido con pescados. Pescados FRESCOS, ¿eh?

Fue mala idea. Apenas salí a la calle, todos los gatos del barrio fueron tras de mí. Tuve que quitarme los pescados para poder escapar con vida. Y NO, no quedé desnuda. Llevaba pantaloncillos por debajo de mi extraña falda comestible :-)

¡¡AUXILIOOOOOOOO!!

Y con eso ya tuve suficiente de imitar a Lady Gaga. Volveré a mi típico look de cerebrito nerd. Causa menos complicaciones.

G. E.

2 de agosto de 2012

INSTRUCCIONES PARA MI PRÓXIMO NOVIO

Sé que soy una mujer rara y complicada, y la verdad es que no me molesta admitirlo. Lo bueno es que no me aburro de mí misma. Lo malo... es que suelo confundir a los demás. Considerando cómo salió mi última relación romántica (de la cual no voy a dar detalles), he decidido que, para futuras referencias, cualquier hombre que tenga la intención de ser mi novio hará bien en tener ciertas cosas en cuenta, para evitar confusiones, malentendidos y/o lesiones físicas de mayor o menor gravedad. Aquí voy...

1. SOY UNA CEREBRITO, SUPÉRALO

Es lo primero que debe saber cualquier hombre que se interese en mí. Soy muy inteligente. Súper inteligente. Y súper culta. Ventaja/desventaja: CASI SIEMPRE VOY A TENER LA RAZÓN. Quien no pueda con eso... que se busque una novia tonta :-) La otra desventaja de que yo sea una cerebrito, es que no tendré un novio que no sea más interesante que un libro.

2. DETESTO EL FÚTBOL

Bueno, no detesto el fútbol como deporte. Detesto que se le dé tanta importancia. O sea, no tolero que se celebre el fútbol como si fuera una victoria de los espartanos sobre los persas en una lucha por la libertad de toda Grecia, y la verdad es que tampoco tolero las charlas apasionadas sobre el fútbol. No me molestaría tener un novio que jugara al fútbol, sin embargo... siempre y cuando no me exigiera ver los partidos. En compensación, jamás le pediría que me acompañara a ver un ballet. Y la verdad es que no me molestaría ver una carrera de autos, motos o monster trucks.

3. LE DOY MUY POCA IMPORTANCIA A MI APARIENCIA

Eso no quiere decir que no me bañe ni me peine, desde luego. Lo que sí quiere decir es que paso de la moda, el maquillaje y los zapatos femeninos. Mis pies raramente llevan otra cosa que no sean zapatillas de deporte. Los patines (de ruedas o de hielo) son otra buena opción. Como máximo, unas botas. Tacones, ¡jamás! Ventaja: no volveré loco a ningún novio llevándolo de compras, ni obligándolo a saber mi talla para regalarme ropa, ni demorándome una hora en cada cita por ponerme maquillaje y planchar mi cabellera.

4. LE DOY MUCHA IMPORTANCIA A LA SALUD

Soy perfectamente capaz de enamorarme de un hombre gordito o flaquito. Eso sí: tarde o temprano lo obligaré a ponerse en forma. Ventaja: yo cuido mi dieta y hago ejercicio, así que no me convertiré en una novia gorda ni se me caerá el trasero a causa de la flacidez.

5. DETESTO EL ROMANTICISMO CURSI

¡Ésa es una tremenda ventaja! No pretenderé de ningún novio que me regale ositos de peluche ni tarjetas, tampoco lo obligaré a ver películas románticas ni le pediré que me lleve a ninguna parte en ese estúpido Día de San Valentín (a menos que la idea sea asesinar a Cupido con escopetas, rifles o granadas de mano). Encima, detesto el color rosa y las canciones románticas, y no miro telenovelas. Por último, no me enojo ante el olvido de ningún aniversario.

6. ¡ME GUSTAN LAS PELÍCULAS DE SUPERHÉROES Y DE HORROR!

Y no sólo me gustan las películas de superhéroes porque los actores sean guapos. Me gustan porque me gustan. Si explotan cosas, estupendo. Si Hulk aplasta, ¡mejor! En cuanto a las películas de horror, ni siquiera parpadeo en las escenas sangrientas.

7. NO ME GUSTA COCINAR

Cocino mi comida, eso sí, pero no me molesto demasiado. No hago nada que requiera más de 10 minutos de preparación (quitando la cocción, claro). O sea, más vale que cualquier pretendiente mío sea más o menos hábil en la cocina. En compensación, me gusta hacer los arreglos de la casa, incluyendo reparaciones eléctricas, de tuberías y de paredes. También me gusta serruchar. Sí me puedo encargar de algo en la cocina: el limoncello.

8. LA CUESTIÓN DE LOS REGALOS

Como dije arriba, paso de los ositos de peluche y las tarjetas. Acepto joyas, pero en realidad prefiero los libros. O incluso herramientas (pero que no sean de color rosa, por el amor del cielo; las vi en un catálogo y casi vomito). Tampoco tengo problemas con los videojuegos violentos; de hecho, me encantaría jugar en equipo con algún novio a algún videojuego que implique acribillar/destrozar monstruos/vehículos/edificios, o conducir un auto/moto/monster truck/F18.

9. LOS ANIMALES

Me encantan las mascotas, ya sean perros, gatos, orugas, arañas, serpientes, iguanas, caballos, cabras, cerdos, peces (incluyendo pirañas) o aves. (Siempre y cuando no sean unos pobres animalitos exóticos ilegales traídos de contrabando con gran sufrimiento.) Cualquier novio mío tendrá que apechugar con eso, como mínimo. Si comparte mi afición por los bichos, mejor.

10. SOY ALGO OBSESIVO-COMPULSIVA

Desventaja: a menudo parezco Sheldon Cooper, corrigiendo las inexactitudes de los demás. Ventaja: mantengo todo ordenado.

11. MI IMAGINACIÓN

No sólo soy una cerebrito, sino que soy una cerebrito muy, muy creativa. Si yo digo que tengo un dragón, o que mi dinosaurio estaba sacando fotos cuando yo desperté, o que estoy haciendo planes para convertirme en la emperatriz del universo, más vale que mi novio me siga la corriente... o le echaré encima a alguno de mis monstruos.

Espero haber esclarecido cualquier duda referente a mi extraña personalidad :-)


G. E.


Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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