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30 de noviembre de 2014

TONTERÍAS ALEATORIAS

Mientras trabajo en otras entradas, aquí les van algunos de esos pensamientos locos (o no tanto) que en general se me ocurren cuando estoy dibujando. Los he puesto en Twitter, pero allí casi nada perdura, así que los dejaré por aquí también en caso de que los encuentren entretenidos :-)

No dejo que nadie me diga que no podré hacer algo. Como mínimo, tendré la oportunidad de fracasar espectacularmente.

Amo a los políticos. Cuando escapan corriendo. De mi lanzallamas.

Nadie que me robe chocolate vivirá para contarlo.

No me molestaría besar a un príncipe convertido en sapo. Pero si fuera una cucaracha... no, lo siento, adiós.

En las películas de terror siempre matan al gato/perro/conejo de la familia, pero nunca a esas adorables boas/iguanas/tarántulas.

Lo que más me aterra de viajar en avión... es pasar doce horas sentada al lado de alguien insoportablemente parlanchín.

Quisiera un sofá que mordiera en el culo a los visitantes indeseados para avisarles de que ya deberían irse de mi casa.

Los médicos deberían mencionar más seguido las propiedades terapéuticas de un buen abrazo.

En alguna vida pasada quiero ser un apatosaurio.

En mi trato con hombres, lo que más me atrae de ellos es el tamaño... de su inteligencia. Y si tienen una gran... biblioteca, pues mejor.

Un escritor sin imaginación es como un bailarín sin pies.

Debería haber un mecanismo por el que uno barriera el piso y quitara el polvo de los muebles ¡y se mantuvieran por siempre limpios, carajo!

Más allá de que plagiar está mal, siento lástima por la gente que plagia. ¡No saben crear nada que valga la pena plagiar!

Todo científico loco que se precie de tal debe hacer explotar su laboratorio al menos una vez en la vida.

La vida es demasiado corta como para preocuparse por los muñecos que cobran vida y tratan de asesinarte en la noche.

No es que no crea en el amor a primera vista. Simplemente me parece más probable que a uno lo parta un rayo, estadísticamente hablando.

La vida es demasiado corta para amargarse por las cosas que no se pueden cambiar. Sugiero, en cambio, puteadas catárticas esporádicas.

Los profesores aburridos deberían ser condenados a escuchar sus propias clases por toda la eternidad.

Oh, la tentación de pararme en medio de una plaza y preguntar a cualquiera que pase si han visto a mi boa constrictor...

Las cucarachas me gustarían mucho más si se convirtieran en cenizas por el poder de mi mirada asesina.

Tantas personas obsesionadas por la belleza de su piel... prefiero a las que se concentran en la belleza de sus actos e ideas.

Desearía poder presentir cuando voy a tener un día torpe. Me pondría coderas, rodilleras y casco ya desde la mañana.

Quisiera decir que ninguna montaña podría apartarme del chocolate, pero qué carajo, el Everest ES jodidamente alto.

Los libros mal escritos deberían autodestruirse antes de llegar a las imprentas. Así se evitaría una muerte innecesaria de árboles.

Me gusta que haya tantas cosas que todavía no sé. De lo contrario, mi curiosidad moriría pronto de aburrimiento.

Lo más estresante de podar mi frondoso jardín es sentir un cosquilleo en la nuca y tener la sospecha de que algún bicho aterrizó ahí.

Disfrutaría más de los cantos de los pájaros en la mañana ¡¡si no fuera porque odio que me despierten temprano!!

Me irrita la gente que se preocupa por bobadas. Primero, preocuparse raras veces sirve, y segundo, hay temas IMPORTANTES de preocupación.

A quienes se quejan de que están aburridos... aprendan de los Boy Scouts y busquen una buena obra para hacer en el día.

Cuando sea vieja, me prometo a mí misma que nunca andaré con un vestido viejo y ruleros.

Si alguna vez llegara a perder la memoria, ¡que a nadie se le ocurra recordarme mi adolescencia!

Me pregunto qué porcentaje de los integrantes del Cirque du Soleil son capaces de doblarse como un pretzel.

Lástima que no exista algo equivalente a la lejía para desinfectar los corazones malignos.

El mundo sería un lugar mucho más agradable si quien tratara de hacer algo malo se convirtiera instantáneamente en un lindo patito.

Me pregunto si el creador del órgano se dijo en algún momento: "¡Uh, esto va a servir de maravilla para tocar música tenebrosa!"

No soy una asesina en serie, pero si lo fuera... creo que me dedicaría a los payasos.

Debería estar prohibido volverse más viejo sin volverse más sabio.

Juro que cuando tengo ganas de aplastar cabezas a cachiporrazos, en general es por una razón perfectamente justificable.

Quienes afirman que la felicidad viene de dentro y no depende de las circustancias obviamente no viven en medio de un apocalipsis zombi.

No tengo nada en contra de los libros mal escritos, siempre y cuando no se crucen en mi camino bajo ninguna circunstancia.

Si alguna vez viene un tornado y hace volar mi casa, más vale que como mínimo me deje en Oz.

Me gustan los laberintos. Sobre todo para abandonar a mis enemigos en ellos y que se los coma algún monstruo mitológico. ¡¡Muajajajaja!!

Desearía poder hacer magia de verdad. Haría desaparecer a la gente molesta y en su lugar aparecería mucho chocolate.

Que algún científico me invente un repelente para gente malhumorada, please.

No puede ser buena señal cuando abres el grifo de la cocina y en lugar de agua sale una risa macabra.

En alguna de mis próximas vidas quiero ser pulpo. Así compensaré todas esas ocasiones en que no me han bastado dos manos para una tarea.

Si llego a tener éxito como escritora de horror, no quiero que celebren mi nacimiento sino mi muerte. Y espero que caiga en Halloween.

En lugar de luchar contra las superbacterias, tal vez deberíamos fusionarnos con ellas y avanzar en la evolución.

Jamás me haría un trono de hierro con espadas. Dudo de que se pueda gobernar con amor y justicia si la espalda te está matando.

