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25 de diciembre de 2013

¡MUERE, NAVIDAD, MUEREEEEE!

¿Recuerdan mi intento de sabotaje de la Navidad pasada? Este año, por suerte, no hizo tanto calor, pero de todas maneras no me entraron ganas de sabotear las navidades ajenas.

Caí en cuenta entonces de que jamás había armado un arbolito de Navidad. Supongo que es algo que debe hacerse al menos una vez en la vida, como andar en bicicleta, viajar en avión o bailar con un hombre guapo. O sea, mi Donaldito y yo pusimos manos a la obra y armamos un arbolito súper chulo, con esas bolas brillantes y escarcha artificial. Mientras tanto, puse esos CDs de música navideña que sólo puedo escuchar una vez al año, pensando que al menos daba para bailar con el que tiene canciones de Louis Armstrong. (Bailar frente al ventilador o el aire acondicionado, por supuesto, debido al maldito calor.)


Casi al final de la Nochebuena, Papá Noel asomó por una de mis ventanas para saludar. Le devolví el saludo. Pero pasada la medianoche...

Ah, lo siento, es que nunca tendré espíritu navideño. Lo mío es el Halloween. Arranqué una de las bolas del arbolito y se la arrojé a mi dragón. Donald hizo lo mismo, y así nos enfrascamos en una pelea de adornos navideños que dejó pedacitos de plástico roto desperdigados por todo el piso y las alfombras. Todavía en mi ventana, Papá Noel puso cara de desilusión y se alejó meneando la cabeza en un gesto negativo. Y yo le dije a mi dragón:

Dracarys, Donaldito.

Donald tomó aire y expulsó una hermosa llamarada directo al despojado arbolito de Navidad, que ardió alegremente hasta quedar hecho cenizas.

¡¡Muajajajajojojojo!!

Y puestos ya en el espíritu antinavideño, escribí un cuento de horror que pueden leer aquí. Y me da que haré esto desde ahora en adelante, igual que en el dichoso Día de San Valentín, que tampoco soporto.

Es que una no está para festividades ñoñas.

G. E.

PD: Como este blog es ficción, aclararé que en realidad no quemamos el arbolito de Navidad, en primer lugar porque hacía calor y en segundo lugar porque existía el riesgo de incendiar la casa. Además, no tengo nada en contra de los árboles, pobrecitos. Producen oxígeno.

13 de diciembre de 2013

URUGUAY, PAÍS DE CUARTA

Quizás sea porque hoy es viernes 13, quizás sea porque una serie de acontecimientos me han llevado a este punto. Da igual. Les pido disculpas de todas maneras, porque el artículo de hoy no tendrá nada de alegre o humorístico. Lo estoy escribiendo para ponerlo de referencia de aquí en adelante, porque ya me he cansado de repetir las mismas cosas tropecientas veces.

La cuestión es que la gente que NO vive en Uruguay tiene, al parecer, una idea totalmente errada de lo que es este país, o mejor dicho, de aquello en lo que este país se ha convertido.

Recuerdo cómo eran las cosas cuando yo era pequeña y tuvimos nuestras primeras elecciones presidenciales después de la dictadura. Por razones obvias, yo no sabía nada de política, pero sí puedo decir esto: se vivía en paz (sí, a pesar de la reciente dictadura) y la educación era aceptable. No cerrábamos con llave durante el día, los niños jugaban tranquilos en la calle, la capital estaba bastante limpia, y los carritos con caballos (de gente que recolectaba basura) eran más bien algo anecdótico.

Algunas cosas han mejorado desde entonces, pero muchas, y muy importantes, no han parado de deslizarse cuesta abajo hacia una especie de abismo del que creo, por desgracia, que todavía no hemos visto el fondo.

El primer desastre está en la educación pública. Y cuando digo desastre, me refiero a un DESASTRE mayúsculo, como indican los últimos resultados de las pruebas PISA: Uruguay está en el puesto 57 en una lista de 67 países evaluados. Y lo peor es que no hemos dejado de bajar puestos desde que entramos a esas pruebas en el año 2003. O sea, a pesar de la bonanza económica de los últimos 10 años, a pesar de tener un gobierno SUPUESTAMENTE socialista, solidario y que se desvive por los pobres, y a pesar del mayor presupuesto para la enseñanza, ni siquiera se ha frenado la caída. Ya no es que nuestros alumnos no estén a la altura de los países más desarrollados; ni siquiera estamos a la altura de nosotros mismos. Los chicos llegan a la educación secundaria, y a veces incluso a la universidad, con dificultades para entender la idea principal de un texto escrito. Quizás el gobierno actual pueda presumir de tener cifras bajas de analfabetismo, pero la realidad es que miles de niños y jóvenes uruguayos son analfabetos funcionales. De ahí que apenas un 35% de los adolescentes terminen la educación secundaria (sí, un poco más de la tercera parte), lo cual, desde luego, no permite formar adultos con capacidades laborales avanzadas. El número de jóvenes que no estudian ni trabajan va en aumento cada día, y resulta difícil crear empresas o aceptar inversiones extranjeras por el hecho de que no hay suficiente mano de obra capacitada.