Me gusta ser una mujer independiente, pero en días difíciles quisiera ser una princesa de Disney y tener mi final feliz garantizado.

Adoro el hecho de que es posible aprender cosas nuevas todos los días por el resto de la vida de uno.

Debería ser socialmente aceptable pegar un puñetazo en la nariz a esas personas que te sacan de quicio por ser incapaces de razonar.

Al parecer las brujas nunca hacen sus conjuros con ingredientes fácilmente adquiribles en un supermercado. O como mínimo en Amazon.

Extraño la época en que no tenía que preocuparme por el cambio climático, la extinción de los tigres, los bisfenoles o las grasas trans.

La vida sería mucho mejor si hubiera hadas que se encargaran de hacer aparecer bombones cuando uno está triste.

Los payasos y los mimos sólo me hacen gracia cuando se los está comiendo algún monstruo prehistórico.

Es una pena que ya no existan los trovadores. Twitter y los noticieros no tienen el mismo encanto informativo.

No quiero calmar mis nervios. Quiero que se resuelvan los problemas que hacen que mis nervios se alboroten.

Creo que el tejido de mi vida tiene algunos puntos sueltos. ¿Debo coserlos yo misma o hay alguien a quien pueda reclamarle?

No me molesta la gente que es feliz a pesar de los problemas. Me molesta la gente que es feliz pretendiendo que esos problemas no existen.

No tengo ningún interés por saber qué se siente dispararse accidentalmente en el pie con una pistola de clavos.

Si alguien llega a publicar un libro mío en forma póstuma, espero que en la contraportada ponga una foto de mi cadáver putrefacto.

Con tanto robotito que están inventando, yo quiero uno que golpee a las personas cuando dicen alguna estupidez.

Para no caer en redundancias, voy a desconcertar a todo el mundo subiendo para abajo y bajando para arriba. ¿Qué tal?

Algunas personas me hacen desear tener una aplanadora para usarla como arma mortal.

Los freudianos ven penes en todos los obeliscos. Yo nada más veo una especie de monumento bastante aburrido.

Me gustaría tener un árbol que por las tardes se llenara de papagayos.

La diferencia entre un optimista y un cínico son algunos cabezazos contra la realidad.

Ser parte de una mayoría no siempre es lo mejor. Nuréyev no bailaba como la mayoría de las personas.

A menudo la ficción histórica en la TV o películas es tan históricamente exacta como las leyes de la física en las caricaturas.

En alguna de mis vidas pasadas quiero ser Shakespeare.

Los cielos paganos suelen prometer chicas vírgenes descocadas. ¿No hay ningún cielo pagano que tenga chicos guapos para las mujeres?

Si tuviera superpoderes eléctricos no me volvería una supervillana. Más bien resolvería la dichosa crisis energética.

Encontré un dodo. Pero era el último de su especie y estaba muriendo de soledad, así que lo asamos. Quedó delicioso.

Cada vez que viajo en autobús recuerdo una vez más por qué desearía tener una alfombra voladora.

El pollo cruzó la carretera porque yo lo estaba persiguiendo con un salero y un cuchillo de trinchar.

Me rehúso a caer en la filosofía del "es lo que hay". Así se niega por completo la posibilidad de cambiar lo que no funciona.

Los pingüinos emperadores dejan en vergüenza a todas esas personas que no se las arreglan en la vida teniendo mucho menos en contra.

Si tuviera los poderes de Spider-Man, en primer lugar tendría una conversación con las arañas de mi casa sobre lo de meterse en mis zapatos.

En este momento me haría muy feliz que un camión de transporte dejara caer por accidente algunas cajas de bombones frente a mi casa.

Algunas personas tienen ideas tan fijas en la cabeza que pedirles que cambien de opinión es como pedirles que muevan una montaña.

Frase que me gustaría exclamar en un restaurante: "¡Por Crom y Dionisio, qué bueno está este vino!"

Lo molesto no es que una momia se meta en tu casa. Lo molesto es que vaya soltando pedacitos de vendas y piel reseca por las alfombras.

De hoy en adelante, cada vez que me encuentre en un dilema moral o una situación de vida o muerte me preguntaré: "¿Qué harían los Vengadores?"

¿Y si en las películas de terror pusieran, en lugar de cuervos, a un lindo loro que dijera: "Voy a comerte la cara cuando te duermas"?

Me desanima un poco tratar con personas demasiado buenas. Tratan de hacerme creer en milagros que muy raramente he visto que se cumplan.

Siento debilidad por los gatitos. Y los patitos. Y los ponis. Y las arañas y serpientes de toda clase.

Detesto esos días torpes en los que incluso una hoja de papel puede ser un instrumento de automutilación accidental.

La mayoría de las personas que afirman que no existen reglas en la literatura son quienes no saben romperlas exitosamente.

Lugares de fantasía que no visitaría ni pudiendo: Mordor, Westeros, Arrakis, Azkaban y ese planeta volcánico de Star Wars III.

Desearía tener una máquina que robara las horas de ocio a la gente que no hace nada útil con ellas.

Me gustarían más los parásitos intestinales si sólo vivieran en Marte. Y podría decir lo mismo de algunos parientes.

Yo no miento. Sin embargo, a veces decoro la verdad con bonitos toques de ficción.

Si tuviera poderes telequinéticos, limpiaría el polvo de los muebles con una simple pasada de mi fabulosa mente.

Dicen que la muerte y los impuestos son inevitables. Yo añadiría lo de toparse con gente rematadamente estúpida.

Los terroristas deberían convertirse espontáneamente en estatuas de caramelo.

Alguna vez usaré mi hacha para cortar leña, lo prometo. Por ahora, sin embargo, tengo que acabar con mis enemigos. ¡¡¡MUAJAJAJAJAJAJA!!!

La gente culpa a la TV y los videojuegos de la violencia como si no hubieran existido la Edad Media y la Inquisición.

Jamás podría tener un gallo. Tras la primera vez que me despertara temprano, lo asaría al horno con patatas.

Si Venus surgió de una concha de ostra... ¿podemos clasificarla como un molusco?

Con lo poco que me entusiasman los deportes, sería una porrista muy, muy poco inspiradora.

Puf. Salgo a caminar y un caballero andante intenta clavarle una lanza a mi pobre dragón. No hay respeto por las mascotas ajenas.

¿Sería muy exagerado si pusiera trampas para osos alrededor de mi limonero? Tengo que proteger la fuente de mi limoncello casero.

A veces me siento algo así como enfadada por el hecho de que otros podrán ver mi esqueleto descarnado pero yo no.

Más que preocuparme porque alguien me espíe, en realidad me apena no tener ningún secreto súper importante que guardar.

Ahora mismito, mi vida sería mejor si escuchara ruidos en la puerta y al abrir encontrara un unicornio. O a Chris Hemsworth.

Me tienen harta las películas sobre apocalipsis zombis. Pero si fuera un apocalipsis por PALOMAS zombis... ésa sí que la vería.

Querer conformar a todo el mundo es el primer paso para abandonar cualquier intento de creativa originalidad.

Pensar un poquito en los demás antes de hacer algo resolvería una gran parte de los problemas de este mundo.

¿Qué dirán los chinos cuando no comprenden algo? ¿"Esto parece griego/árabe/español"?

No deseo conocer a un caballero de brillante armadura. Preferiría a un abogado inteligente que manejara un auto eléctrico.

Si los muñecos de vudú funcionaran de verdad, no habría un solo político corrupto a salvo en todo el planeta.

Nunca he pensado eso de "trágame tierra". Mi instinto de supervivencia más bien preferiría que la tierra se tragara a todos los demás.

Creo que mi mente me manda sueños sobre lindos gatitos para desintoxicarme del estrés de la vida real.

Soñé que estaba en un jardín donde había insectos fluorescentes. Fue lindo hasta que me mordió el tobillo una mantis psicótica.

No tengo nada en contra de los no-muertos, siempre y cuando no pretendan chuparme la sangre ni comer mi cerebro.

Hay días en que la mente está cargada de ideas y proyectos pero la voluntad sencillamente no colabora.

Si pudiese escribir el guion de mi propia vida, habría menos maldad, más hombres guapos sin ropa, aventuras locas y una mansión con piscina.

En lugar de pantuflas de conejo, yo quisiera unas pantuflas con cara de oso furioso.

Escribir es un empleo maravilloso en el que toda la realidad conspira para que no puedas dedicarte a ello tanto como quisieras.

En ninguna de las versiones de King Kong se mencionó el embarazoso asunto del excremento gigante de simio en la ciudad.

No tengo ningún interés en averiguar qué se siente caer en un foso lleno de serpientes venenosas.

No puede ser buena señal cuando tu gato gira la cabeza 180 grados y se pone a gruñir con una voz de ultratumba.

Hay gente a la que quisiera sacudir y decirles: "No te sientes a esperar que las cosas pasen, haz que pasen cosas."

Habiendo hambrunas, guerras, esclavitud y desastres naturales, escandalizarse por besos de homosexuales o palabrotas es estúpido, la verdad.

¿Dónde puedo llenar un formulario para solicitar un hada madrina?

Qué desilusión cuando comprendí que mis padres no lo sabían todo. Menos mal que al mismo tiempo descubrí que existían las enciclopedias.

Todo me hace pensar que vamos hacia un futuro como el de la peli Idiocracia. O como mínimo hacia algo loco como en Futurama.

Estúpidas tostadoras poseídas que arrojan las tostadas al techo.

Si tuviera una lámpara con genio, mi primer deseo sería que todas las personas fueran buenas y honradas. Quizás no necesitaría más deseos.

En alguna de mis próximas vidas quiero ser un pez abisal. Lo tomaría como un descanso del ruido del tráfico y las cortadoras de pasto.

Tengo un cañón que dispara merengues y no me da miedo usarlo.

Obligarme a madrugar es lo más cercano a encontrarse con un zombi.

Ninguna versión del cuento menciona si Cenicienta tuvo que ponerse venditas a la mañana siguiente por usar las zapatillas de cristal.

¿En qué pensaba la naturaleza cuando creó a los pavos? ¿"Voy a hacer un ave sabrosa, lo bastante fea como para que no dé pena comerla"?

"Nunca digas nunca." Bah. Yo estoy muy segura de que nunca quiero morir destrozada por una enfardadora.

Me desconcierta cuando alguien se vuelve rico y famoso por hacer algo increíblemente estúpido.

Al parecer, cuando los enamorados se tienden en la hierba nunca hay abrojos.

La belleza está sobreestimada. Sobre todo cuando te persigue un zombi y lo único relevante en ese momento es tener piernas veloces.

La imaginación es un arma poderosa, pero en un combate con un extraterrestre carnívoro de tres metros, preferiría una motosierra.

Me he apuntado como donante de órganos, pero más vale que ningún científico use mis partes para crear un monstruo como el de Frankenstein.

Me pregunto si en los días torpes Thor TAMBIÉN se machaca los dedos por accidente con su martillo.

Quien no corre riesgos de ninguna clase no está viviendo una vida que valga la pena.

No hay que temer al fracaso porque representa un aprendizaje. Bueno, salvo cuando te mueres.

Algunos votantes tienen tan poca memoria que parece como si los políticos usaran el cacharrito ese de Hombres de negro.

Lo siento, pero en ningún momento de mi vida voy a considerar que estoy demasiado vieja para ver una película animada de Batman.

Cuando sea Emperatriz del Universo, las aceras tendrán el poder de rebotarle la basura en la cara a la gente que ensucie.

Si fuera un ogro y viviera en una cueva, decoraría mi hogar con los huesos de las personas que me comiese.

"Arenas del tiempo", blegh. Yo preferiría polvo de cacao del tiempo. Es mejor ir hacia la muerte oliendo a chocolate.

Lo peor que le puede pasar a una persona que se esfuerza por superarse es que le pase por encima alguien que no lo hace.

Consideraré útiles a los mimos el día que puedan usarse como instrumentos de tortura psicológica.

Alguna vez entraré a un hotel y preguntaré, con cara muy seria: "¿Dónde puedo estacionar a mi dragón (o helicóptero)?"