Lo anterior lleva a casi todos los demás problemas que angustian a los uruguayos de bien, y el primero de ellos es la pobreza. Olviden las cifras que larga nuestro gobierno. Según los gobernantes, la pobreza cayó a menos del 20%, pero este dato realmente no coincide con la observación. Si uno analiza la cifra, muchos pobres han dejado de ser pobres EN TEORÍA, ya sea porque reciben dinero del Estado o porque les consideran como ingreso algunos beneficios de salud pública (por ejemplo). Obviamente el PIB tampoco disminuye la pobreza, porque aunque suba el ingreso de un país, ello no se traduce en una mejoría automática de la vida de sus habitantes. Como sea, si UN TERCIO de las familias del país reciben apoyo del Estado, NO DEJAN DE SER POBRES. Las cifras de necesidades básicas insatisfechas también dejan claro que la pobreza es bastante mayor de lo que afirma el gobierno. Sin embargo, en realidad no hace falta mirar las cifras para darse cuenta de la pobreza creciente. Yo hablé de OBSERVACIÓN. Basta con salir a la calle. De hecho, basta con sentarse en cualquier esquina de cualquier barrio, frente a un contenedor de basura, para observar el desfile de personas que buscan materiales para reciclar o incluso comida. Basta con tomar algún autobús, por ejemplo el 405, para pasear por la periferia de Montevideo y observar unos barrios de casuchas que hacen recordar a la India o cualquier otro país tercermundista miserable. La cantidad de gente que duerme en las calles es cada día mayor, también.




Estas fotos no aparecen en las postales turísticas, desde luego, pero así viven MILES Y MILES de personas en Uruguay. Los niños juegan entre la basura, a menudo tienen parásitos internos y externos (incluso sarna), y más de una vez he visto a una madre o padre que salen a hurgar en la basura, en días de lluvia, llevando consigo tres o cuatro niños. El promedio de hijos de las mujeres pobres es de 5, si mal no recuerdo la última estadística, y muchas empiezan a parir en la adolescencia. Casi siempre son niños de diferentes padres, y no es raro que alguno tenga una deficiencia mental debido a la mala alimentación de la madre (por no hablar del tabaquismo o la drogadicción). Hace un tiempo hubo un escándalo en Uruguay porque había niños pobres con altos niveles de plomo en la sangre, debido a la contaminación ambiental, y es bien sabido que el plomo causa daños neurológicos irreversibles. LA MITAD de los niños en este país viven en condiciones de pobreza, si mal no recuerdo esa otra estadística, y la verdad es que me viene como una risa irónica cuando dicen que esos niños son el futuro del país. Si esos niños son el futuro de algo, diría que son los futuros hurgadores, delincuentes y/o drogadictos, porque con la educación pública actual y semejantes condiciones de vida será muy difícil que logren cualquier meta razonable en la vida.

La cuestión de la basura tiene otra cara que quizás parezca menos relevante, pero que a mí me duele mucho: el maltrato animal. Hoy en día muchos hurgadores no tienen dinero para comprar un caballo, pero quienes sí los tienen a menudo los maltratan, y esto lo vi cuando hacía prácticas en la facultad o en una clínica de un barrio pobre. Caballos mal alimentados, golpeados, enfermos, sobrecargados de trabajo. Cada tanto sale en los periódicos alguna noticia escandalosa, como de un accidente de tráfico donde el caballo acabó sacrificado o de un hurgador que mató a su yegua a palos en plena vía pública. A menudo estos caballos comen lo que pueden entre las bolsas de basura, y cuando tragan alguna bolsa, no es raro que acaben muriendo de una obstrucción intestinal. Problema adicional: el estiércol de caballo suele contener esporas de tétanos, que quedan regadas por toda la ciudad. Menos mal que en Uruguay la vacunación antitetánica es gratuita y obligatoria (eso sí funciona bien).