Me pregunto si la gente aguantaría la risa en el funeral de alguien que hubiera muerto porque una vaca se sentó sobre su cabeza.

Quisiera entrar en un banco vestida de pirata y preguntar: "¿Aceptáis depósitos en doblones de oro?"

Para una escritora aficionada al horror como yo, tener una casa sin fantasma resulta... no sé, un poco decepcionante.

Casi nada que valga la pena resulta fácil. Excepto sonreírle y abrazar a una persona querida que se siente triste.

Las arrugas no serían tan malas si la industria de la belleza no tratara de convencernos todo el tiempo de que son una tragedia.

Quien quiera una vida fácil, que se convierta en otra cosa. Como una esponja de mar.

Conocí a un príncipe. Pero se parecía demasiado al príncipe Carlos de Inglaterra, así que salí corriendo en la dirección opuesta.

Como escritora de horror, tendría que hacerme al menos una foto sosteniendo un hacha ensangrentada.

¿Por qué, por qué no existe una vacuna contra la estupidez, o como mínimo una especie de Lysoform que acabe con el 99,9% de ella?

Una mente curiosa es un tesoro... bueno, a menos que sienta curiosidad por infligir torturas a otras personas.

Una vez soñé que estaba en peligro y me rescataba un hermoso poni blanco con alas. ¿¿Por qué carajo no pasan esas cosas en la vida real??


G. E.

27 de noviembre de 2014

ADIÓS, MININO

Éste es el día en el que tuve que despedirme de mi gato :-( Cuando el ecografista te dice que tiene los riñones como pasas de uva, y el análisis de orina te dice que la densidad es 1.010, eso significa una sentencia de muerte.

Fue una evolución muy rápida, una vez que los riñones se dieron por vencidos. Mi pobre Minino ya venía dando señales de vejez durante el último año, pero de pronto se puso malito y no tardaría en ponerse peor. Muchos dueños de mascotas se aferran a ellas hasta el último momento, cuando el sufrimiento del animal es tan grande que resulta más fácil dejarlo ir. O sea, más fácil para el humano, pero no para la mascota. Yo decidí que iba a ahorrarle todo ese dolor a mi gato, aunque eso significara despedirme de él un poco antes. Cuando los riñones se paran por completo, el animal muere intoxicado por la acumulación de urea en la sangre, y eso causa unos síntomas nerviosos bastante horribles. Preferí sacrificar a Minino mientras aún fuera él mismo, sin dejarlo experimentar el deterioro final.

La eutanasia fue rápida. Y lo mejor, indolora. Antes de eso me despedí de él cepillándolo un buen rato, porque él adoraba que lo cepillaran. Ya tenía cara de "no me siento bien", sin embargo.

Esa tarde lloré tanto que ya corría el riesgo de resbalarme en los charcos del piso. Ahora me consuela el hecho de que 16 años y medio superan la expectativa promedio de vida de un gato doméstico, y que durante ese tiempo el bicho vivió como un rey, gozando incluso de mejor salud que yo (sólo se enfermó una vez, hace muchos años; fueron unos días de fiebre alta que terminaron sin dar pistas de la causa).

Y 16 años y medio son una relación muy larga con un animal (un 44% de mi vida hasta la fecha; sí, saqué la cuenta con mi calculadora). De hecho, tuve una relación más larga y provechosa con mi gato que con muchas personas, incluyendo varios parientes. Encima, hay humanos que no llegan a vivir 16 años y medio.

Eso no quita el agujero negro de tristeza, por supuesto. Es como si a mi corazón le hubieran cortado un pedazo con forma de silueta felina, onda calabaza de Halloween. Menos mal que tengo fotos para recordarlo...




La última es del año pasado. Minino acababa de descubrir que era cómodo dormir entre mis pantuflas en las noches de invierno, mientras yo cenaba.

Había muchas cosas que me gustaban de mi gato:

a) Era inteligente, y siempre encontraba alguna forma nueva de hacerme reír.
b) Era sumamente limpio. Iba al fondo de mi casa a dormir la siesta del mediodía, pero luego entraba y se lavaba concienzudamente todo el polvo en su pelaje.
c) No siempre me hacía caso. Tenía suficiente personalidad como para desobedecerme con toda la pega :-D
d) Me despertaba a las 5 de la madrugada con sus chillidos... no, esperen, eso no me gustaba, pero fue una mala costumbre que no le duró mucho.
e) Durante sus primeros años fue muy atlético y aventurero. Subía a las azoteas y saltaba desde el techo al fondo de mi casa rebotando en la pared. Nunca vino lastimado.
f) Me acompañaba a menudo, ya fuera en mi dormitorio, el comedor o incluso el baño.

Ya lo extraño. Le pedí prestado su tigre a mi dragón para abrazar una cosa peluda y felina, pero no es lo mismo :-/ Por cierto: mi dragón está preocupado ahora por SU expectativa de vida. Lo tranquilicé diciéndole que, si nos apegamos al folclore general, probablemente viva más que yo. Entonces el dragón me preguntó si quiero que haga algún arreglo especial para mi propia muerte. Acordamos un funeral vikingo en el que él encenderá la llama (no tengo antepasados vikingos, pero supongo que puedo apelar a mi ascendencia celta y colarme por ahí).

Adiós, Minino. Te voy a querer siempre.

Gracias. Pero no interrumpas mi siesta eterna. Aunque quizás me levante en algún momento a beber leche celestial. Y más vale que haya tal cosa, o morderé los tobillos del Ser Supremo.

G. E.

18 de noviembre de 2014

TITANES DEL RÍO DE LA PLATA

Sí, sí. Mucho éxito tuvo la película Titanes del Pacífico, pero ni se menciona que hubo una segunda brecha por estos lares. Porque todas las cosas emocionantes de las películas pasan en las urbes famosas, no en un paisito diminuto y mayormente rural como Uruguay. Buf.