Y ya que me puse con la basura, les puedo asegurar que la basura es OMNIPRESENTE en la capital, incluso en los barrios de gente con mayores ingresos. El municipio de Montevideo no ha cumplido con su deber en el sentido de educar a la gente para que no ensucie (a fuerza de multas, como se hace en cualquier país civilizado), y encima los hurgadores sacan las bolsas de los contenedores y las rompen en la vía pública para ver si hay algo que les sirva. Por si esto fuera poco, los recolectores municipales de basura tienen un sindicato que a menudo decreta huelgas, y cada vez que hay una huelga, cada contenedor se convierte en un basurero. O sea, es espantosamente común que cada contenedor de basura en Montevideo se vea así:


Por cierto, tampoco es raro ver alguna rata escabullirse entre las pilas de basura. He llegado a verlas en pleno día. Debemos de tener unas ratas muy bien alimentadas, desde luego. ¿Debo recordar que las ratas contagian enfermedades a los humanos y las mascotas?

Aunque no lo crean, el municipio está en manos del mismo partido desde hace casi 25 años. Cada vez tiene menos aprobación por parte de la ciudadanía (ronda el 30%), pero ese partido continúa ganando debido al actual sistema de elecciones. Me cuesta creer, sin embargo, que exista una franja de votantes tan estúpidos como para permitirles seguir ahí. Nos revientan con los impuestos municipales, además, sin darnos a cambio unos servicios básicos satisfactorios. Me refiero a cosas como la reparación de calles, la iluminación de la vía pública, la poda de árboles (no es raro que caiga un árbol demasiado viejo; incluso ocurrió una muerte por este motivo), el ordenamiento del tránsito y, como ya expuse, la cuestión de la limpieza.

La mala educación pública, sumada a pésimas políticas en cuanto al manejo de la delincuencia, ha tenido un efecto fatal sobre la seguridad ciudadana en todo el Uruguay, especialmente en los últimos dos períodos de gobierno. Sin tener mafias instaladas dentro del país, la delincuencia no ha parado de aumentar, tanto en cantidad como en violencia. En el interior del país todavía no es tan grave, pero sí se ha vuelto muy frecuente el robo organizado de ganado: a veces se llevan a los animales en camiones, otras veces los descuartizan ahí mismo (se llevan sólo las partes más comerciales del animal para venderlas ilegalmente en ferias, dejando que el resto del cadáver se pudra a la intemperie). En la capital, el aumento de la delincuencia ya es ESCANDALOSO, y encima desde el gobierno nos mandan el mensaje de que en realidad la delincuencia es culpa de toda la sociedad (o del neoliberalismo, o de la crisis del año 2002, o del capitalismo, o del consumismo; en fin, excusas varias), y que si a uno lo asaltan es culpa de uno por hacer "ostentación de riqueza" (no veo cómo puede ser ostentación de riqueza salir a la calle con un bolso y dinero para las compras; de todas maneras, la ostentación de riqueza tampoco justificaría un delito). Es común que ASESINOS de entre 15 y 18 años queden libres en poco tiempo, es recontra común que el vandalismo quede sin castigo, es cada vez más común que haya NIÑOS delincuentes, y ni siquiera se salvan los autobuses, porque aunque las cámaras al parecer disminuyeron los asaltos, a menudo los apedrean por diversión en determinados barrios. Nuestras cárceles NO rehabilitan, y de hecho están calificadas entre las peores del mundo, con un trato absolutamente inhumano hacia los presidiarios (hacinamiento, falta de higiene, alimentación pobre). A mí me asaltaron a punta de cuchillo la única vez que volví tarde a casa en AÑOS, y de hecho ya no queda ningún conocido mío que no haya sido víctima reciente de algún delito. Hace poco tuve que llamar a la policía de noche porque había unos ladrones bajando no sé qué desde la azotea de mis vecinos. También tuve que llamar a la policía porque nos robaron los cables de la electricidad, y más de una vez le han robado a alguien su teléfono móvil frente a mi casa. Y eso que vivo, supuestamente, en un barrio de baja delincuencia. En los barrios de alta delincuencia ni siquiera entran la policía o las ambulancias (sí, es como en las favelas de Rio de Janeiro). Prácticamente ya no quedan casas que no tengan rejas por todos lados, e incluso hay algunas que combinan rejas + alambre de púas + cerca electrificada (sí, las tres cosas a la vez). La gente anda con miedo. Hay comercios que han sido asaltados DECENAS de veces, incluso con amenazas de granadas o rompiendo los vidrios de seguridad con mazos. Las personas llevamos el dinero para las compras bien escondido, tratamos de no usar ropa o accesorios que atraigan la atención, vigilamos que no haya delincuentes cuando estamos llegando a la casa. Es nuestra nueva vida diaria, y me revienta que tantos de mis compatriotas, en lugar de protestar enérgicamente, asuman esto como algo normal. Aunque da lo mismo protestar, en realidad, porque nuestro actual gobierno no da mucha bola...

(Me pregunto si el próximo paso
será poner un foso con cocodrilos.)

El sistema de salud también está empeorando, a pesar de lo que afirma el gobierno. En un intento (muy loable, eso sí) de crear una salud pública universal, lo que han hecho es emparejar hacia abajo. Se tarda más tiempo en acceder a los especialistas, los médicos están sobrecargados de trabajo, algunos hospitales están en condiciones lamentables. En las ciudades del interior del país la atención es deficiente (p. ej. faltan ambulancias), y recientemente han muerto adultos y bebés porque no había determinados especialistas en un rango de varios kilómetros. Mi único consuelo es que no estamos tan mal como en otros países, tal que no quedas en la ruina si no tienes un seguro médico (ejem-Gringolandia-ejem), pero más me vale mantenerme sana porque no tengo ganas de experimentar en carne propia las deficiencias actuales de nuestra sanidad.

Otra cosa: la política exterior. Más concretamente, las relaciones con Argentina. Algo no ha cambiado: los uruguayos queremos a los argentinos, y espero que vice versa. Pero estoy harta de que nuestros actuales gobernantes dejen que el gobierno argentino nos pase por arriba. Brasil tampoco nos trata muy bien que digamos, pero el gobierno uruguayo sigue apostando por el dichoso Mercosur, a pesar de que nos ha servido para bien poco. Se detecta, además, una inquietante afinidad con gobiernos de corte antidemocrático, como Cuba, Venezuela e incluso Irán (bueno, seré justa y diré que al menos el nuevo gobernante de Irán parece bastante mejor que el anterior).

¿Me falta algo? Aaaah, sí, unas palabras sobre nuestro actual presidente. El señor Mujica, el "presidente pobre", el "presidente de los pobres". En mi opinión, es un INEPTO. Me da igual que viva en una chacra si ha gobernado estos casi cinco años con una total falta de rumbo en los temas cruciales arriba mencionados. No es pobre, además. Un tremendo sueldo sí que cobra, por más que decida no gastarlo en sí mismo. ¿Y esa supuesta donación del sueldo que hace? Es para un plan de vivienda que se considera un fracaso, por lo que sé. Dice cosas muy bonitas en el extranjero, pero cuando vuelve a Uruguay se contradice con sus ACCIONES. Primero prometió "educación, educación y educación", pero un tiempo más tarde dio por perdida la batalla porque no se quiere enfrentar a los dictatoriales sindicatos de izquierda (y eso que no tiene nada que perder, pero el partido manda; y él no gobierna para todo el Uruguay, gobierna para su partido, lo cual es anticonstitucional). Y no me vengan con lo de la marihuana. En lo personal, estoy a favor de la despenalización del autocultivo, pero créanme que todo el asunto es una pantalla para distraer de los temas importantes que mencioné arriba. La legalización de la marihuana esconde una profunda derrota: no se pudo controlar por otras vías la drogadicción a la pasta base de cocaína, que es en gran parte responsable del aumento de la delincuencia. Ojalá funcione pero tengo serias dudas, por el tipo de deterioro social que está llevando a nuestra gente a consumir pasta base. Y porfis, PORFIS no comparen a Mujica con Mandela. Sus palabras (las que dice impulsivamente, no los discursos preparados que larga en el extranjero) hacen notar que es una persona muy rencorosa e intolerante, y aunque se diga lo contrario, ÉL SE ALZÓ EN ARMAS CONTRA UNA DEMOCRACIA, NO CONTRA UNA DICTADURA. La dictadura llegó cuando él ya estaba preso. La mentira de que Mujica combatió la dictadura está tan difundida que cuesta horrores refutarla, pero las fechas no mienten. No digo que Mujica sea el Diablo, pero buen presidente NO es, y así como dice una cosa, luego se contradice radicalmente, o sea que nunca nos podemos fiar de lo que dice. Y como guinda del pastel, su gobierno va a permitir la entrada de una empresa de MEGAMINERÍA A CIELO ABIERTO a Uruguay, a pesar de que somos un país de explotación agrícola sustentable y ecológica. El trato es pésimo. La empresa minera se va a llevar la mayor parte de las ganancias, los minerales van a ir a China (y ya sabemos cuán contaminante es la industria en China, así que esto echa por tierra los discursitos ecologistas de Mujica), y el dinero que quede en el país se empleará en planes asistencialistas que seguirán camuflando la pobreza sin solucionarla realmente (porque en realidad es una compra de votos encubierta; la verdadera solución para la pobreza pasa por la educación pública, y ésa está como el culo).