En fin, menos mal que me tienen a mí para contarles lo que pasó :-)

La verdad, no sé qué buscaban los kaiju por aquí. Si no era parte de su estrategia de dominación mundial, quizás pretendían probar la carne de exportación que se produce en Uruguay y Argentina, y la verdad es que no los culparía por ello, porque bien tentador que resulta un filete bien jugoso ahumado a la parrila :-D

Peeeeero... bien, no podíamos dejar que un montón de monstruotes anduvieran circulando por ahí, porque ya bastantes estragos causan las ineficiencias de nuestros gobernantes como para encima añadir aplastamiento de ciudades más las montañas de excremento dejadas ahí por esas bestias voluminosas. O sea, alguien tenía que poner manos a la obra en el asunto, y los candidatos más adecuados para hacer frente a la plaga éramos... mi dragón y yo. Y el dinosaurio, por razones que no tardaré en explicar.

Sinceramente, no estaba muy feliz de tener que encargarme del asunto. Bastante tiempo ocupan ya mis proyectos artísticos y literarios como para meterme a pelear con monstruos de otra dimensión. Pero entonces apareció Idris Elba (¿qué clase de nombre es Idris, por cierto?) y me vociferó en plena cara:

—¡¡¿¿Dónde prefieres morir??!! ¡¡¿¿Ahí sentada o en un Jaeger??!!

—¿Son mis únicas opciones? —pregunté yo—. ¿Puedo terminar de ver la película y comer mis palomitas de maíz, al menos? Y la verdad, preferiría morir a mis 90 años, atragantándome con un pedazo de chocolate por haberme reído a destiempo leyendo un libro de Christopher Moore...

—¡¡Los kaiju están a punto de destruir Montevideo!!

—Diablos. Podrían haber pasado por Buenos Aires primero, como en la película Starship Troopers. Y de paso tal vez liquidarían a Marcelo Tinelli...

Pero no hubo caso. Idris Elba me lanzó una mirada asesina y tuve que levantarme de mi cómodo sofá. Unf. Estúpidas invasiones monstruosas que caen justo cuando una está viendo la película de estreno en HBO. (Oh, bueno, la puse a grabar.)

No es que me eligieran a mí por mis habilidades para la lucha (perfeccionadas durante años de perseguir cucarachas por mi casa para aniquilarlas en forma cruel e inmisericorde). En realidad me eligieron a mí porque el nuevo prototipo de Jaeger era especialmente complicado y necesitaba un sistema nervioso adicional y muy resistente que sólo podía proporcionar... mi Donaldito :-) (eso incluía también las neuronas de su aparato digestivo, porque, como ya puse en otro artículo, al parecer los organismos "superiores" tenemos más neuronas en las tripas que en el cerebro). Y siendo yo la mamá adoptiva de Donald, ya éramos perfectamente compatibles, por no hablar de que mi dragón no quería a nadie más en su cabeza dado que tiene algunos malos hábitos que prefiere mantener en secreto.

La verdad, quedé impresionada cuando nos presentaron al Jaeger...


Enseguida me enteré de que el diseño tenía una cierta inspiración lovecraftiana, y de que lo habían hecho unos científicos japoneses con una fuerte aleación de adamantium y vibranium. ¿Y todo gracias a quién? Al dinosaurio. Porque el dinosaurio tiene unos contactos que me dejan incluso a mí de boca abierta :-D Por cierto, el Jaeger funcionaba con un motor de fusión, o sea que además de potente era ecológico. Si íbamos a salvar el planeta (o como mínimo Punta del Este, que es la Meca del turismo en Uruguay), más nos valía hacerlo con todas las garantías de protección ambiental.

Bautizamos al Jaeger Tentáculos Rápidos y Furiosos (Tentáculos, para abreviar), y ya sólo nos faltaba vestirnos para pilotar el gigantesco robot.


(No sería mala idea usar esos trajes en otra ocasión, junto con una réplica más pequeña del Jaeger. Quizás en alguna fiesta de Halloween o una Comic-Con. Seguro causaríamos sensación... y unos cuantos destrozos en la vía pública, pero no importa porque el dinosaurio conoce a un buen contratista.)

Ya estábamos listos para irnos. No hizo falta que nos transportaran porque vivo cerca de la playa, así que empezamos a caminar y pronto estábamos en medio del Río de la Plata, vadeando sus aguas cristalinas amarronadas y llenas de basura (puaj, y menos mal que el robot contaba con buenos filtros para no atascarse con tanta porquería).

Otra ventaja del Jaeger: tenía un buen sistema de sonido, de modo que, a modo de preparación mental para la batalla, pusimos la banda sonora de Titanes del Pacífico. Esa música siempre da ganas de subirse a un robot gigante para patear traseros de monstruos igualmente gigantes :-D (Gracias, Ramin Djawadi. Y de paso, también me encanta tu trabajo en Juego de tronos. Si alguna vez convierten uno de mis libros en una película, espero que te contraten para componer la banda sonora. Aunque también me gustaría tener a Hans Zimmer o Danny Elfman. Decisiones, decisiones...)

El primer kaiju apareció a unas veinte millas náuticas de Montevideo. Era verdeazulado y andaba con cara de pocos amigos, aunque quizás fuera porque lo estaba persiguiendo un buque ballenero japonés. Algunos de los japoneses le disparaban arpones, mientras que otros no paraban de sacarle fotos al tiempo que gritaban "¡Gojira, Gojira!" (psss, japoneses antiecológicos Y despistados).

Lo primero que hicimos mi Donaldito y yo fue arrojar al estúpido buque ballenero fuera de las aguas territoriales de Uruguay. Me da igual cómo haya caído. De hecho, espero que a todos esos japoneses se los haya comido Godzilla (seguramente mientras ellos le sacaban más fotos).

Donald y yo entrechocamos los puños y tentáculos del Jaeger, generando un hermoso e impresionante estruendo metálico (adoro los efectos de sonido en una batalla, ¿ustedes no?).

—Ahora sólo estamos tú y nosotros, estúpido monstruo —dije—. ¡Esto es Esparta! ¡Digo, Uruguay! —Cambiamos la banda sonora por la de 300.


A puntapiés devolvimos el kaiju muerto a su brecha, y desde un barco argentino nos gritaron "¡¡¡goooooool!!!" (típico).

La aventura no terminó ahí, por supuesto. Estabamos esperando a que nos trajeran una bomba para cerrar la brecha, la cual, mientras tanto, taponamos con una enorme roca. Luego Donald y yo nos sentamos a escuchar, riéndonos a carcajadas, cómo los kaiju se daban de cabezazos al tratar de subir. ¡Bonk, bonk, bonk! Después de un tiempo la roca se partió (los kaiju tienen cabezas muy duras, al parecer), y mi dragón y yo volvimos a la carga cuando el siguiente monstruo asomó la cabeza.

—Tú lo sostienes y yo lo reviento —le dije a Donald—. O yo lo sostengo y tú lo estrangulas con los tentáculos. ¿Lo echamos a suertes?

Yo gané y puse la banda sonora de Rocky.

Pow! Boom! Crack! Splat!
(Perdón, es que sentí nostalgia por la vieja serie de Batman.)

Nos llevó aproximadamente 45 minutos convertir al kaiju en carne molida, ideal para hamburguesas, que tostamos en el reactor de fusión de nuestro Jaeger. (Es que ya era hora de almorzar. Acompañamos las hamburguesas con pan tostado, lechuga y limonada.)

Mi dragón y yo volvimos a sentarnos a esperar que nos trajeran la bomba. Aquí puse la banda sonora de Cómo entrenar a tu dragón, porque es una de mis favoritas y también de mi Donaldito. (Gracias a ti también, John Powell. Estás en mi lista de compositores favoritos, ¿eh?)

—Por cierto —le dije a mi dragón—, ahora que estoy en tu mente veo que fuiste tú quien se comió a escondidas mis panecillos de queso.

—Que no. —Mi dragón no habla en la vida real, pero sí en la conexión mental del Jaeger. Y sí, suena un poco como un pato.

—Que sí.

—Está bien, me los comí. Pero el viernes pasado tú [aquí va un secreto mío que no pienso revelar].

—Sí, sí, pero tú [aquí va algo muy reprobable que hizo Donald que tampoco puedo revelar].

—¡Más vale que no lo digas o volaré por ahí con una pancarta que muestre esa foto donde tú [ni piensen que voy a describir qué estoy haciendo en la foto]!

—Gissel a la base, Gissel a la base —dije en el intercomunicador—. ¿Está bien si la próxima vez me ponen de compañero a Charlie Hunnam, preferentemente sin camisa? Mi compañero actual se está poniendo algo latoso.

Pude sentir que Idris Elba me echaba una mirada fulminante, aunque no nos viéramos las caras.

—De acuerdo, olvídenlo. ¿Qué? —le dije entonces a mi dragón, quien también me estaba echando una mirada fulminante—. Charlie Hunnam se ve más lindo que tú sin camisa. Y seguro que no se robaría mis panecillos de queso. —Bueno, tal vez sí se los robaría. No conozco a Charlie Hunnam en persona. Pero le perdonaría el robo si pudiera verlo unas cinco horas al día sin camisa. Sí, soy así de babosa :-D

Donald me sacó la lengua. Yo le di un puñetazo a su lado del Jaeger. La pelea podría haberse salido de control, pero justo entonces apareció otro kaiju, uno especialmente grande, rojo y con pinta de querer hacer trizas cualquier cosa que se interpusiera en su camino...

Aquí está el kaiju rojo. 3.500 toneladas de "mis nudillos se mueren por aplastar tu cara".

—Eh... Houston, digo, señor Elba, creo que tenemos un problema. ¿Instrucciones?

Nadie me contestó.

—¿En serio? ¿Nada? ¿No pueden siquiera mandarme al Crimson Typhoon? —(Es que ese Jaeger de tres brazos es fenomenal. Quería verlo en persona.)

De nuevo, cero respuesta. Podría haber pensado que estaban todos durmiendo una siesta, pero los escuchaba respirar.

—Qué vergüenza, señor Elba. Usted debió prever esto, que para algo es Heimdall en las películas de Thor.

Ahí tuve la impresión de que Idris Elba se hacía el distraído, silbando y mirando para otro lado.

—Bue. En fin, Donaldito, tendremos que arreglárnoslas sin ayuda.

Puse la música de Gladiador. Donald y yo entrechocamos de nuevo los puños y tentáculos del Jaeger. Lo que siguió a continuación fue una pelea muy sucia, con patadas a la entrepierna y picaduras de ojos. Cayó un brazo cortado. Por suerte no era del Jaeger. Luego cayó otro brazo. Ése sí era del Jaeger (damn!). Tentáculos empezó a llenarse de agua, pero sellamos a tiempo las aberturas y seguimos peleando. Menos mal que nos quedaban suficientes tentáculos...

Hartos ya de tanta pelea, encendimos los cohetes del brazo restante del Jaeger y le perforamos el pecho al kaiju de un solo puñetazo. El Río de la Plata se tiñó de azul, y en ese momento pensé que más les valía a los argentinos no protestar por eso, porque ellos no destacan precisamente por cuidar la higiene de sus propios cursos de agua (ejem-Riachuelo-ejem).

—¿Y bien? ¿Para cuándo esa bomba? —dije en el intercomunicador—. Es que como nos manden un kaiju todavía más grande, ni siquiera este Jaeger de adamantium y vibranium va a poder con él. Y puestos en ello, ¿dónde están los X-Men y los Vengadores? ¿No podrían venir a echar una mano?

—¡¡Están filmando sus siguientes películas!! ¡¡Menos charla y más combate!! —rugió Idris Elba.

—Qué caracter —le dije a mi dragón. Él se mostró de acuerdo.

Acabó la banda sonora de Gladiador y pusimos algo de Enya, para variar. Entonces notamos algo curioso: del otro lado de la brecha se escuchaban... ronquidos.

—¡Eh, los monstruos se han dormido! —anuncié—. ¡Hay que aprovechar la ocasión! ¡Mándenme esa bomba ya mismito!

—¡¡La bomba aún está en camino!! —gritó Idris Elba (y yo empezaba a pensar que ese hombre tenía un serio problema de control de la ira)—. ¡¡Hagan explotar al Jaeger!!