Oh, y el partido de gobierno actual ya amenaza con eliminar la segunda vuelta en las elecciones (seguramente porque han visto el crecimiento del inconformismo, y temen perder sus sillones). También amenaza, si vuelven a ganar, con un supuesto "giro a la izquierda", que en pocas palabras significa más impuestos para los que trabajan y más asistencialismo para los pobres sin exigencia de contrapartidas (repito: compra de votos). Las personas trabajadoras ya estamos agobiadísimas por los impuestos. Según una amiga escribana, hay escribanos que pidieron que les retiraran la investidura porque ya no podían seguir pagando los impuestos que les cobran por ser profesionales. Algunos impuestos municipales nuestros son más caros que en las ciudades caras europeas, a pesar de que el sueldo promedio en Uruguay es de unos 10.000 pesos = 330 euros = 500 dólares. Montevideo es una de las ciudades más caras de la región, también, y la promesa de bajar el IVA, que era del 23%, se quedó en una mísera rebaja al 22%. El combustible es carísimo a pesar de los acuerdos petroleros con Venezuela, lo cual repercute en los precios de casi todo.

¿Tengo algo bueno para decir de Uruguay? Por supuesto. Sigue habiendo gente solidaria y trabajadora. Geográficamente hablando, me encanta (clima moderado, sin catástrofes naturales). Actualmente el desempleo está bajo y la economía ha crecido, aunque eso se debe más bien a factores externos que a aciertos de los últimos gobiernos. Pero no se engañen por lo que se ve desde afuera. Uruguay no es un paraíso socialista. Uruguay es un país que PODRÍA ser como Suecia, pero cuya administración deficiente no consigue resolver problemas básicos como evitar que la gente sea asesinada por delincuentes menores de edad. ¡Si ni siquiera consiguen coordinar los semáforos en las avenidas!

No trato de ser negativa, sino de dejar al descubierto los problemas para que dejemos de ilusionarnos con mentiras, y para que los extranjeros conozcan la verdad (de lo contrario, nuestros gobernantes se regodean con la buena imagen que presentamos al exterior y se duermen en los laureles). Este país NO VA BIEN, sino mal y a peor. Y si tenemos ladrones y asesinos de menos de 12 años... afirmo lo que escribí en el título: Uruguay es un país de cuarta, sorry. Merecemos algo mejor. Y yo EXIJO algo mejor, que para algo soy una ciudadana honrada que paga impuestos. (Por cierto, los ciudadanos honrados que pagamos impuestos ya nos autodefinimos como "los nabos de siempre", porque hacemos lo correcto pero nos tratan peor que a la gente deshonesta.)

G. E.

PD: Hablando por experiencia, es muy posible que algún frenteamplista venga a insultarme por lo que he escrito, a pesar de que todo lo que puse es VERDAD. No voy a dejar pasar comentarios ofensivos. Y ya que estoy, tampoco me voy a poner a discutir con ningún frenteamplista. Son capaces de negar que el cielo es azul si se los dice el partido, y como dijo Raúl Sendic, igual votan heladeras. He escrito este artículo no porque yo sea de cualquier otro partido (que tampoco son una maravilla, puestos en ello), sino porque me importa el país y no me gusta desde hace tiempo el rumbo que va tomando. Supérenlo.

PPD: Tampoco se molesten en decirme que "los demás países de Latinoamérica están peor". Eso es consuelo de tontos. Uruguay es un país pequeño, está medio aislado por hectáreas de campo vacío, y con tres millones y medio de habitantes no debería tener problemas tan numerosos y graves.

PPPD: Tengo la política de usar imágenes propias para este blog, pero admito que éstas las tomé de Google (búsquedas: "asentamiento Montevideo Uruguay", "carrito hurgador Montevideo", "contenedor desbordado Montevideo" y "casa enrejada Montevideo"). No para falsear la verdad, porque estas imágenes representan cosas que he visto en persona, sino porque hay demasiados robos en Montevideo como para que me arriesgue a salir sola con mi cámara a tomar las fotos yo misma.


Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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