—¿Al Jaeger? Seriously? Pedazo de ignorante, ¡los reactores de fusión no explotan! ¡Los que explotan son los de FISIÓN, o las bombas de hidrógeno! Estúpidos militares que no saben de física...

—¡Oh! ¡Ups!

Hubo un silencio muy incómodo al otro lado del intercomunicador. Luego se escucharon voces discutiendo por lo bajo, considerando otras opciones.

Pensando a toda velocidad, llamé a los directores de McDonald's y Coca-Cola.

—¡Hola! —dije con voz alegre—. ¿Qué les parecería mejorar la estropeada reputación de sus empresas salvando al mundo de una invasión alienígena?

Horas después llegaron un montón de submarinos cargados con robots de trabajo. Entraron a la brecha llevándose consigo partes del kaiju rojo, y al cabo de dos días habían construido sucursales de McDonald's por toda la dimensión de los invasores. Pasaron unos días más, y cuando al fin nos trajeron la condenada bomba para cerrar la brecha, los alienígenas y sus kaiju estaban felizmente tirados por ahí, comiendo comida chatarra y bebiendo gaseosas endulzadas con jarabe de maíz de alta fructosa. Mientras tanto, mi dragón y yo pusimos la canción Bajo el mar de la película La sirenita e hicimos bailar al Jaeger antes de regresar a la base.

Bajo el mar, bajo el mar,
hay bailarines, son las sardinas, ¡ven a bailar!

Estoy segura de que los kaiju no volverán a molestarnos. Y en caso de que lo hagan... probablemente estarán demasiado gordos como para atravesar las brechas interdimensionales. ¡Ja!

El Jaeger es ahora una pieza de museo, aunque Wolverine y el Capitán América se llevaron algunas partes para reponer sus garras y escudo respectivamente (sí, aparecieron una vez que terminó la batalla, los muy cretinos). Yo volví a mis proyectos literarios, y mi dragón... mi dragón siguió robando mis panecillos de queso. Grunf >:-|

Y así fue como salvamos al Río de la Plata de la plaga de kaiju.

G. E.

PD: Antes de que lo mencionen, todo esto ocurrió en el futuro, igual que la película. El dinosaurio se apoderó temporalmente del DeLorean, y así pude venir a esta época a contar la historia. Y no, no puedo decirles los futuros números ganadores de la lotería. Se los pasé todos a mi yo del presente :-PPPPPP

PPD: La carne de kaiju sabe a pollo rociado con pipí de gato. (Y lo digo por el tufo amoniacal, no porque alguna vez haya probado el pipí de gato. Soy rara pero no TANTO.)

FRAGMENTO DE LA MALDICIÓN DE LA BESTIA

Tal como en el bosque, la mujer se esfumó en un parpadeo y el conde pudo moverse. Entonces él contempló sus manos... y vio que ya no eran las de un hombre, sino garras afiladas con un pelaje casi negro en el dorso. Sus pantalones y zapatos rotos también dejaban ver unas piernas que más bien correspondían a un animal. Lucien trató de hablar, pero todo lo que pudo emitir fueron gruñidos, estrangulados a medias por la confusión. ¿Qué le había hecho esa maldita bruja?

Corrió por el salón de baile espantando a los pocos invitados que aún trataban de salir por las puertas abarrotadas. A su paso levantó mesas, partió sillas en pedazos y derribó candelabros, enloquecido y cegado por un montón de sensaciones incomprensibles. Rugió de nuevo, a propósito, y esta vez hizo vibrar los cristales de las ventanas. Recién entonces se acordó de que había un espejo en el salón de baile, y tambaleándose fue hacia él, temiendo a su propio reflejo.

Un monstruo, había dicho la bruja. Sí, en eso se había transformado: una criatura bestial, con colmillos en el hocico y ojos de pupila vertical, más alta que cualquier hombre. El pelaje oscuro e hirsuto que había visto en sus manos cubría todo su cuerpo, desde las orejas hasta la punta de su cola. Se mantenía erguido en dos pies, sin embargo, como hacían a veces los osos, excepto que su apariencia era aún más aterradora que la de dicho animal.

¿Dónde estaba la bruja? Lucien giró sobre sí mismo, rayando el suelo con sus uñas, pero ya no quedaba nadie en la estancia. Daba igual, la encontraría. Perseguiría a la bruja hasta el fin del mundo de ser necesario, y la torturaría para obligarla a romper el encantamiento. Paradójicamente, sus garras le serían de utilidad en esa tarea.

Antes de que pudiera decidir cualquier otra cosa, todos los guardias del castillo irrumpieron en el salón de baile armados de pies a cabeza... y liderados por Jacques. Éste señaló a Lucien y gritó:

—¡Ahí está el monstruo! ¡Acabadlo, deprisa!

Lucien no se detuvo a pensar. Los guardias ya le estaban apuntando con mosquetes y rifles, y si no se daba prisa en salir de ahí, pronto sentiría decenas de balas entrando en su nuevo y peludo cuerpo. Corrió en la dirección opuesta, entonces, y saltó a través de una ventana creando una lluvia de vidrios rotos. Aterrizó en el patio. Los guardias le dispararon desde arriba, pero debían de estar muy impresionados por aquella visión sobrenatural, porque ninguno dio en el blanco. Por una vez, Lucien agradeció su ineptitud. Se lanzó a la carrera a lo largo del patio, inclinando el cuerpo hacia delante, y se sorprendió al hallarse muy pronto frente al portón del castillo. Grotesco o no, por lo menos era rápido. En cuanto al portón, estaba aún cerrado a pesar de la fuga de invitados. Lucien creyó ser capaz de arrancarlo de sus bisagras, pero eso eliminaría un obstáculo del camino de los guardias, de modo que dio un salto empleando toda la fuerza de sus piernas. Llegó casi hasta arriba. Bajar al otro lado fue mucho más fácil, y entonces corrió a la mayor velocidad posible, internándose en el bosque y en la oscuridad.

Siguió corriendo hasta el amanecer, arrojando saliva, sin pensar en nada más que en sobrevivir.

11 de noviembre de 2014

EL CUARTO CUMPLEAÑOS DE MI DRAGÓN

¡Válgame, cómo pasa el tiempo! Primero mi dragón es un simple (pero enorme) huevo que alguien deja en mi puerta, y de pronto está cumpliendo cuatro años. (Me siento vieja. O tal vez no, porque no puede sentirse del todo vieja una persona que tiene un dragón.)

Este año me estrujé de nuevo los sesos pensando en qué podía regalarle. Es que un dragón de cuatro años no es como un niño de cuatro años, empezando porque mi Donaldito ya es un adulto joven, biológicamente hablando, y los regalos convencionales para humanos simplemente no van con su monumental y dragonesca persona.

Finalmente decidí llevarlo a uno de los mejores sitios del mundo: ¡Disney World! :-D O mejor dicho, él nos llevó volando hasta ahí porque es mucho más cómodo y barato que ir en avión, y luego yo me dediqué a pasearlo por los diferentes parques dado que ya había estado ahí. Dos veces. Sí, envídienme :-PPPP


Y lo pasamos genial. Digo, ya es bastante genial ir a Disney World, pero la diversión se multiplica aproximadamente por 10 cuando vas con un dragón. Al principio los turistas pensaron que él era una nueva atracción de los parques, tal vez el personaje de alguna película animada en progreso, y le sacaron tropecientas fotos (sobre todo los japoneses). Cuando al fin entendieron que Donald también estaba de visita, nos acompañaron a todas partes y entramos juntos a las diferentes atracciones de los parques. Hicimos como cien amigos nuevos de diversas nacionalidades :-D Algunos animadores de Disney también anduvieron detrás de nosotros dibujando a mi dragón, así que no se sorprendan si en algún momento crean un personaje sospechosamente parecido a él (en tal caso, más vale que nos paguen las regalías correspondientes).

La enorme estatura de Donald representó un ligero problema. Digo, era evidente que no iba a caber en los cochecitos de algunas atracciones, pero en otros lugares no querían dejarlo entrar de buenas a primeras. Tuve que hacerles notar dos cosas: que ellos sólo fijan una estatura MÍNIMA de 1,20 m, y que en los Estados Unidos hay gente tan, pero tan GOOOOORDA que no tenía sentido que discriminaran a mi dragón (quien no está gordo en absoluto, además).

En fin, una vez solucionado el inconveniente, nos metimos en todos los lugares posibles, incluyendo la mansión embrujada, el paseo de los piratas del Caribe y los simuladores de vuelo. Vimos todos los desfiles (nos colamos en algunos de ellos y nadie nos dijo nada, aunque bueno, mi dragón tiene garras y dientes y seguro que eso detuvo a los guardias en cada parque) y nos sacamos fotografías con la mayoría de los personajes de las películas de Disney. De hecho, los perseguimos a lo loco por todos lados. "¡Ahí está Cenicienta!", "¡ahí está el Capitán Garfio!" (adoro al Capitán Garfio), "¡ahí está Donald!" (me refiero al PATO). Luego encontramos a Mickey y...


Eh... bueno... ji ji... he de aclarar que mi dragón y yo DETESTAMOS al ratón Mickey. Es súper ñoño. Él y Winnie Pooh (este último se salvó de que le chamuscáramos el trasero simplemente porque no lo encontramos por ningún lado). Mickey salió corriendo y lo perdimos de vista. Luego detectamos una nube de gaviotas y cuervos revoloteando por ahí, pero quizás estuvieran devorando el cadáver de alguien más, o robando patatas fritas a los turistas. En todo caso, la compañía Disney no ha largado ningún comunicado oficial anunciando la muerte del personaje, pero por si acaso me alegra que no hayamos dejado evidencia física de la chamuscada. Es que los abogados de Disney no son ñoños, sino tremendos tiburones...

Regresamos a casa una vez terminado el paseo, y mi dragón me regaló una taza con esa inscripción de LA MEJOR MAMÁ DEL MUNDO. Gracias, Donaldito. Ya lo sabes, mami también te quiere :-) ¡Feliz cumpleaños!

G. E.

6 de noviembre de 2014

LA MALDICIÓN DE LA BESTIA

Aquí les va otro libro de mi autoría, por si andaban buscando qué leer (o por si no andaban buscando qué leer pero justo se toparon con esta entrada y consigo hacerlos cambiar de opinión).

Había una vez un príncipe a quien una hechicera convirtió en bestia, diciéndole que sólo el amor rompería el encantamiento. Entonces una bella joven fue a vivir a su castillo, el príncipe cambió, ella se enamoró de él, el príncipe volvió a ser humano y todos vivieron felices para siempre.

Hasta aquí, todo bien. Peeeeeero... lo que funciona para unos no siempre funciona para otros, y eso fue lo que me motivó a escribir mi libro :-) Sinopsis:

Una bruja lo convirtió en una bestia, diciéndole que sólo el amor podría salvarlo... pero Lucien decidió que prefería seguir siendo una bestia.

El conde Lucien Mallet es un hombre despreciable. Lo sabe y no siente culpa alguna por ello. Una bruja intenta cambiarlo lanzándole la maldición de la bestia, pero ser un monstruo tiene muchas ventajas, y Lucien se marcha a vivir una nueva y extraña vida. ¿Se quedará así por siempre, o el destino pondrá en su camino una posibilidad de redención?


Es una novela corta, de 30.000 palabras aproximadamente. Espero que se diviertan con ella. Yo me lo pasé bomba escribiéndola, en todo caso :-D

El libro se puede adquirir desde todas las páginas de Amazon. No tiene DRM y también es posible leerlo con el programa Kindle Unlimited (sepan que esto nos sirve a los escritores independientes: a veces nos pagan mejor que por una compra). Les dejo tres enlaces:

http://www.amazon.com/dp/B00OWBC18C (América)
http://www.amazon.es/dp/B00OWBC18C (España)
http://www.amazon.com.mx/dp/B00OWBC18C (México)

¡Besos y feliz lectura!

G. E.

PD: Para los aficionados a los cuentos de hadas y sus versiones alternativas y/o paródicas, sepan que largaré más proyectos en este estilo.


Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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